
Domingo 30 de agosto de 2009
A Héctor siempre le gustó la película "El rey león" y se hizo de amigos que eran igual o más fanáticos de Mufasa y Simba, los personajes felinos de la taquillera película animada de Walt Disney. Además, en su adolescencia, Héctor no se explicaba por qué cierta parte de él se sentía una fiera. Sólo cuando comenzó a navegar en internet, se dio cuenta de que, al igual que él, habían personas que alucinaban con los animales antropomorfos: leones parlantes, perros con cuerpo de hombre y lobas con senos. Entonces, en la web aprendió sobre el furry (en inglés significa peludo), una tribu urbana, y en otros casos verdaderas cofradías, que expresaban su alter ego animal con un disfraz de león, zorro o dragón. Y se amaban como tales.
La loca tendencia nació en la década de los '70 inspirada en los cómics, pero fue con la llegada de la red que se comenzaron a hacer conocidos y a organizarse. El fursuit es el disfraz con el que se identifican y en sus foros internacionales, bastante atrevidos, hablan del yiff (versión erótica del furry) cuando el disfraz se transforma en fetiche. Allí, los cibernautas comentan sus fantasías sexuales y también analizan cómo se excitan al sentir la felpa entre los dedos, el peluche entre las manos y el frote de genitales sobre pieles artificiales.
Sergio, conocido como "Renamon" o "dragoncito tierno", tiene 31 años y asegura que si un "fursuiter" chileno quiere sexo con su pareja (disfrazada), será él quien lo autorice. No lo hace por celos, sino para evitar confusiones con otras tendencias dentro del género. Una de ellas es la plushofilia (sexo con peluches), donde no se personifica a escala humana un animal, sino más bien el peluche regalón de la infancia. Sergio confiesa que, con el disfraz elegido, se debe incorporar cada detalle del animal: garras, cola, ojos rasgados porque, mientras más realismo se le otorgue al disfraz, mejor es la personificación y la inspiración para encender las pasiones de la pareja.
-¿Cuánto tiempo lleva perfeccionar un disfraz?
-En tres semanas se puede lograr un nivel aceptable de detalles. No hay trajes favoritos, sino materiales predilectos como el látex, la lycra o el cuero. Todos llevamos un animal dentro de nosotros, aunque son pocos los que se atreven a expresarlo.
Desde su experiencia, Sergio cree que la gente intuitiva, observadora y solitaria se acerca a los felinos. También cuenta que existen los "furry rubber fur", seguidores que se disfrazan de animales privilegiando la textura del plástico.
Esta extraña comunidad ha ido creciendo en el mundo y también en Chile. De hecho, ya sostienen encuentros internacionales que han llegado a convocar a más de ocho mil personas-animales en Filadelfia, Estados Unidos. Las cumbres de furries ya se replican en Europa y, aunque con más timidez, el movimiento ya prendió en Latinoamérica. En Chile, sus seguidores -que llegan a las setenta personas- han querido hacer una versión nacional más alejada del sello sexual y las orgías peludas que caracterizan los encuentros masivos en las ciudades norteamericanas.
Otro seguidor en Chile de la tendencia es Héctor, quien dice que los furries, más que personas con disfraces, son jóvenes que un día se dejaron llevar por el llamado de la selva y comenzaron a rugir, ladrar o bramar dentro de ellos, con un disfraz que les permitiera expresarse como tales hacia el mundo exterior. "Hace nueve años, con mi amigo, compré los materiales para hacerme una cabeza, cola y garras de león que, con el tiempo, fui perfeccionando hasta lograr tener el cuerpo completo", dice orgulloso.
-¿No quieren que los confundan con lo yiff?
-Claro. Los yiff y los furries son lo que es el manga al hentai. Una es la versión erótica de la otra, pero provienen de un mismo origen.
-¿El sexo entre los furries chilenos es la prioridad?
-Como en cualquier grupo el sexo se da, pero con la diferencia que tenemos gusto por lo antropomórfico.
Más discretos que en otros países, los furries chilenos prefieren los disfraces de zorros, toros y mapaches.
-¿Qué tan caluroso puede ser el amor entre furries? ¿Se sacan el disfraz a la hora del sexo?
-Es lo mismo que una mujer se ponga un traje de enfermera o conejita Playboy, es una fantasía que cualquiera puede tener.
Alexei Humeniy tiene 29 años y, además de estudiar Informática, trabaja en una empresa dedicada a la venta de software. Él se niega a que los furries sean definidos a una nueva perversión del siglo XXI. En Chile, el último evento se realizó en enero, en Viña del Mar, y fue bautizado como "El llamado de la manada". Fue una versión bastante más naïf que los encuentros europeos.
Alexei profundiza sobre esta llamativa tendencia, que ya existía en la literatura, los cómics e incluso, en la música, especialmente la electrónica que incorpora sonidos de la naturaleza y de los animales.
Convencidos, los furries chilenos están cada vez más organizados y, por estos días, entusiasmados con la idea de recibir nuevos integrantes. Para eso tienen la página http://www.furry.cl/. El único pero es que no tienen un lugar físico donde reunirse por temor a las burlas. Alexei dice que como agrupación, prefieren mantener un bajo perfil para que la gente no los vea negativamente ni sólo como una nueva tendencia erótica. "En una tribu se puede encontrar de todo, gente que se quiera expresar de una forma y gente que se junta para tener sexo, pero esa es una decisión personal", enfatiza.
