
Domingo 30 de agosto de 2009
Apenas Sebastián Piñera anunció su famoso bono de 40 mil pesos, su hermano José lo tildó de populista. Me parece una reacción exagerada y estoy de acuerdo con el candidato Jorge Arrate en que puede ser una medida correcta. Pero hay otras promesas que nos dejan escépticos y preocupan porque tienen más importancia que un bono de otoño.
Una de ellas es la creación de un millón de puestos de trabajo estable y durable, destinados esencialmente a las mujeres jóvenes, los más pobres y los menos calificados. Antes de pensar en la duración de los nuevos empleos, ¿no sería justo y conveniente mejorar las condiciones de los trabajadores estacionales del agro, que fluctúan entre las 250 mil y 400 mil personas, con una temporalidad de cuatro meses y donde 160 mil son mujeres?
En varias oportunidades, hemos leído las opiniones de empresarios que preconizan aligerar los trámites de despido. El argumento es que en época de vacas gordas contratarían con más decisión y rapidez al no existir trabas para los licenciamientos en caso de verse enfrentados a una crisis. Más flexibilidad a la entrada y la salida. Parece lógico, pero sólo enunciarlo significa aceptar que el mercado laboral está sujeto a imprevistos y, por lo tanto, la estabilidad es una utopía.
Hay otros puntos, como asegurar que habrá trabajo para los jóvenes profesionales cesantes y, al mismo tiempo, decir lo mismo para los desempleados mayores de 50 años que se quejan de discriminación cuando se presentan a una entrevista. ¿Se puede satisfacer a ambos grupos?
No soy pesimista a ultranza, pero tengo la impresión de que la complejidad del problema del empleo deja a la propuesta del millón de empleos en la categoría de simple promesa electoral. No es un asunto de sesgo político. Basta recordar lo sucedido hace dos décadas con el PSOE en España. Como lo escribía el diario conservador ABC, "para llegar al poder Felipe González, en 1982, se hartó de prometer que su gobierno crearía ochocientos mil puestos de trabajo, una promesa que el tiempo se encargó de poner en evidencia. Lejos de crearlos, González consiguió en tan sólo cuatro años que el paro se incrementara en casi ochocientas mil personas".
También resulta difícil creer que la totalidad o buena parte de los nuevos trabajos serán de calidad, porque en todo el mundo se marcha en el sentido contrario.
"Vivimos un momento de oportunidad e incertidumbre. Muchas de las barreras que impedían a las mujeres y hombres desarrollar por completo sus capacidades están derrumbándose, pero los buenos trabajos que proveen las bases de la seguridad sobre las cuales construir sus vidas son cada vez más difíciles de encontrar", ha retratado Juan Somavía, director general de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT).
A todo esto, la piedra angular del programa de gobierno de Sebastián Piñera es un crecimiento económico de 6%, que permitiría descartar una reforma tributaria. ¿Es razonable sustentar un programa en proyecciones económicas que la historia reciente nos ha demostrado que finalmente son reducidas a buenos deseos incumplidos debido a nuestra dependencia a factores externos? Por eso, es aconsejable mirar con atención el catálogo de ofertas de los candidatos. //LND