
Miércoles 29 de julio de 2009
"He temido que mi hijo se pueda lanzar del octavo piso", dice desesperado Víctor Zurita, el padre de un escolar de 16 años, que fue víctima, el 2 de julio pasado, de una brutal golpiza por parte de cuatro compañeros de curso, luego que éstos se enteraran que es transexual masculino (tiene cuerpo de mujer, pero sicológicamente es masculino).
Aunque el Liceo A-14, Libertador General José de San Martín, de la comuna de Santiago, lo aceptó sin problemas este año -tras salir del Liceo Amunátegui, donde lo obligaban a usar jumper- y aceptaron llamarlo sólo por su apellido y no por su nombre femenino, para respetar su identidad sexual, el tema se mantuvo en secreto. Hasta que este año una inspectora delató a F.E., luego de enterarse que una alumna estaba enamorada de él.
La noticia corrió rápidamente de boca en boca y enfadó a tal punto a cuatro de sus compañeros de curso que tras varios días de agredirlo verbalmente, decidieron esperarlo en las cercanías del Metro Toesca, donde tras reducirlo le dieron una golpiza. "Me patearon hasta que se cansaron, me decían que me iban a hacer mujer, que me iban a violar". Con heridas, un ojo morado y un intenso dolor por la impotencia de la agresión, el adolescente llegó hasta su casa herido, sin saber qué hacer y con temor de retornar a clases tras vacaciones. Sus miedos tenían todo sentido. Este lunes, su mejor amigo (heterosexual) fue amenazado de muerte por el mismo grupo si "seguía juntándose conmigo".
Por eso, ayer junto a sus padres y al Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), dieron una conferencia de prensa y anunciaron la presentación de una querella en contra de los jóvenes, previa denuncia al servicio de protección de derechos, Línea 600, del Mineduc y a la Dirección de Educación de la Municipalidad de Santiago.
Ayer en la mañana y previo a la denuncia pública, el liceo citó a la familia de F.E. y también a los padres de los niños agresores. La decisión del establecimiento: cambiar a otro curso a los dos niños amenazados y realizar una charla en la reunión de apoderados. Pero Víctor, padre de F.E., dice que las soluciones parciales no sirven. "Quién responde si le pasa algo mañana. Mi hijo se ha encerrado en la pieza de un departamento en el 8º piso. He temido que se lance. Converso con él y le digo: 'hijo si yo te quiero y te quiero como eres", pero Víctor no puede hablar por toda la sociedad. Tampoco por los vacíos del sistema.
Los colegios no tienen herramientas específicas para enfrentar el bullying asociado a la condición sexual de un adolescente. No hay una guía (salvo uno producido por el Movilh) que permita a profesores, directivos y alumnos comprender a un homosexual o transexual en la comunidad de una escuela. Un tema no menor, porque aunque el Estado garantiza el derecho a la educación sin mediar discriminación de ningún tipo, el matonaje homofóbico requiere de información, que tampoco está dentro de los planes de sexualidad de las escuelas.
Por su parte la Política de Convivencia Escolar del Mineduc estable sólo la "oportunidad y deber de construir colectivamente un Reglamento de Convivencia Escolar, en que se debe velar por el respeto a la diversidad y la resolución pacífica de conflictos", como especifica la División de Educación General del Mineduc a La Nación.
El problema, dicen en el Movilh, es que difícilmente un profesor o director pueda explicar a un alumno por qué su actitud es errada si ni siquiera sabe lo que es un transexual y no puede diferenciarlo de un homosexual o una lesbiana.
F.E., por mientras sólo quiere retomar sus clases. Es alumno de promedio 6,5, postula a una beca Presidente de la República y quiere estudiar odontología en una universidad estatal. Asumió su condición transexual masculina hace poco más de dos años al contarle a sus padres y hermanos. Ellos no sólo entendieron y aceptaron lo que le pasaba a su hijo, sino que desde entonces aprenden a enfrentar la situación para que él se desarrolle lo mejor posible. Ahora piden al Estado que no los deje solos en esa batalla.