Pandora (también conocida como Luz Margarita) es furry. Con y sin disfraz parece una gata con esos ojos acuosos y rasgados que luce. Su voz es tierna y no pierde el look felino que se acentúa más cuando al conversar, frota la cabeza en el cuello de su novio, también furry. Se llama Esteban, viste de minotauro y habla con un tono de voz taurina. Ambos se hacen mimos al estilo minotauro-gata. Pandora, por ejemplo, casi no emite sílabas, sino más bien especies de maullidos que transforman un normal sí en un largo "siiiiiiuu". Melosa, se contornea como una gata cuando cuenta que desde que tiene uso de razón dibuja "animales y seres híbridos, hombres mitad animales". Hace un año se viste de gata y fue ella quien le dio los detalles a su fursuit. Con la pericia que adquirió trabajando en una tienda de disfraces, y 20 mil pesos de inversión, en tres meses hizo su disfraz. "Que nos guste jugar no significa que seamos un grupo de pervertidos como nos muestran en las series de televisión. Hacemos fiestas y vamos a regiones, pero lo nuestro es una apuesta más lúdica, como jugar rol de mesa", explica.
Aunque no todos los integrantes de los grupos furries hablan del tema, los encuentros sexuales son algo muy importante para ellos. En ocasiones, los disfraces actúan como máscaras no sólo para no develar la identidad humana, sino que también para practicar el sexo interespecie de perros con leones, lobos con dragones y gallinas con zorros.
Facebook se ha transformado en la plataforma preferida de esta tribu. Allí pueden encontrarse grupos como "Furry fandom", "Furry life", "Furry legwarmers" y "Furry world". Para ellos, los clásicos personajes de Batman y Gatúbela son los precursores del furry, a veces rozando con los yiff.
En el cine y la televisión el sexo furry también ha tenido sus guiños. Mientras en el filme "El resplandor", de Stanley Kubrick, un hombre disfrazado de oso le hace una fellatio a otro en una de las habitaciones del hotel, en un episodio de la serie "Nip/tuck", una mujer le pide al cirujano plástico Troy que la transfigure en una gata, un caso que tiene su símil en la realidad con Jocelyn Wildenstein, una excéntrica millonaria operada una treintena de veces para quedar con cara de gato y así, agradar a su ex marido amante de los felinos.
Pero la aparición más polémica de la comunidad furry en televisión fue en la cuarta temporada de "CSI" (Crime Scene Investigation), en el capítulo llamado "Pelo y odio", donde los policías investigaban una serie de asesinatos ocurridos dentro de esta comunidad alternativa. El capítulo se abocó a los yiff y generó no sólo polémica, sino también el reconocimiento social de esta nueva tribu urbana.
En el ciberespacio la oferta es más nutrida. Hay foros internacionales de sexo, aventuras y juegos de rol para estos amantes de los brazos peludos y disfraces con agujeros estratégicos para la búsqueda del placer absoluto. Incluso en "furrysaventuras.foroactivo.com" se puede encontrar pornografía. En estos cómics, generalmente, las animaciones no aparecen practicando sexo, pero sí se ven animales-hombres provistos de enormes órganos sexuales. Las imágenes se pueden encontrar en los "muck", así llamados a los espacios dedicados exclusivamente para los mayores de edad. Uno de los "muck furry" es el "Tapestries muck".
También están los foros de animé, manga y yiff, donde los cibernautas confiesan sus fantasías eróticas con animales animados. Con el nickname "súper pervert", un joven relata sus fantasías con un tigre y cómo se va excitando con las lamidas, arañazos por la espalda y el suave pelaje del felino que hasta habla y le pide volver a verlo. También se leen las locas fantasías con mujeres vestidas de lobas y el sexo desenfrenado con perros animados de ojos azules. ¿Raya con la parafilia? Para la sexóloga Ximena Santa Cruz, si las personas disfrutan de tener sexo caracterizados sólo para sacar su lado animal, no hay ningún problema. En ese caso, disfrazarse sólo sería una forma lúdica de tener sexo. Pero la diferencia radica en si la persona tiene como objeto de deseo un animal. Entonces, el gusto por el yiff se convertiría en una parafilia. "Está bien si una pareja se quiere conectar con la energía animal, la memoria de especie y el juego, pero no si ve la excitación del otro por ser un animal por sus formas", enfatiza.
Parafilia o no, el gusto por el sexo con disfraces de animales está ganando adeptos y espacios. Basta ver la página española www.redlobo.net, donde se pueden agendar citas y encuentros entre los amantes del yiff. Y las imágenes son elocuentes: un dragón extasiado con el sexo oral que le regala un chico colorín; un furry-perro negro a horcajadas con un moreno y un trío de tigre-chita-humano. El más delirante es una especie de lagarto "Juancho" que, con los brazos en la cabeza, se ve en pleno clímax del sexo oral que le regala un humano... ¿Se atreve a probar? //LND