Martes, 02 septiembre 2014 | 12:46 » UF$ 24.106,52 US$ 589,03 €$ 773,23

»BUSCAR »

La Nación

Inicio » Reportajes » Historias

Quilicura, el paraíso para los haitianos

Quilicura, el paraíso para los haitianos

Ciertos sectores de Quilicura ya parecen barrios caribeños. Allí están en los paraderos de micros, viajando en bicicleta, comprando en los almacenes y ferias libres, o tomando el sol afuera de sus casas o departamentos. Habitan como si desde siempre formaran parte de la fisonomía cultural y social de esta comuna del norte de la Región Metropolitana.

Jueves 19 de enero de 2012| por Manuel Torres Abarzúa

Viven hace poco en Quilicura, sus raíces culturales están muy lejos y son completamente diferentes a la chilena. Viajaron ocho mil kilómetros desde su isla natal para buscar en Chile las oportunidades laborales y de estudio que dicen no tener en su convulsionado país, el que hoy se encuentra intervenido por Naciones Unidas. Se trata de la más importante migración de afrodescendientes que haya pisado Chile.

Youry Filien (32) llegó a Chile en marzo de 2007. Su plan original antes de viajar al país era buscar nuevos horizontes en Francia. Sin embargo, la nación gala le negó la visa de entrada. Y mientras masticaba la frustración, apareció una alternativa que le cambiaría radicalmente la vida: “le conté de mis planes a mi polola de entonces y ella me dijo si me interesaba viajar a Chile, ya que ella tiene una prima viviendo allí. Lo pensé, pero no para venir a quedarme, sino que sólo para venir de vacaciones. Francia seguía siendo mi objetivo final”, dice.

Con la aventura muy decidida, planificó el periplo hacia el cono sur. Tras obtener fácilmente la visa y utilizando los ahorros que había juntado como profesor de literatura haitiana e informática en un colegio de enseñanza media, compró los pasajes de ida y vuelta entre Puerto Príncipe, capital del país caribeño, y Santiago de Chile. Sin embargo, esa inversión lo dejó sin dinero para el bolsillo. Para resolver el tema, recurrió a su padre, un importador de productos desde Imagen foto_53559Miami, quien le prestó 500 dólares.

El paso siguiente de Youry fue coordinar con la prima de su ex polola el arribo a Quilicura y despedirse de su familia asentada en Delmas, uno de los municipios ubicados en Puerto Príncipe y que afines de la década del ’90 era manejado por bandas criminales y donde también la policía realizaba ejecuciones extrajudiciales.

Desde comienzos de este siglo y especialmente bajo el segundo mandato del depuesto Presidente Juan Bertrand Aristide, Haití vivió un agravamiento de la situación política, económica y social. Por esta razón, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas diseñó y envió el 2004 una operación de estabilización pluridimensional denominada Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), a la cual Chile se integró desde la fundación con la participación de contingentes militares y policiales.

DURA REALIDAD

Youry forma parte de los ocho millones de habitantes del país más pobre de América Latina y El Caribe, de los cuales el 70% de su población es rural. El ingreso per cápita de sus compatriotas no supera los 1.900 dólares anuales y su índice de desarrollo humano, el cual mide la esperanza de vida, nivel de educación, y el estándar de vida según los ingresos reales, es uno de los más bajos del mundo, situándose en el lugar 146.

La mitad de la población vive sin acceso al agua potable, la desocupación alcanza al ochenta por ciento de la población en edad de trabajar, y además tienen una de las mayores tasas mundiales de contagiados con VIH/Sida.

También existen situaciones de violencia armada, inseguridad y desprotección de los civiles entre otras circunstancias negativas. La élite que maneja el país vive, por ejemplo, en las montañas que rodean Puerto Príncipe detrás de muros y sistema de seguridad, temerosos de aproximadamente 40 secuestros al mes.

chile

Jazmine Pierre (31) está en Chile desde enero del 2008 e ingresó como refugiada. Es madre soltera y huyó de Puerto Príncipe con su hija Laetitia de ocho años. Se vio forzada a abandonar su puesto como secretaria en una empresa constructora francesa, luego de la experiencia que vivió a fines del 2007.

Seis hombres armados ingresaron a su departamento donde vivía con su madre y su hija, y se llevaron a la menor. Los sujetos le pidieron un rescate de 30 mil dólares. De nada le sirvió denunciar el caso ante la policía. Rápidamente vendió su departamento y su auto. Tres días después recuperó a Laetitia. Sin embargo, perdió todo lo que había invertido durante diez años de trabajo. Destruida, optó por dejar su país.

