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  Los cien disfraces del sastre erótico

  Los cien disfraces del sastre erótico

  Transforma disfraces sexies para todas las tallas y acepta todos los bocetos e ideas de las parejas. Desde hace diez años que hace uniformes militares, de huasa y china, colegialas, enfermeras y hasta de Gatúbela. Para que nadie se quede sin jugar.

Domingo 9 de agosto de 2009


José Ahumada comenzó en 1994 en el rubro de los productos eróticos, vendiendo películas, revistas y libros pornográficos. Su tienda podría haber terminado como cualquier otro sex shop, sino fuera porque desde hace cinco años se lanzó como diseñador de disfraces eróticos a medida para hombres y mujeres.

José recuerda que empezó en el negocio del sexo cuando los sex shops eran un secreto bien guardado. Chile aún no despertaba a la explosión sexual que se ve hoy con adolescentes hablando y teniendo sexo sin tapujo. Dice que en ese tiempo, su negocio era mucho más under que esa vitrina vistosa con luces de neón que él mismo decora actualmente en pleno centro de Santiago Hoy la gente está más liberal y ya no sólo los solteros llegan hasta su tienda, sino también las parejas. Entonces, de tanto escuchar quejas, vio que las preocupaciones sexuales iban más allá de la cama matrimonial.

"Juegos de roles" fue la primera idea que se le vino a la cabeza y quiso hacer tangible las fantasías de muchos. La del esposo que se acuesta con una sirvienta desconocida y la de ella, que siempre sueña ser tomada en brazos de un atractivo militar, igualito a Richard Gere en la película "Reto al destino". Entonces en los disfraces encontró la solución para que los matrimonios desgastados hicieran en la cama algo más que dormir.

"Creo que debe ser difícil sostener el interés sexual en el matrimonio tanto tiempo, entonces pensé que un disfraz podría ser la guinda de la torta después de una comida rica y un vino", explica.

En su taller de Maipú, José diseñó los moldes de los disfraces de látex de Gatúbela, de sirvientas y enfermeras con sus respectivas cofias, de escolares con polleras tableadas y a cuadrillé, como la de los colegios católicos. Entonces, para no quedarse con los típicos modelos, le ofreció a sus clientes de años,que llegaran con sus propios diseños. En el camino se topó con otro problema: la mayoría de las mujeres no entraba en las tallas de los pequeños disfraces, así es que José les ofreció la solución y se puso a hacer todo tipo de variaciones posibles para la comodidad de la mujer y del hombre. Desde entonces, huincha en mano, les hace arreglos a los trajes militares camuflados y les pone tapas en la zona del estómago, alarga faldas de colegialas para disimular la celulitis, ensancha pantalones militares para gorditos y levanta senos con push up.

En la tienda cuelgan más de cien disfraces sexies: mucama de encajes, diablita de látex rojo, carabineras, aviadoras, militares rasos y generalas. Hasta su tienda llegan desde amas de casas a mujeres profesionales que lo bombardean a preguntas, comentarios e historias de amor y sexo. Él las ha ayudado a sentirse deseables.

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30 kbMientras da la entrevista, aconseja a una chica veinteañera que quiere y no quiere llevarse corpiño de encaje rojo. Dice que necesita sorprender a su novio y José la convence con seguridad. "El corpiño es así, chiquito, la ropa erótica es pequeña y transparente, te quedaría perfecto, lo vas a sorprender, ocúpalo. El corpiño levantará tus senos, el resto de la tela tapará tu vientre". Santo remedio, lo que las mujeres quiere escuchar. "Me lo llevo", dice la chica, sin titubear un segundo más.

Es que José ha afinado el oído para atender y aconsejar mujeres. Cuenta que una de sus últimas anécdotas terminó con una mujer completamente desnuda probándose corpiños en medio de la tienda. "Era una chica súper open mind, medio europea para sus cosas, se llevó un par de corpiños, me dijo `me ayuda a probármelo'. Yo ordenaba los ganchos y cuando me doy vuelta, estaba completamente desnuda. '¿Nunca ha visto una mujer desnuda?, me preguntó cuando me vio paralizado... es que me dejó helado. Se terminó de probar los restantes, pagó y se fue".

Por esa atención personalizada, José asegura que tiene clientes fieles de años y que ahora vienen a buscar lo último de faldas de colegialas, con colaless incluido, odaliscas doradas y los trajes de chinas y huasas de salón, muy solicitados ahora que viene el 18. "También, por la fiebre de los realities, tengo boxers, gorras militares de camuflaje para hombres que se los llevan para hacer strip tease, pero en todas las tallas y para todas la edades", comenta.

Mientras José habla, una pareja de abuelitos mira la vitrina y tomada de la mano, recorren con sus miradas los disfraces y los títulos de películas eróticas. José les hace una seña con la mano para que vuelvan en un rato.

Él asegura que los trajes fetiches de los hombres son el de escolar, la enfermera y Gatúbela. Las mujeres prefieren el de ejecutivo y foto_05
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20 kbgladiador. Sus clientes son tan fieles, que no cierra los domingos y tiene un promedio de visitas que va de once a quince parejas diarias. Los trajes cuestan entre 5.500 y 17 mil pesos.

Según la sexóloga María Angélica Sepúlveda, de la Universidad de Santiago, más que química sexual, durante los primeros años de pareja hay un estado de encantamiento. Algo que también cambia cuando hombre y mujer se van conociendo y van construyendo mayores confianzas. Después, hay momentos extraordinarios de pasión en la vida de pareja, lo que no significa que en diez o veinte años no vuelvan a sentir lo mismo. "Es difícil mantenerlo cuando se ha aprendido que el sexo es pecado, donde la gran mayoría cree que utilizar elementos eróticos es algo prohibido. No basta con el cariño, no basta con que uno se muera por la otra persona, el complemento forma parte de la intimidad. La mayoría practica estas actividades con parejas alternativas y no con sus propias parejas", explica.

Una encuesta mundial de Durex de 2008 reveló que 63% afirmó que aumenta su líbido con las fantasías sexuales y que 56% de los hombres utiliza material erótico frente al 43% de las mujeres. Eso se explica, según la especialista, porque la mujer tiene un erotismo continuo, lo que quiere decir que incorpora el cariño a la seducción y desde ahí se abre al juego erótico. El erotismo del hombre es discontinuo. "Se erotiza con un seno, las piernas y dice 'ya ahora quiero'", precisa. Según Sepúlveda, "con lo que más sueñan las mujeres es con la idea de mantener relaciones con figuras autoritarias como uniformados, hombres llenos de poder, musculosos y pilotos de avión. Los hombres, en su mayoría, fantasean con desconocidas personificadas en el rol de enfermera, policía y colegiala. Objetos de sus fantasías, porque todos necesitamos diversidad", enfatiza.

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