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  Juguetes inclusivos se toman los jardines

  Juguetes inclusivos se toman los jardines

  Un muñeco sin pierna es serio candidato a ser desechado en cualquier hogar. Pero en los 992 jardines infantiles de la Junji, éste y otros juguetes -con muletas, silla de ruedas y anteojos- se sumarán, desde el próximo año a la gama de recursos didácticos destinados a crear una sana convivencia escolar y una sociedad más democrática desde la niñez.

Lunes 17 de agosto de 2009

En vez de barbies, Ken, transformers o princesas, muñecos mapuches, aymaras y rapanui son el tesoro de los 250 niños -de tres meses a cinco años- que tiene el jardín infantil de la Junji Rayen Mahui en Huechuraba. Con ellos juegan, aprenden sobre la cultura de nuestros pueblos originarios, su importancia y valor para nuestra sociedad, además de la diferencia entre ser niño y niña, ya que todos los juguetes tienen, bajo sus ropitas, debidamente identificados, sus órganos sexuales. Eso les permite conocer su cuerpo y saber nombrarlo, algo crucial en la prevención del abuso sexual infantil.

Pero no sólo eso. Con sus juguetes aprenden también sobre la equidad de género, un valor que se expresa lejos de los roles tradicionales para hombres y mujeres y que cuida la participación de todos y todas por igual.

Todo es parte de los objetivos transversales del proyecto educativo de la Junji, al que se sumará -en 2010- un nuevo pack de juguetes para la educación inclusiva: muñecos discapacitados. Una niña en silla de ruedas, un niño al que le falta una pierna y se apoya en muletas y una pequeña que usa unos grandes lentes ópticos, de esos que tanta burla provocan en los más chicos.

La idea es que "los niños jueguen, los vean, los integren, que no sientan que son algo diferente, que los sientan como parte de su medio y que aceptan la diversidad en que viven", explica Belia Toro, subdirectora del departamento técnico pedagógico de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji).

Sin discriminación

Un aprendizaje esperado es que el niño conozca y acepte a las personas que son diferentes a él y que reconozca sus capacidades y potencialidades. En este caso, de las personas con discapacidad.

"Nuestros jardines no discriminan por ningún tema, ni a los que tienen necesidades educativas especiales, culturales, ni a migrantes. Potenciamos una educación inclusiva y democrática, donde los niños practiquen estos valores, los vivan y los trabajen", dice Toro y detalla que para esto el juego es vital. Rompecabezas, libros de cuentos y otros materiales también dan espacio a este conocimiento.

Cada juguete es preparado por un equipo de profesionales de distintas disciplinas que buscan herramientas educativas que potencien los objetivos transversales de tolerancia, diversidad, buen trato, derechos de los niños y niñas y trabajo con familias, entre otros. Luego, éstos hacen una descripción técnica y licitan su adquisición a través de ChileCompra entre decenas de proveedores.

El último en ganar fue Fundación Solidaridad, que trabaja con 200 artesanos de escasos recursos, algunos de los cuales confeccionaron los 2 mil 144 muñecos discapacitados que desde el próximo año estarán en manos de los párvulos de todo el país. También han pasado por sus manos mil 400 familias con 8 integrantes cada una (papá, mamá, hijos, abuelos, tíos, primos), que también serán parte de los aprendizajes de los próximos meses. "Nuestro juguetes se parecen a ellos (los niños y niñas), están sexuados, son de género y se pueden tomar, apretar acurrucar. No son duros, por eso los pueden abrazar y sirven para expresar sus sentimientos", dice Winnie Lira, directora ejecutiva de Fundación Solidaridad. LN

La Nación

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