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  La mujer barbuda

  "Si se nos antojara despertar mujer a los que nacimos hombre nadie debiera prohibírnoslo sino más bien apoyarnos en esa tarea de titanes de construirse en un género dominado, como a la Semenya, que le tocó además venir de un continente y raza dominados".

Domingo 30 de agosto de 2009

* Dramaturgo chileno, autor de "Las niñas araña" y "H.P." (Hans Pozo).

La pobre Caster Semenya venía arrastrando su look machote desde hace ya varios años, pero no fue sino hasta que rompió todos los récords de mujeres en la pista de recortán que se le pasó la cuenta por no tener pinta de niñita. Se le fue el mundo encima cuestionando su sexo y hasta de su apellido han hecho mofa porque en español su raíz suena a hormona masculina.

No me cabe duda de que es mujer, aunque haya nacido con tula, aunque le salga barba, aunque no tenga tetas. Es mujer porque lo decidió nomás y nadie debiera cuestionar su decisión. Quizá saldrá como tramposa de todo esto, quizá hasta de pichicatera, pero eso nada tiene de mujer ni de femenino.

Hay seres que gozan del pene, otros de la vagina, otros quieren tener vaginas para sí mismo y siguen disfrutando las vaginas de otros, otros que nacieron con ella y sueñan con un falo para sí y una vagina para el otro y hay algunos incluso que no les interesa que llevan ellos o los otros entre las piernas porque se calientan con otras cosas. Y todos los días son posibles más variaciones, porque la construcción de la sexualidad y los géneros es variable, dinámica y siempre cultural.

Si hasta los genes son interpretables, ya no se es hombre por ser XX ni mujer por ser XY, hay los que nacen XXX, XXY, YYX y se van a construir por las opciones que ellos tomen en la vida. Y si se nos antojara despertar mujer a los que nacimos hombre nadie debiera prohibírnoslo sino más bien apoyarnos en esa tarea de titanes de construirse en un género dominado, como a la Semenya, que le tocó además venir de un continente y raza dominados. Da la impresión de que no pudiera tolerarse su éxito rompiendo récords, viniendo de tanto margen y quisiera sublimarse la infamia de la resiliencia convirtiéndola en hombre sólo porque nos parecen toscos sus rasgos y la injuria de ser feo peludo y hediondo se compensase con el néctar del éxito.

Antes de andar injuriando en la vergüenza a la africana debiese instalarse la pregunta de cuantos de nosotros en este mundo civilizado pudimos definir por propia voluntad nuestro sexo y género y cuántos apenas cumplimos el rol que la genética, según algunos, nos determinó. Cuántos de los hombres, que tanto nos gusta serlos porque nos gusta la del burro, lo somos porque lo elegimos. Simone de Beauvoir lo dijo hace ya sesenta años: "No se nace mujer, se llega a serlo". Liliana Felipe reivindicaba su género cantando que las histéricas son lo máximo. Lindas feministas que no nos incluyeron, pero tampoco nos echarían.

 

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