
Martes 1 de septiembre de 2009
Han pasado tres meses desde que el Presidente hondureño Manuel Zelaya fue derrocado, y quedan poco más de cuatro para que finalice su mandato constitucional. Pese a la presión y los esfuerzos internacionales para restituirlo en el cargo, nada hace prever que estará presente en la ceremonia de traspaso de mando. Incluso, uno de sus más acérrimos aliados, el Mandatario venezolano Hugo Chávez, admitió el lunes lo "difícil" que será lograr, a estas alturas, el regreso de Zelaya a Honduras.
Y mientras los ciudadanos afines al Jefe de gobierno destituido mantienen sus marchas de protesta en las calles de Tegucigalpa, otros tantos comienzan a barajar las distintas ofertas de los candidatos presidenciales el proceso electoral entró en tierra derecha y los golpistas afirman que ésta es la única salida plausible al conflicto que se inició la madrugada del 28 de junio. El país centroamericano comienza, poco a poco, a teñirse de colores propagandísticos.
Dentro de los próximos días la Organización de Estados Americanos (OEA) debiera resolver si reconoce o no los resultados. La posición preponderante, y la que exige el destituido Mandatario, es el absoluto desconocimiento del proceso, dado que está siendo organizado por un gobierno de facto. Ello se articula con el lineamiento del organismo desde que se inició la crisis política: la única salida plausible es la restitución de Zelaya en el poder.
EN JAQUE
Sin embargo, analistas coinciden en que la OEA debiera ser más prudente en sus próximos pasos, dado que el corolario de la jornada electoral podría jaquear su postura. Esto, pues sería muy complicado rechazar a un gobierno manado -se quiera o no- de la voluntad de los hondureños.
La decisión final "va a depender mucho del grado de participación ciudadana. Si una mayoría aplastante concurre a los centros de votación, la situación de no aceptar ese proceso va a ser mucho más complicado" para la OEA, sentencia Claudio Fuentes, director del Instituto de Investigaciones de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales.
A ello se suma otro factor: que el Presidente golpista, Roberto Micheletti, ha sabido utilizar a su favor -con abierto desafío al organismo que preside el chileno José Miguel Insulza- el hecho de que el mandato de Zelaya finalice ya el 27 de enero de 2010.
"El tiempo corre a favor del gobierno de facto. Si estuviésemos al inicio del período de Zelaya, todo sería distinto. Pero estamos al final, así que cualquier restitución sería casi un acto decorativo y no una posibilidad real de lograr algo", comenta el director del Centro de Análisis Político de la Universidad Central, Patricio Gajardo.
LECCIONES
El analista apunta a que las maniobras de acción de la OEA comenzaron a acortarse cuando en el Salón de las Américas la posición intransigente superó a la conciliadora, algo que ahora repercute negativamente en el organismo. Esto, pues pese a las sanciones, el proceso electoral sigue en marcha como si nada hubiese pasado.
Hasta el momento, los avances de diálogo, no de solución, más significativos han sido los acuerdos de San José, los que "no surgieron precisamente de la OEA, sino que por iniciativa del Presidente de Costa Rica (Óscar Arias, justamente), porque (la organización) había tomado una posición dura", explica Gajardo.
"Insulza tiene fama merecida como un gran negociador, pero (lo hubiera demostrado) de haber tenido las atribuciones para hacerlo. En cambio, los mandatos (de los países miembros) fueron sólo para informar al gobierno de facto de la posición de la OEA. Es decir, la exigencia de restitución de Zelaya, no de negociación" de una salida consensuada, agrega el analista.
Aunque destaca que el organismo actuó como lo pedía la comunidad americana e internacional -es decir, condenando el golpe y exigiendo el regreso del Presidente democráticamente elegido-, Claudio Fuentes especula que "un gobierno de transición, sin Micheletti y sin Zelaya, hubiese sido una salida" que habría desenredado esta madeja hace tiempo.
Por ahora, esto "demuestra que las democracias latinoamericanas son frágiles y que hay que cuidarlas", agrega.