
Domingo 23 de agosto de 2009
Estoy convencida que este relato a nadie le debería importar. El desfile de moda en el Sheraton, que esta semana paralizó a las señoras del sector alto de la capital, a modelos y a los modistos, tuvo su espacio en la prensa y en un público al que le gusta saber qué pilcha puede usar en un matrimonio chic.
Digo que a nadie le debería importar, porque con los conflictos en el sur y con los ministros tirándose de las mechas, un vestido bonito es como si la mamá de "Cisarro" pensara en un labial para ir a comprar el pan.
Estar aquí es como engrupirse de que la vida tiene pura luz, de que todo es lindo y entretenido. Very nice.
Las mujeres son sólo muy preciosas y los hombres, una especie de mamazuelas talentosísimas, capaces de cortar con las uñas bolsas de plástico y armar una pilcha para ir a una cena de una embajada.
Son totales los diseñadores chilenos. Son de otra vereda hasta en cómo se expresan. Luciano Bráncoli, que es un genio, una vez que terminó el desfile dijo tras bambalinas una frase tipo: ¿Viste la cantidad de pitucancia que vino? Y ahí es donde se genera el conflicto.
Pucha que le gusta alimentar esa cosa vacía a esta gente. Son capaces de evaluar los funerales con más histeria que corazón. Son muy raros, pero a ratos disfrutable, sólo a ratos.
Hay que entender que estos eventos son enfermos de evasivos, aunque hay que quedarse con lo divertidos que son. Ni el fútbol es tan evasivo.
Por lo menos los jugadores hablan del gol, no de cuántas cámaras grabaron el gol. Por más que me engrupí con los pelos limpios y la sonrisa perfecta de Carolina de Moras, se me vino esa cosa de estar consciente de que es tan poco relevante estar en estas cosas.
Pero me duró, creo, dos segundos, porque mientras veía pasar a Iván Zamorano, a la Julita, a las señoras que se peleaban por estar en la primera fila y a los fotógrafos sacando cualquier bulto que ensuciara sus portadas, no quedó otra que seguir el ritmo de la frivolidad no más.
Mientras esperábamos que las luces mostraran los cuerpos benditos de esta gente, Julita me confirmaba por qué Alan García la conocía tanto. Y es que justo el día que a la nonagenaria la asaltaron y le sacaron la mugre, en el barrio Bellas Artes se celebraba el Día Nacional del Perú y García se impactó con la noticia del asalto a la socialité.
De ahí, un paso para sacar el comentario al embajador del Perú en Chile y, un año después, a la propia Presidenta. En este mundo los personajes son tan pocos que estas cosas pasan.
Para Julita, con la energía de siempre, estas leseras son sólo anécdotas, no se marea con nada. A su edad, contó que se siente estupenda y qué bueno que hablen de ella. No tiene ningún achaque.
"Deberían hacerme un estudio riguroso a mi ADN", comenta muerta de la risa. Andrea Tessa se instala en la primera fila y en los parlantes un bambo italiano llena de glamour el ambiente. A ratos, dan ganas de creer que el escenario no es el Sheraton, sino que Milán o Petra, iluminadas con velas. Pero bueno.
Para las modelos pareciera ser un trámite su trabajo. Hay que decir que la diva es Renata Ruiz, lejos. Y la soberana de lo que es ser distinguida, Carolina de Moras, que es como de mentira. Sólo ella puede inaugurar el postparto menos traumático del país.
Tiene un cuerpo casi mejor que el de antes de tener su guagua, además tiene pechuga, entonces, realmente parece una escultura. Está guapísima, como si hubiese escupido a su hijita. Regia.
-¿Qué comiste en tu embarazo?- le preguntamos.
-Pura comida de casa, no sé cómo me recuperé tan rápido, dice luciendo una piel iluminada por el ángel de las madres primerizas.
El bambo sigue golpeando los oídos de los asistentes, mientras el público observa a las modelos que lucen unas pestañas postizas que se ven como cachitos coquetones.
En la fila, donde estuve todo el rato, las lenguas y los pelambres eran un concierto aparte. Pelaban los tatuajes de las modelos y los rostros de las niñas. Y es que, claro, muchas modelos responden a la altura, a la delgadez, pero hay algunas muy porfiadas de cara, que ni siquiera entran en el ranking de exótica o atractiva.
A la que pelaron con descaro fue a Ana María Vélez. Si bien no es modelo, tuvo una leve participación, por su gracia de tener cintura 58 a una avanzada edad, en el desfile de Bráncoli, quien le pidió modelar como una humorada un vestido de novia.
A ella la aplaudió Eliana Vidiella y Liliana Ross, que también se subió a la pasarela. Los pesados de siempre se burlaban, decían que estas señoras son como las Michael Jackson chilenas, pero bien rubias.
Camilo Valdivia, más conocido como el redondo exquisito y responsable de la producción general, abría los brazos feliz por la cantidad de prensa que llegó a su show.
Valdivia era saludado por todos y él, al estilo Evelyn Matthei, hacía como que conocía con nombre y apellido a quien se le acercara. Top. Su paso lento y su olfato, de lo que es calidad de las buenas telas, lo transforman en algo así como un teacher de la elegancia.
Es divertido porque su mirada se fija sólo en las modelos, como si sus ojos tuvieran derecho de admisión. A las gordas no las conoce, a las enanas no las alcanza a mirar y a las curvilíneas, que creen que sacar culo es súper bonito, les agacha la cabeza como con piedad.
Camilo es divino, amante de la belleza natural, esa que sólo se consigue cuando una mujer explora su alma aunque sea por el negocio de la moda.
En el vip, que era una salita chiquita, las cosas eran distintas, más reposadas. Ahí figuraba el diseñador más humano de todos: Jaime Troncoso.
Con un abrigo escocés, que le llegaba hasta el suelo y unos lentes Ferragamo, conversó de su enfermedad al estómago que lo mandó a la otra vereda, ésa donde la gente camina con miedo, mira a los ojos y tiene la necesidad de compartir una conversación lineal. T
roncoso contó que dejó el alcohol y, en consecuencia, dejó también de juntarse con gente extasiá. En esta nueva onda de sanación se acercó más a la metafísica, adelgazó y se ve así como lo ven. Más sano y eligiendo las fiestas donde el quórum es más interesante.
"Cuando estás con personas que toman mucho y tú no, lo pasas pésimo, para mí, todo lo que me pasó, fue un mensaje", dijo en un vip con olor a whisky full.