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Miércoles 12 de octubre de 2011| por Mahia Saracostti
Hace ya varios años que el sistema educacional chileno alcanzó la meta de tener casi un 100% de cobertura a nivel de enseñanza básica primaria, a lo largo del país. Sin embargo, este logro suele verse aminorado a la luz de los resultados que arrojan los sistemas nacionales de medición del aprendizaje. Si analizamos los últimos resultados de la prueba Simce, vemos que al llegar a 4º básico la mitad de los niños de Chile no son capaces de entender un párrafo simple. Es importante aclarar que esta situación no sólo debe interpretarse como ineficiencia del sistema educacional chileno, sino que también se debe a que muchas escuelas de nuestro país enfrentan dificultades de orden sicosocial, dadas por los entornos ampliamente vulnerables en que se emplazan. Éstas escuelas deben responder a problemáticas que no están preparadas para enfrentar, tales como: deserción escolar, violencia, embarazo adolescente, relaciones tensionantes con las familias, consumo de drogas, y recursos socioculturales escasos, entre otros.
Constatar esta situación hace replantearse la forma en que se están abordando las necesidades infantiles en el contexto escolar, especialmente en los niños y niñas que se encuentran en el período de la niñez intermedia o etapa escolar, que corresponde al ciclo de educación básica. Claramente, ya no es suficiente el apoyo asistencial material, requiriéndose intervenciones más integrales y complejas, de alcance promocional y preventivo. Expertos señalan que este tipo de acciones tendrían un mayor impacto en la generación de competencias como aprender a vivir con otros y de autocuidado personal (hábitos saludables y relaciones armoniosas con sus pares, adultos y autoridades), fortaleciendo los factores protectores de niños y niñas.
Intervenciones preventivas
¿Por qué invertir en intervenciones preventivas dirigidas a escolares de educación básica? Porque permiten enfocarse en una etapa estratégica del desarrollo humano. Diversos autores en el campo del desarrollo infantil, entre los que se destacan Erickson, Piaget y Kohlberg, señalan que para este grupo etario no sólo es clave el desarrollo cognitivo, sino también el desarrollo a nivel sicológico, social y moral. De esta forma, la generación de intervenciones pertinentes y contextualizadas no sólo favorecería la situación actual del niño/a en el contexto escolar, sino que también facilitaría el desarrollo de una ciudadanía responsable durante la juventud y la adultez.
La escuela, en definitiva, se constituye como una puerta de entrada privilegiada para el desarrollo de proyectos de inversión social. El trabajo de apoyo psicosocial a la infancia se presenta, desde la perspectiva de la responsabilidad social, como una oportunidad de participación para organizaciones de la sociedad civil, empresas y ciudadanos, quienes pueden contribuir notoriamente a la tarea fundamental que se ha planteado Chile: mejorar la calidad de la educación.
Mahia Saracostti, directora Trabajo Social, Universidad Autónoma de Chile, M.B.A. y Ph.D. en Social Welfare