Jazmine y su hija Laetitia forman parte de las siete personas que han ingresado a Chile como refugiados, cifra que el 2008 aumentó en comparación al 2000, cuando entraron las primeras personas bajo esa condición, según ACNUR. Ese organismo les otorga una ayuda económica por un tiempo y un certificado para trabajar.

estudiar y a trabajar

Remy Thiollier, voluntario francés del Instituto Católico de Migración (INCAMI), lidera desde el año 2006 el trabajo con grupos de haitianos llegados a Santiago, lo que le ha permitido conocer de cerca su experiencia como inmigrantes y sus motivaciones para elegir un país como Chile.

Señala que una de las principales causas de la migración haitiana es la falta de condiciones de seguridad y la ausencia de perspectivas económicas para su población, en el marco de una aguda e interminable situación de inestabilidad sociopolítica que provocó la última crisis del 2004.

La opción de viajar a Chile, asegura Thioller, se debió a la misión de paz. “Ellos tienen una sensibilidad muy especial. Como vieron que los soldados chilenos han llevado tranquilidad a su país, piensan que si ellos logran eso es porque en su respectivo país reina la tranquilidad”, explica el funcionario de INCAMI.

Según Youry Filien, aparte de las malas condiciones de vida que hay actualmente en Haití, lo que los empuja a salir de su patria son elementos que están muy presentes en la idiosincrasia isleña de todo haitiano: El espíritu viajero y la búsqueda de un mejor futuro. “Viajar es vida para nosotros”, recalca.

A su juicio, esto explica en parte la oleada migratoria de sus compatriotas hacia Chile. “Hay más haitianos viviendo fuera de Haití de los que viven dentro. De todas formas, los haitianos siempre pensamos en regresar. La mayoría viene a Chile con la intención de trabajar o estudiar, pero sólo muy pocos lo logran, porque estudiar acá es muy caro”, afirma Youry.

Para Remy Thiollier, se puede caracterizar a los inmigrantes haitianos según su lugar de procedencia, es decir, entre quienes vivían en Puerto Príncipe u otros centros urbanos de Haití y quienes proceden de sectores rurales.

La diferencia, agrega, está en que los que provienen de la capital haitiana hablan francés e inglés, además del creole, la lengua criolla, y han tenido acceso a la educación formal. Por esto, asegura que la mayoría ya vivió durante un periodo en República Dominicana, el país vecino que tiene mejores condiciones económicas.

De esta forma, llegan a Chile con la ilusión de trabajar y estudiar en la educación superior. En cambio, quienes vienen del sector rural, por lo general sólo manejan el creole (idioma criollo) y no fueron a la escuela. Ellos llegan a Chile en busca de un trabajo, sin mucha claridad sobre cómo conseguirlo.

Thiollier asevera que la migración haitiana es diferente a otras provenientes de América Latina, particularmente porque hablan un idioma distinto (creole y francés), su cultura es más compleja y por su característica étnica (piel negra).

El voluntario de INCAMI señala que el perfil de quienes llegan a Chile corresponde a jóvenes de clase media, de entre veinte y treinta y cinco años, en proporciones similares de hombres y mujeres, y provenientes principalmente de Puerto Príncipe. “No vienen para quedarse. Forman parte de un proyecto de sus familias de Haití. Se les financia para regresen y ayuden al resto del núcleo familiar”, señala.

Cuando el avión que trasladó a Youry Filien aterrizó en la losa del Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez, él sintió un profundo agrado. Además de su sencillo equipaje, Youry descendió de la máquina con sólo dos referencias sobre Chile. “Conocía un poco de historia. Sabía de Pinochet y Allende. Y también algo de fútbol: Zamorano y Salas”, recuerda.

En el terminal aéreo fue recibido por la prima de su ex novia. En radio taxi se trasladaron hasta el departamento que ella arrendaba junto a su respectivo pololo haitiano en Lo Marcoleta. “Cuando llegué al aeropuerto lo encontré bien, un país normal, como París. Y cuando entré a Quilicura me dije que era una comuna como las que hay en Haití. Hay sectores pobres y sectores medios.

Después conocí Las Condes y Providencia. Vi que eran zonas más avanzadas. En Chile, ricos y pobres pueden vivir, porque al menos hay servicios básicos como luz y agua, a diferencia de lo que ocurre en Haití, incluso, entre gente que tiene dinero”, explica Youry acerca de sus primeras impresiones sobre Chile.

