
Lunes 29 de junio de 2009
Un buda blanco en un extremo de la isla de Ono es la febril construcción del armero Minoru Eguchi: en esa figura se condensa ni más ni menos que un dejá-vú. Juan José Saer decía que la ficción es otra realidad, y existen ese Buda y esa isla, pero su figura es más real porque alguien la ha escrito. El Buda es la imagen máxima de la alegría. ¿Cuántas traducciones puede aceptar el idioma japonés? Hitonari Tsuji es un joven nipón -músico, además- y de la camada de los nuevos novelistas japoneses, que vive en París, escribe en francés, y tiene -y no tiene nada- que ver con Mishima y con Murakami.
Su novela -premio francés Femina 1999- es la historia de su abuelo, y sucede en un mundo en guerra y soldados japoneses con polainas de lino blanco sobre las botas, idealizados. Un relato lineal que comienza por la infancia de Minoru y se bifurca en la vida que pasa como una película, en sus últimos minutos. Durante un día y medio ardían los muertos en el crematorio de la isla. A los siete años, Minoru se había salvado de morir en lugar de su hermano Kiyomi: su madre sólo pudo rescatarlo a él de un remolino, cuando cruzaban en un trasbordador el río Chikugo-gawa. Lo salvó en lugar de Kiyomi. Él viene de la muerte, sin miedo pero con misterio. El humo sube alto desde el crematorio, una columna azul. Minoru imagina que tras las puertas de hierro hay una escalera por donde bajan los muertos a otro mundo. Pero sólo hay hollín y tinieblas. "El viento sur soplaba suavemente por encima de la isla de Ono, también llamada Chikushijiro, situada al final de la llanura de Chikushi, sobre el río Chikugo-gawa y hacía ondular desde lejos la alfombra de arroz verdeante que la cubría". En "El Buda..." hay escenas de amor, de una calidad cinematográfica, voyerista, y también kinéstesica: tienen la temperatura, el calor y la atmósfera verde de la isla en verano.
En 1944, hay refugios antiaéreos en Ono, y submarinos, y bombardeos: en enero, el Ejército japonés tuvo que retirarse de la isla de Guadalcanal; en septiembre Italia, aliada de Japón, capituló sin condiciones; en junio de 1944 el Ejército estadounidense desembarcó en Saipán, relata Tsuji. La muerte corre detrás de Minoru, pero no lo toca. Para congraciarse con la derrota, concibe la idea de levantar una estatua del Buda con los huesos de los muertos de la isla. Reducirlos a polvo y erigir con ese material una estatua. "¿Los seres humanos no se libran nunca del fenómeno de la separación?".
EL BUDA BLANCO
Hitonari Tsuji
Alianza Editorial
Huertas, España, 2008
347 páginas