
Domingo 28 de junio de 2009
Esta semana la directora ejecutiva de Canal 13, Mercedes Ducci, tuvo que responder a las duras críticas realizadas por los padres del asesinado Diego Schmidt-Hebbel y a un duro debate público por internet. Lo que pudo ser un acierto periodístico, terminó como un dolor de cabeza. Una entrevista apologética realizada por Kathy Kowaleczko a Pilar Pérez, "La Quintrala", principal inculpada por la muerte del joven en calle Seminario, desató la ira de los familiares y los amigos cercanos de los Schmidt-Hebbel. Tanta fue la presión, que el segundo capítulo de esta historia en "Nadie está libre", finalmente no se transmitió.
La encendida polémica comenzó cuando los padres de Diego Schmidt-Hebbel enviaron, hace una semana, una dura carta a los medios: "La forma en que el Canal 13 realizó y transmitió la entrevista a 'La Quintrala' constituye una violación intolerable de su misión ética se ha banalizado la maldad de la victimaria".
El matrimonio, formados en la mismísima Universidad Católica, agrega: "Hemos sido informados por directores de prensa y destacados periodistas de medios de prensa escrita y de otros canales de televisión, que ellos fueron contactados por la asesina serial para negociar entrevistas de un tenor similar a la realizada, ofertas que fueron rechazadas por dichos medios de comunicación. Nos duele y nos repugna que sea el canal de televisión de la Pontificia Universidad Católica de Chile el que haya accedido a realizar la entrevista en los términos que acomodan a la victimaria", reclamaban dolidos los padres de Diego a través de esta emotiva misiva que logró remecer los cimientos de la estructura televisiva de la estación católica.
El mensaje también impactó a la directora ejecutiva del canal, Mercedes Ducci, quien respondió en cartas al director de El Mercurio por las fallas en el sistema de control de calidad: "Nuestro mandato de ser masivos y rentables no significa bajo ningún concepto sacrificar nuestra línea editorial, y no fue ésa la opción en este caso. En la cadena de toma de decisiones, sin embargo, pudo haber aspectos que por la premura no se cuidaron suficientemente, y estamos dispuestos a llegar al fondo del asunto en la búsqueda de la impecabilidad que nuestra misión requiere", reconoció la ejecutiva.
Ducci tuvo que dar órdenes y finalmente suspender el segundo capítulo de la entrevista a "La Quintrala" frente al cargo de "falta de ética" en que habría incurrido el canal católico en el enfoque y difusión de la entrevista.
La polémica no paró allí. Se sumaron otros, especialmente entre los blogueros. "No se puede esconder el sol con un dedo, sería lo menos que podríamos decirle a la señora Ducci. En este mismo programa, en una entrevista al chofer del señor (Gerardo) Rocha, Canal 13 comete el mismo error. No imagino a Canal 13, a través de sus conductores, llorando en cámara con algún acusado por este mismo delito si éste proviniera de alguna población de los suburbios de Santiago. Ni tampoco refiriéndose por su nombre de pila con el victimario principal y gestor del crimen, como lo fue "Gerardo", escribía un enojado telespectador-bloguero en Fucatel.
Pero estos cuestionamientos no han sido los únicos que el canal católico ha enfrentado. La gestión de Vasco Moulián, como director de programación de Canal 13, genera anticuerpos dentro y fuera del canal: se queja el público, los funcionarios y los auspiciadores. La Iglesia Católica ha hecho ver su incomodidad. "Tengo la sensación que muchos medios de comunicación han tergiversado la realidad al mostrar el árbol que se cae y no los que crecen", dijo monseñor Fernando Chomali, al salir al paso de la polémica por el rating. Es un secreto a voces que la Iglesia planea un desembarco importante de su ala conservadora en el canal.
Fuentes cercanas a la estación señalan que el público se queja porque Canal 13 repite las mismas películas hasta tres veces en el mes, como fue el caso "Hormiguitaz", "Armaggedon" y "Los locos Addams" para tapar cada bache de una parrilla sometida al imperio del rating. "El canal tiene más programación infantil que el propio Cartoon Network", reclaman los que llevan la cuenta de los vacíos programáticos.
"Nos ve a todos como numeritos " acusan hasta en "reclamos.cl" furiosos televidentes sobre la verdadera obsesión por el rating que comanda al canal. De enero a la fecha se registran más de 300 reclamos en esa página. "Hay una palabra que debería aprender (Moulián), y esa es respeto al televidente. No puede ser que a la señora que empezó a seguir la teleserie, le hayan cambiado el horario y aún peor, haberle cortado ésta antes que terminara, o que al pobre trabajador que quiere ver 'CSI' en las noches, le corten el programa a la mitad", escriben otros blogueros.
Hasta los humoristas han perdido la sonrisa frente a la programación. Álvaro Salas fue uno de los que se sintió pasado a llevar por la repetición inconsulta de sus rutinas con el argumento de que se mostraba "lo mejor de". Chiste repetido, sale podrido, es el decir popular. Y cuando Salas fue a regiones con los suyos, la gente lo pifió porque ya sabía de memoria el espectáculo a fuerza de verlo en Canal 13. Lo peor para Salas fue que el 13 no le pagó extra por arruinarle los shows en vivo.
