
Jueves 9 de julio de 2009
¿Qué significa que Chile pertenezca a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)?: significa que ingresa al selecto grupo de las 30 naciones más ricas del mundo. Esto implica una serie de beneficios -así lo explicó el ministro Andrés Velasco-, como acceder a dineros que sólo pueden ser adquiridos por los países miembros de esta organización.
Seguro ya habrá una serie de grandes empresarios y economistas que deben ver con muy buenos ojos la entrada del país a esta selecta organización, pensando en los grandes beneficios que les podría reportar, igual que en el caso de los tratados de libre comercio (TLC). Sin embargo, ser miembro de la OCDE no implica sólo mejorías en la rentabilidad de algunas grandes empresas; ser integrante de ella es mucho más que eso. Para ser parte de este gran organismo internacional se requiere realizar varios compromisos, cuyo cumplimiento además debe trascender en el tiempo si se quiere mantener la permanencia.
Muy al contrario de lo que algunos podrían pensar, la OCDE no solamente se preocupa de los aspectos económicos de sus países miembros, sino que envuelve cumplir en materias tales como elevar los estándares de calidad de vida de sus ciudadanos, mantener la estabilidad financiera, colaborar en el desarrollo económico de otros países, apoyar el crecimiento económico sustentable y desarrollar el comercio mundial sobre la base de políticas no discriminatorias.
Entre las materias cruciales en las que Chile deberá avanzar está la inversión para innovar. En nuestro país sólo 0,67% del PIB se invierte en investigación y desarrollo (I+D), muy por debajo de las naciones desarrolladas (2%). A esto hay que agregar que más de 70% de esa inversión la hace el Estado chileno, al revés de lo que pasa en el resto de los integrantes de la OCDE. Para graficarlo, sólo basta un dato que refleja cuán lejos estamos de tener estándares adecuados en materia de investigación: mientras en Finlandia hay nueve investigadores por cada mil trabajadores y en los países de la organización el promedio es de 4,1, en Chile apenas llegamos a 0,2 investigadores por cada mil trabajadores. Un análisis basado en el comportamiento de quince países miembros de la OCDE concluye: no es correcto argumentar que los países ricos invierten más en I+D porque son ricos, sino que son ricos porque invierten más en I+D.
Chile no está aprobando en los comités que están evaluando el ingreso del país a la OCDE en ciertas materias consideradas vitales. Otros datos que no nos dejan muy bien parados y que urge resolver tienen que ver con la productividad de la fuerza laboral: la precariedad del empleo y la gran brecha existente en la distribución del ingreso. Nada más que a modo de ejemplo, nuestra brecha salarial implica que el 10% de la población chilena recibe 29 veces más ingresos que los más pobres, mientras que la media en los países de la OCDE es de sólo nueve veces.
Otra materia crucial que tendrá que cumplir Chile está relacionada con el apoyo a la pequeña y mediana empresa, en lo cual la OCDE pone mucho énfasis. Entre las grandes líneas que desarrolla están: la difusión de las buenas prácticas sobre la elaboración, puesta en marcha y evaluación de las políticas públicas a favor de las pymes, y la iniciativa emprendedora; atender las políticas nacionales relativas a las pymes y la iniciativa emprendedora, principalmente las que se refieren a las condiciones marco que favorecen a la empresa.
Resulta trascendental que nuestro Estado avance más rápido en aquellas materias que se nos exigen para ingresar la OCDE, no solamente porque nos reportará beneficios económicos y financieros, sino porque hará de Chile un país más grato para vivir de cara al bicentenario.