
Domingo 30 de agosto de 2009
* Director de la carrera de Literatura de la Universidad Finis Terrae.
El problema del beso es que se lo dio una modelo argentina (Rocío Marengo) a una sex symbol chilena (Marlen Olivari), con varios pechos al aire entremedio, silicona omnipresente y cloqueos de la farándula seudoescandalizada. Al día siguiente, en un matinal, se comenta el beso tan besado con horror soft.
Las panelistas, una actriz y la otra alguna vez sicóloga, hablan del beso de aire lésbico, haciendo como que comprenden. Todo el mundo tienes amigos gays, tú sabes, lo comprendemos todo, pero nunca tanto. La farándula se transforma en escuela para padres y apoderados y dime tú cómo se lo explico a los niños que se anden besando dos mujeres. Y no te digo dos hombres. Si vieras los problemas que tengo con las telenovelas de la tarde, que les ha dado con poner gente gay. Tú sabes que tengo tantos amigos gays
Y siguen mostrando el beso, mientras alguien comenta la serie "¿Dónde está Elisa?" y el beso gay masculino, que se convirtió en aquello de lo que se puede hablar, pero no se puede mostrar. Más tarde, un taxista, quien se declara abiertamente homofóbico, me cuenta que un locutor radial dijo, a propósito de los mismos besos, que comprendía estas situaciones y además tenía muchos amigos gays. "No me diga que eso es normal", señala el conductor.
Me pregunto qué hacen quienes son tratados así, qué hacen los jóvenes homosexuales que se dan cuenta quiénes son y no tienen sitio ni lugar ni significado y viven la transición de esta democracia a medias posmoderna. Cómo explicar qué es Marco Enríquez-Ominami, mientras los otros dos candidatos no quieren nada con esas parejas raras que no son matrimonio. De estas cosas sólo se habla superficialmente. Parecemos tan añejos. En internet hace rato que el mundo dio varias veces vuelta sobre sí mismo y aquí nos hacemos los tontos, creyendo que los malos ejemplos causan la homosexualidad, la estimulación anal o el abuso de menores.
No se toma en serio que hay gente que se siente excluida, perseguida y maltratada. Sólo le queda el vacío consuelo que alguien más o menos progre diga que tiene amigos gays.
El mundo homosexual chileno está entre enrabiado, permitido y censurado, aunque liberado si comparamos con lo que era en mi infancia, donde apenas eran "solteros". En esa época era cosa de hampones, de artistas, tú sabes, esas locas locas.
Algo no ha cambiado. Esas cosas no les pasan a los empresarios, ministros, cientistas sociales, políticos, futbolistas ni militares. Si lo dices, te vas de querella, porque es un insulto, aunque sea solamente un hecho de la vida. En este país se sigue hablando a medias. Las cosas no se dicen por su nombre. Los muchachos continúan ahogados, se deprimen los adultos, los mayores ya sufrieron suficiente. Abundan historias de familias que no saben mucho qué hacer. Uno se pregunta dónde está la agrupación de padres de muchachos y muchachas que han descubierto y asumido su homosexualidad. No son perversos, monstruos, delincuentes ni degenerados. Tampoco merecen estigmatización. Basta de fiestas y frivolidades adolescentes. Quedemos en que un beso es, a veces, solamente un beso.//LND