Los decanos de las teleseries tampoco sonríen. El actor Héctor Noguera es uno de los principales detractores de esta mirada cortoplacista. "Sería bueno que en el área dramática de la estación se volvieran a planificar los contenidos, las temporadas, la realización de las series con una cierta coherencia. Series con punto de vista, como era cuando estaba la directora Verónica Saquel", enfatiza a LND. Noguera comenta que el llamado "rating flexible" deja la programación a merced del público en el momento justo, como un circo romano. "Eso perjudica cualquier proyecto que intente ser creativo", dispara.
El ex subdirector de servicios informativos de Canal 13 Christian Fuenzalida opina parecido. Señala que el canal va contra el propósito histórico de la estación. Recuerda que el 2003 fue el año en que se abandonó la práctica del rating on line y por tanto, los proyectos se construyeron a partir de entonces con más mesura y estrategia. "En el 2003 'Teletrece' estaba en primer lugar después de haber estado relegado durante seis años en el segundo puesto. Pero los hechos demuestran que las cosas no se están haciendo bien: Soledad Onetto e Iván Valenzuela son una buena pareja de noticiario, pero no pasa nada, están en segundo o tercer lugar", aclara al arremeter: "En Chilevisión, te guste o no su programación, uno sabe con lo que se va a encontrar el nombramiento de Juan Agustín Vargas tiene la intención de devolverle el ADN de tinte conservador del canal", dice en referencia al aterrizaje, a fines de mayo, de Vargas al consejo del 13.
Vargas, el retorno
"Ustedes están viendo que la televisión está pasando por un desierto de vulgaridad inmensa y que se han visto cosas que yo creo que no se habían visto nunca". Con esa frase, Juan Agustín Vargas calificaba el estado de la televisión chilena en 2003 a su arribo a TVN. Entonces quería que la estación pública siguiera liderando el rating y para ello, no estaba dispuesto a renunciar a los programas de entretención como "Rojo", ni al reality "Tocando las estrellas". Si había un "desierto de vulgaridad inmensa" en la televisión, la gestión de Vargas no fue un oasis. Durante su paso por TVN, "Tocando las estrellas" tocó fondo. Anita Alvarado obligó a asumir su homosexualidad a uno de los participantes y en otro capítulo fue entrevistado el padre de una de las concursantes, Jorge Vargas Bories, ex agente de la CNI procesado por el secuestro y asesinato del periodista José Carrasco.
Juan Agustín Vargas estudió publicidad, pero ya en 1965 comenzó a trabajar en la televisión como asistente de producción de Canal 13. Allí hizo gran parte de su carrera. Durante la gestión de Eliodoro Rodríguez fue secretario general y director de asuntos especiales. En ese cargo asumió la coordinación de las transmisiones de la visita del Papa en 1986.
El retorno de Vargas al 13 es visto con buenos ojos por muchos. Mauricio Correa es uno de ellos. "Se caracteriza por su respeto por sobre cualquier cosa para enfrentar dificultades". Trabajó codo a codo con Eliodoro Rodríguez y vivió la época dorada de los estelares de Gonzalo Bertrán.
Otras molestias
Fuentes de la estación reconocen la molestia de los avisadores por la parrilla flexible, porque relegaría los avisos a último lugar para no entorpecer los momentos peak. "Cuando el rating de un programa que empieza a las diez de la noche es alto, Moulián pospone los avisos para mantener los puntos. Los avisadores están en constante incertidumbre sobre la oportunidad en que realmente el público verá sus avisos, o si los verá".
Los amantes del rigor periodístico lamentan que la obsesión por el rating haya llevado a vulgarizar la pobreza, especialmente en los programas de cárcel y en los enlaces de ayuda social durante el matinal. "Si se está en vivo con una persona que vive debajo de un puente, y eso marca rating, la orden es mandar un móvil, mantener esas personas en pantalla por el máximo tiempo, sin respeto a su situación", señala un colaborador del canal.
En los pasillos del 13 se comenta que la obsesión de Moulián con el rating lo mantiene pegado a la televisión desde que amanece, sin parar de comer chocolates. Sube de peso en soledad, pues hace mucho tiempo que no se le ve bajar ni siquiera al casino del canal. Sigilosos, sus férreos detractores cruzan los dedos para que Juan Agustín Vargas le ponga el cascabel al gato y devuelva algo del halo conservador perdido a la estación católica.
La Iglesia tiene fe en Vargas. Al interior del arzobispado, preocupados más por los contenidos que por los resultados de canal, avistan la solución. Hay una parte de los avisadores, más conservadores, dispuestos a financiar al 13 sin importar el rating en la medida que la programación se redireccione hacia cánones más mesurados. No se trata de sacar a Moulián, sino de ponerle al lado a alguien que piense más allá de la parrilla flexible e infunda contenidos. Ese alguien llegaría a reforzar la gestión de la editora general de contenidos, María Ester Roblero, conocida por su vinculación al Opus Dei y apoyar a Mercedes Ducci. Eso dicen. ¿Y qué pasará con el desierto de la vulgaridad?