
Domingo 21 de junio de 2009
La comedia romántica avanza sin misericordia a convertirse en género infeliz. Temas que no varían: un hombre y una mujer, un par de enredos -esa es la parte de comedia- y luego el feliz desenlace; diálogos que hacen sonrojar a cualquiera y ante los cuales uno de estos días un grupo feminista podría entablar una demanda; y para colmo de males, ya ni siquiera se preocupan de camuflar los errores de guión, montaje y edición. Porque, creen los productores, la comedia romántica siempre encontrará un público lo suficientemente ingenuo para que se crea la idea de amores que superan pruebas ridículas y lecciones de vida en pareja.
Hay buenas comedias románticas. La que se viene a la cabeza sin pensarlo es siempre "Annie Hall", de Woody Allen, y es buena justamente porque de romántica tiene sólo el aliento y el resto es una diatriba sobre los prejuicios, las bromas, las dificultades y los clichés del amor, como en esa escena surreal, en la cual hombre y mujer hablan de arte y temas elevados, como estrategia de conquista, mientras en subtítulos aparecen las intenciones y temores de cualquier ser humano racional: "Qué estoy diciendo", "cómo se me ocurre hablar de Sartre". Pero ha pasado tanta agua bajo el puente, que hoy la comedia romántica, ya ni irónica ni cojonuda, es el cúmulo de lugares comunes y personajes maqueteados, que cuesta creer que detrás de una cinta existan directores, guionistas y otros cerebros pensantes.
"Marido por accidente" ("The accidental husband") es un ejemplo de la enfermedad. Su sola idea da para creer que el argumento lo sacaron de algún aviso de semanario de lo insólito. Uma Thurman -que además produce la cinta- es la doctora Emma Lloyd, una locutora radial que se encarga de dar consejos amorosos a sus radioescuchas. Ella está a punto de casarse, pero no puede, porque se da cuenta que ya está casada con un bombero, que hackeó el sitio del Registro Civil en venganza por un mal consejo que la doctora dio en la radio. Como es de esperar entre ellos hay feeling, ella duda de su matrimonio bien planeado, el nuevo chico es alocado y temperamental, son como agua y aceite, pero se gustan y la duda es si terminarán felices.
Ojalá su problema fuera sólo el de una historia ridícula. Lo realmente desastroso en la cinta es la forma como deciden armar un recocido de lo peor del género: avanza rápido, casi sin respiro y en menos de 15 minutos tenemos a los protagonistas enamorados. Amor a primera vista, porque no existe ninguna conversación que sirva por lo menos para considerar la posibilidad de que tengan algo en común para las chispas. No hay personajes ni historias secundarias, y esto en una cinta así redunda en la ausencia de atmósfera. Los dilemas pasionales tienen la misma madurez que los que se pueden ver en Yingo y el colmo de la calamidad, hay actores de la talla de Sam Shepard e Isabella Rosellini para dar la apariencia de película seria.
Mal por Uma Thurman, que va de mal en peor en la selección de personajes, y mal por la comedia romántica que ya no hace reír y deja al romanticismo convertido en un accidente de proporciones.