
Domingo 5 de julio de 2009
Un ajuste de fondo en el gabinete ministerial de la Presidenta argentina Cristina Fernández parece inevitable, aunque ella se resista. La derrota del kirchnerismo en las elecciones legislativas del domingo pasado está calando hondo y sus efectos, como las réplicas después de un fuerte temblor, se perciben en el nuevo escenario político donde el mayor perdedor es el ex gobernante Néstor Kirchner. Y no es para menos, el gobierno quedó sin mayoría parlamentaria y el justicialismo corre el riesgo de perder el poder en las elecciones de 2011. Con los resultados electorales a la vista, no son pocos los que ahora intentan acomodarse en la carrera por la Casa Rosada.
Aunque el peronismo oficialista retuvo la mayoría como fuerza política nacional al obtener 5,98 millones de votos (31,0 por ciento), frente a 5,54 millones de sufragios (29,0 por ciento) que alcanzó la alianza de radicales socialdemócratas, liberales y socialistas, las cifras no lograron ocultar la contundente derrota del ex Presidente Kirchner en la provincia de Buenos Aires, donde obtuvo el 32,1 por ciento de los votos, frente a su adversario Francisco de Narváez que acumuló el 34,5 por ciento de los sufragios montado en una alianza de peronistas de derecha y neoliberales. Como el ex Mandatario encabezaba su lista nacional, pese a su derrota ocupará un sillón en la Cámara de Diputados.
Los resultados en la provincia de Buenos Aires -que concentra el 40 por ciento del padrón electoral- dejaron al gobierno en una complicada posición que le obligará a negociar apoyos parlamentarios para aprobar sus iniciativas en los próximos dos años; al kirchnerismo en retroceso hacia las definiciones electorales de 2011, y una nueva crisis en el ya fragmentado justicialismo. El arrinconamiento del matrimonio Kirchner fue precipitado por ellos mismos, al otorgar el carácter de "plebiscito" a las elecciones del domingo pasado.
La primera baja ante la derrota electoral fue la propia renuncia de Néstor Kirchner a la presidencia del Partido Justicialista, cuyas aspiraciones de volver a la Casa Rosada se han puesto cuesta arriba. Para el alcalde de Buenos Aires, el derechista Mauricio Macri, el revés electoral del kirchnerismo representa "una bisagra" a su modo de gobernar. "El oficialismo debería reflexionar y cambiar su actitud abriéndose al diálogo con la oposición", dijo el edil, que tiene los ojos puestos en la carrera presidencial, mientras presiona para que Cristina Fernández haga cambios en su equipo ministerial.
En el mismo sentido presiona Francisco de Narváez, quien esta semana dijo que los opositores "queremos sentarnos en una mesa con ella (Fernández) y con su gabinete para colaborar", al demandar un cambio de estilo, menos áspero y más inclusivo, en el gobierno que encabeza la esposa de Néstor Kirchner.
Pero Cristina Fernández parece incombustible. "No veo por qué por el resultado de las elecciones tenga que haber un cambio de gabinete", dijo el lunes, en una inusual reunión con periodistas en la Casa Rosada, la segunda que tiene desde que inició su mandato hace dos años.
Dimisiones y sucesores
El mismo lunes en que Kirchner dejaba la presidencia del justicialismo, Cristina Fernández aceptó la renuncia a la ministra de Salud Graciela Ocaña, quien dejó el cargo luego que no se acogiera su recomendación de suspender las elecciones del domingo pasado para evitar la propagación de la influenza humana. Su salida no tuvo que ver con la derrota electoral, pero sí con la crisis sanitaria que vive Argentina, donde la gripe ha sumado más de medio centenar de muertos.El miércoles se sumó la dimisión del poderoso e influyente ministro de Transportes, Ricardo Jaime, que ocupaba el cargo desde la administración de Néstor Kirchner y que fue heredado por Cristina Fernández. Jaime, un peronista de Córdoba, tiene varias causas abiertas en la justicia por enriquecimiento ilícito e irregularidades en la distribución de subsidios al transporte público.
Con los resultados de las votaciones en la mano, la noche del domingo pasado también presentó su renuncia el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, pero la Presidenta no la aceptó. "Me pareció un gesto de respeto ofrecerle la renuncia", admitió el personero, quien asume que "algo se habrá hecho mal" para explicar la derrota del justicialismo.
Desde el lunes y durante toda esta semana, los voceros de Cristina Fernández han desmentido otras sucesivas y supuestas renuncias, como la del ministro de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y la del titular de Economía, Carlos Fernández.
El mando del Partido Justicialista (PJ) quedó ahora en manos del gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, un hombre identificado con sectores de centroderecha que se ha propuesto reorganizar el justicialismo e intentar atraer a sus filas al más flamante vencedor de las elecciones del domingo, al disidente Francisco de Narváez. "Esto muestra que sabemos escuchar e interpretar a nuestra sociedad y tenemos respeto por la voluntad popular", dijo el nuevo presidente del PJ y agregó que "ahora tenemos que ser todos profundamente oficialistas, por el bien del país". De hecho, Scioli tendría intenciones de convocar a gobernadores, intendentes y dirigentes peronistas, para sumarlos a la recomposición del justicialismo.
Pero las intenciones de Scioli -varias veces campeón mundial de deportes náuticos y ex vicepresidente de Argentina durante el mandato de Kirchner- ya chocaron con la dura realidad. El senador y ex campeón de Fórmula Uno, Carlos Reutemann -elegido el domingo para un nuevo período-, dijo que no le interesaba ser parte del proceso de recomposición del PJ y que no se sumaría a la "mesa chica" que encabezarán los sucesores de Kirchner. El ex piloto de F-1 también -como tantos otros- tiene sus ojos puestos en la carrera por la Casa Rosada el 2011.
Y como era previsible, el vicepresidente argentino Julio Cobos -un declarado opositor de los Kirchner- presiona desde el interior del gobierno por un ajuste de gabinete. "Los fusibles son los ministros y es una buena oportunidad de renovarse", dijo Cobos, uno de los grandes vencedores de los comicios, ya que la lista que apadrinó en su provincia natal, Mendoza, fronteriza con Chile, alcanzó un triunfo contundente. La victoria de Cobos es un estímulo fuerte para sus aspiraciones presidenciales. Por eso no es raro que nadie quiera la "reorganización" del peronismo bajo la batuta de un delfín de Kirchner. //LND