EMPRESAS

Luego de semanas de conocer Quilicura, el centro de Santiago y las comunas del sector oriente de Santiago, se produjo para Youry Filien la oferta de trabajo que variaría sus planes originales: La prima de su ex polola le ofreció un empleo en una empresa envasadora y distribuidora de carnes. Tras evaluarla minuciosamente, aceptó la oportunidad. Tenía muy claro que eso significaba congelar su regreso y abrirse a la posibilidad de asentarse por algún tiempo en Chile.

El paso siguiente fue llamar telefónicamente a su jefe en Haití para comunicarle que renunciaba a su labor como profesor, actividad que ejercía gracias a los tres años de estudios universitarios en Contabilidad, carrera que había interrumpido por razones económicas. En Haití, cualquiera persona que haya cursado estudios superiores está facultada para ejercer en la educación primaria o secundaria.

En la empresa de carnes, Youry se sintió muy a gusto. Dice que ganaba bien y que recibía buen trato de parte de sus jefes y compañeros de labores. Sin embargo, fue despedido, luego que se negara a viajar en un camión que realizaría una entrega en el sur de Chile. Sus motivos eran muy claros: Por seguridad no estaba nuevamente dispuesto a arriesgar su vida, ya que el chofer manejaba de noche durante todo el trayecto y sin descansar en algún momento. “Mi decisión, mi jefe lo tomó a mal. A mi me parecía justo decirlo, pero me echaron”, explica Youry.  

Pero la cesantía se prolongó por un breve lapso. A la semana, ingresó como bodeguero en una fábrica de productos de aseo para el hogar, también ubicada en Quilicura.

DISCRIMINACIÓN LABORAL

A diferencia de su primer trabajo, la luna de miel duró bien poco. Siente que sus jefes no le dan la oportunidad para demostrar sus conocimientos técnicos “por ejemplo, en la empresa no me dan la oportunidad para ejercer mis conocimientos de contabilidad. Pocas veces me dejan ingresar algún tipo de datos al sistema computacional. Inmediatamente se levanta la competencia de quienes están al mismo nivel mío. Los chilenos no son racistas con el color de piel; son discriminadores en lo laboral. Un negrito no puede tener un cargo o saber más”, asegura.

Una opinión más radical tiene Karl Blanchard (35), quien se desempeña hace siete meses como auxiliar de bodega en una empresa de alimentos. Por lo general usa su bicicleta para trasladarse a su trabajo.

De acuerdo a su experiencia, afirma que la mayoría de los chilenos son racistas en el trabajo.  “Me tratan de negro. Me ofenden con garabatos. Me llama la atención de que quienes me tratan de negro, son chilenos que se creen blancos. Para mi un blanco tiene el pelo rubio, piel blanca y ojos azul o verde. Los chilenos que me dicen negro son mestizos. Tienen la piel un poco más clara que la mía, pero se creen superiores”, ironiza Karl, quien posee un título técnico en electricidad y aprendió español de manera autodidacta.

Karl vive hace casi 3 años en Chile en un departamento que arrienda en la Villa San Luis, junto a siete haitianos. El bajo salario que dice recibir, los malos tratos, el hacinamiento y el reciente nacimiento de su hija lo están empujando para volver a Puerto Príncipe.

Sin embargo, Karl dice sentirse “atrapado”, ya que expiró su pasaje de vuelta y no tiene como juntar dinero.  “Yo vivo muy mal. Me siento solo, no me gusta el frío. No me alcanza el dinero para vivir, menos para enviarle a mi familia. La vida acá es muy cara. Ahora nació mi hija, que aún no conozco ni por foto”, confiesa Karl, quien de todas formas admite que en Chile hay más oportunidades que en su país.
Imagen foto_40374
Rosemonde Hélie (31) es otra haitiana asentada en Chile que pese a que no lo está pasando muy bien acá, no piensa en regresar a su patria. “Algunas veces lloro por la noche y se me aprieta el corazón porque extraño mi país. Aquí todo es tan diferente, tan duro, pero es mucho mejor que allá. Aquí vivo sin miedos, por eso me quedé. En Haití ahora no hay seguridad, todo es inestable, no hay muchas esperanzas. Pero si pudiera, volvería a mi casa en Pétionville, en Puerto Príncipe, con mi familia. No lo hago porque prefiero vivir pobre que en la inseguridad”.

Según comentó Remy Thiollier, con los haitianos se ha generado, pese a los casos que dicen lo contrario, una mayoritaria discriminación positiva en cuanto a obtener  oportunidades laborales. “Cuando conocí la existencia de una importante comunidad viviendo precariamente en San Bernardo y se publicaron sus casos en la revista Ya de El Mercurio, a la semana siguiente me llamó mucha gente para ofrecerme trabajo para ellos”.

