El siglo XX fue testigo de graves y horrendos crímenes. A la cruenta y salvaje Primera Guerra Mundial le siguió una Segunda, marcada por la persecución, la tortura y el asesinato. Más grave aun, por el intento de exterminar a grupos de personas, en razón de sus credos, religiones, opciones políticas y tendencias sexuales. El nazismo criminal ejecutó a millones de gitanos, de judíos, de comunistas y homosexuales, por el solo hecho de ser tales. La impunidad de estos criminales, sólo en parte logró ser aplacada por los juicios de Nuremberg y Tokio, cuya competencia fue cuestionada por vulnerar principios básicos de enjuiciamiento, ya que estos tribunales especiales se crearon con posterioridad a los hechos que debían juzgar. Fue en este contexto que en 1953, las Naciones Unidas propuso elaborar el estatuto de un tribunal penal internacional, encargado de conocer y juzgar los crímenes de lesa humanidad.
Nuestro país no fue una excepción a las tendencias del siglo XX y fue testigo también de la persecución, la tortura y el asesinato por parte de agentes del Estado.
Una transición democrática pactada y temores de nuestra judicatura, han impedido la investigación y establecimiento de responsabilidades criminales, quedando aún genocidas en la impunidad.
Los gobiernos de la Concertación, asumiendo resueltamente su compromiso con los DDHH lograron que nuestro país fuera uno de los primeros en suscribir, hace más de 10 años, el Tratado de Roma que creó el Tribunal Penal Internacional. El compromiso de nuestros gobiernos, sin embargo, encontró toda clase de trabas en gran parte de la oposición, quienes temían que la jurisdicción internacional hiciera lo que nuestros tribunales no han podido: juzgar a los militares genocidas.
Y como siempre suele ocurrir, motivos económicos hicieron cambiar de opinión a la derecha, cuya histórica defensa de los crímenes perpetrados en dictadura cedió frente a la OCDE, que impuso a nuestro país, como condición para su ingreso, la ratificación del Estatuto de Roma.
Pero más allá de estas anécdotas, lo cierto es que Chile ha dado un paso gigantesco recibiendo elogios de la comunidad internacional y ha pasado a formar parte de un sistema de protección internacional, donde cualquier intento o crimen contra la humanidad encontrará sanción y castigo, lo que permitirá a nuestras futuras generaciones desarrollarse en un ambiente de paz, de respeto y justicia.
* Diputado (PPD)