¿Qué es la inocuidad alimentaria y para qué nos sirve en tiempos de pandemia?

Los alimentos son el punto de partida de nuestra energía, salud y bienestar, pero al adquirirlos no siempre nos preguntamos si están o no en condiciones de ser consumidos con total seguridad. Sin embargo, frente a una emergencia sanitaria como la del Covid-19, ese se transforma en un detalle muy importante.

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Con frecuencia damos por sentado que los alimentos que ingerimos todos los días son inofensivos para la salud, vale decir, que no traen consigo ningún residuo, bacteria o virus que pueda dañar nuestro organismo o comprometer nuestra vida, ya que confiamos en todas las barreras que han sorteado desde el inicio de la cadena productiva hasta llegar a nuestra mesa.

Pero, en época de pandemia como la que vive el mundo con el coronavirus, se vuelve primordial saber que las frutas, verduras y diversos productos alimenticios son seguros y no serán canales de transmisión de una enfermedad tan contagiosa y tan letal como ésta.

Esa labor recae en inocuidad alimentaria, que refiere a las condiciones y prácticas que preservan la calidad de los alimentos para prevenir su contaminación y las enfermedades transmitidas por medio del consumo de éstos y que abarca desde producción, recolección y almacenamiento, hasta la preparación y el consumo.

Esta gestión es resultado de las normas y regulaciones dictadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que supervisa todos los aspectos de ese proceso y asegurar que los países cumplan con todos los requerimientos que no pongan en riesgo a la población en materia de controles de calidad y salubridad.

Un ejemplo concreto de esto es la fiscalización directa de las normas de higiene y manipulación de las áreas agrícola y pesquera, donde se extreman los controles, pero este trabajo no sería cien por ciento efectivo sin el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que supervisa el sector de la salud pública y mantiene relaciones sólidas con él para fortalecer la gestión de la inocuidad.

Esta acción no es menor, considerando que cerca de tres millones de personas en todo el mundo en países desarrollados y en vías de desarrollo mueren cada año por enfermedades transmitidas por el agua y los alimentos como la Salmonella o la Escherichia coli, y millones de personas enferman.

PROCESO COMPLEJO

Aunque se vea como algo obvio, el proceso de garantizar que los alimentos sean inocuos para comerlos no acaba con la compra. Esto porque la mayoría de las patologías causadas por enfermedades transmitidas por los alimentos son el resultado de prácticas inadecuadas en el hogar.

En casa, los consumidores deben asegurarse de que lo que comen sigue siendo seguro y por ello, dada la pandemia, vale la pena insistir en sanitizar aquellos productos envasados y lavar muy bien las frutas, verduras y carnes antes de consumirlos.

No obstante, las realidades de cada persona o familia son diversas y por eso la inocuidad es más difícil de practicarla cuando, por ejemplo, el acceso a agua limpia o electricidad para las cocinas o refrigeradores es escaso o poco fiable.

Es en este punto donde la FAO trabaja con residentes en comunidades rurales y más pobres del mundo en el mundo para identificar en terreno las dificultades y ofrece consejos claros, pragmáticos y creíbles a los consumidores a través de campañas boca a boca, mediante carteles, medios de comunicación.