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  Retorno al origen

  Retorno al origen

  Para algunos ha fallado el diagnóstico respecto de cuán deteriorada estaba la relación interna de la coalición; ha existido una incapacidad de calibrar hasta qué punto las fuerzas centrípetas y los intereses grupales han copado la energía de los actores, al punto que parece haber poco espacio para el esfuerzo común.

Domingo 30 de agosto de 2009

"Así no se puede ganar una elección".

La frase sonó rotunda y dolida en la última reunión del comité estratégico del comando de Eduardo Frei. Y prosiguió un análisis agrio, crudo, principalmente respecto de la inagotable capacidad de generación de conflictos internos que nublan el esforzadísimo despliegue territorial del candidato, que avanza sin pausa arropado en su más profunda convicción: los votos se ganan en terreno.

Como en el mito de Sísifo, aquel hombre condenado a reanudar su tarea cada vez que parecía que había concluido, el oficialismo reitera una y otra vez sus conflictos, como si no fuese posible consolidar un estado de unidad básica que dé piso sólido a la campaña.

La contabilidad de desavenencias es demasiado voluminosa como para atribuirla al azar. Algo más profundo que mero desorden o nerviosismo está ocurriendo en las filas concertacionistas. Algo que, para ser superado, debe tener una explicación política.

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29 kbEn el origen del diseño freísta se establecieron tres líneas representativas de los universos que debían confluir, para solventar a la figura del ex Presidente en su retorno a La Moneda. Desde siempre se entendió que ésta es la elección más difícil de los últimos veinte años: la primera que se enfrenta con la obligación de remontar posiciones y con elemento adicional de una "tercera" columna relativamente imprevista.

Uno: Océanos Azules y otros. Es decir, la expresión ciudadana que construye el programa a partir de sus reflexiones y debates. Allí debía confluir la riqueza variopinta de profesionales, artistas y técnicos, comprometidos con una visión renovada del proyecto concertacionista, capaz de producir una plataforma más sintonizada con los contenidos del "país real", para dialogarla con el candidato y sus apoyos estructurales, en un intercambio creativo que mostrara esa lógica de integración. Por eso los "océanos" fueron conformados, mayoritariamente, por independientes o militantes no dirigentes.

Dos: figuras nuevas en el comando. Liderazgos que refrescaran la ya gastada imagen de las cúpulas oficialistas y trajeran "otro aire" al entorno del candidato. La lógica decía que esos personeros tenían que ser "rostros" de la campaña; mezclarse con la gente, acudir a foros y debates entre jóvenes, para convencer que el conglomerado es mucho más que un "cementerio de elefantes". La idea que Frei era el puente entre la antigua y la nueva generación debía hacerse carne en estos representantes.

Tres: los partidos. Insustituibles a pesar de todas las voluminosas mochilas que arrastran, las orgánicas partidarias siguen representando la viabilidad de cualquier proyecto presidencial. No parece necesario dar explicaciones. Simplemente no es posible ofrecer gobernabilidad sin los partidos. Además, ellos representan la fortaleza estructural de la Concertación, presentes en todo el país; cierto que minimizados, pero ahí están. La "yapa" a ofrecer que en esta ocasión era una potente muestra de capacidad de acuerdo y generosidad de cara al beneficio colectivo.

Debía (debe) existir una sintonía fina que permitiera a los tres universos confluir en forma armónica, para constituir uno solo, concreto, coherente y creíble. Una realidad donde el concepto fundamental a instalar es la capacidad de reinvención del conglomerado oficialista. Una coalición política que sabe leer los signos de los tiempos y puede dar un salto cualitativo, para seguir impulsando el carro de una sociedad más justa, más democrática y más participativa.

No se requiere de una agudeza muy desarrollada para entender que entre el diseño y los hechos hay una distancia importante. Para algunos ha fallado la precisión en el diagnóstico respecto de cuán deteriorada estaba la relación interna del conglomerado; una incapacidad de calibrar hasta qué punto las fuerzas centrípetas y los intereses grupales han copado la energía de los actores, al punto que parece haber poco espacio para el esfuerzo común. Si a eso se agrega que los períodos electorales se han acortado, da la impresión que algunos "ajedrecistas" tienen en la mira torneos de más lejana ocurrencia.

El inveterado recurso de lanzar pequeñas bombas de demolición, que resguarden los enclaves de poder personal o de minitendencia, si bien no ha hundido el diseño, al menos lo mantiene en el dique seco, sin que pueda desplegar su potencialidad.

Con todo, sostienen en el entorno de Frei, las posibilidades de tener éxito están plenamente vigentes. Ninguna de las candidaturas en competencia logra establecer diferencias o modificar el tablero de manera definitiva. Hay una suerte de "congelamiento" de la situación, indicativa de que la competencia aún está en los prolegómenos.

En trece días más deben estar inscritas en el Registro Electoral las listas de candidatos presidenciales y parlamentarios. También concluye el período de inscripción para votar (de paso, nuevamente la concurrencia ha sido mínima y es muy probable que el padrón vuelva a decrecer). Y, como guinda de la torta, por esos días deberían aparecer los resultados de la sacrosanta encuesta CEP.

Restan dos semanas cruciales que, en el comando oficialista, se entienden como la oportunidad de sincerar las discrepancias y ordenar el cuadro. Cuestión que incluye, ahora sí, definiciones estratégicas específicas respecto del tipo de relación a establecer con las restantes candidaturas, especialmente mirando a la segunda vuelta. //LND

 

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