Para él, hay una especial explicación. “Esa situación no ocurre con otros migrantes latinoamericanos. Con los haitianos se da una simpatía muy especial, quizás por su condición más exótica para la sociedad chilena”.

De todas formas, reconoce que el mercado laboral chileno aún no está preparado para incorporar de manera justa a los inmigrantes y que no falta el que los trata mal.

reinas y reyes

A la pregunta de por qué Quilicura se ha convertido en un lugar de mayor preferencia para que los haitianos residan, Youry responde con sentido común. “Porque nos hemos pasado el dato, desde que llegaron los primeros a vivir acá. En Quilicura nos sentimos cómodos, como en casa. Me gusta Chile. Es un país tranquilo. Hay mucho trabajo, no como en Haití, Yo ando muy tranquilo por las calles”.

Remy Thiollier, tiene una explicación mucho más especial para desentrañar el poblamiento en Quilicura. Según él, su versión se basa en historias que le han contado algunos haitianos. Asegura que este fenómeno se debe a los taxistas del Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, quienes al ser consultados por un lugar donde alojar, ellos les sugerían Quilicura, porque allí habían visto a varios haitianos. De esta forma, los conducían hasta alguno de los barrios donde predominan y los dejaban en la puerta de algún connacional. Así conseguían un lugar donde vivir. Youry no conoce esta versión.

Tampoco estaba al tanto de esa explicación Alejandro Moya, uno de los choferes de la empresa de radiotaxi “Eclipse”, ubicada en calle San Enrique con Volcán Licancábur, a metros de la Villa San Luis, uno de los epicentros de la migración haitiana.

El conductor trabajó anteriormente en una empresa que prestaba servicios en el terminal aéreo y si bien trasladó haitianos hacia Quilicura, dice que ellos venían con una dirección muy clara. “Incluso, preguntaban por la tarifa y yo les decía diez mil pesos, a lo que ellos regateaban. Decían: ‘tengo cinco mil pesos’”, explica.

A Alejandro le llama la atención la fluidez con la que se interrelacionan. “Se mueven con total confianza y naturalidad. Se les ve integrados. Son alegres, respetuosos y simpáticos. Aprenden rápido el idioma. Son movidos. Les gusta la tranquilidad de Chile. Con decirte que ni Carabineros los molesta”.

El conductor añade que el arribo de los y las haitianas ha causado furor entre la respectiva población femenina y masculina. Y lo dice con conocimiento de causa. Hasta hace poco anduvo con una haitiana de veintisiete años que él encontraba “muy linda”.

Una percepción similar se forjó la señora Rosa Cortés, quien atiende un almacén en la  Villa San Esteban. “Al principio, las lolas se volvieron locas con los negritos. Los paraban en las calles y los invitaban a fiestas. Causaron furor”.

Sergio Monge, funcionario municipal de Quilicura, vivió el año 2008 en los departamentos de la Villa San Esteban y fue testigo del frenesí que causaron los haitianos entre la población femenina, donde “varias veces en la noche llegaba una dama en una camioneta a buscar a los que vivían en el primer piso y se los llevaba. Presumo que se trataba de algún tipo de comercio sexual. Creo que en esa época crecieron mucho los cuernos en Quilicura”, recuerda.

Sobre el capítulo de las infidelidades, un el asiente social de la municipalidad de Quilicura, recibió una inusual petición de dos afectados hombres. “Me preguntaron cómo tenían que hacerlo para postular al subsidio habitacional. Ahí me contaron que sus parejas los habían echado de la casa, porque sus señoras se habían llevado a vivir a haitianos”.

Sin embargo, señala Monge, la gota que rebalsó el vaso se produjo cuando producto de las peleas entre ellos “aparecían en el ante jardín gatos muertos o pescados. Ahí la gente se puso en campaña para echarlos. La gente lo asoció a magia negra”. Y él fue el encargado de decirles que se fueran, aunque asegura que no compartía la decisión.

Youry admite que a varios haitianos les gusta escuchar la música fuerte. “Es nuestra pasión”. Pero no está de acuerdo en que se perturbe al resto de la comunidad. Sobre el eventual uso de magia negra desvirtúa esa posibilidad. “Que yo sepa, en Chile no hay maestros haitianos. Así podría darse, pero es muy difícil, porque además en el aeropuerto no dejan pasar algunos elementos vegetales que solo hay en Haití. En todo caso es una religión que no se puede importar. Sólo se practica en la tierra de Haití”.

De todas formas, asegura que en general las relaciones con los vecinos son muy buenas. Según el testimonio que ha recibido de quienes llegaron por primera vez a Quilicura, dice que los “trataron como reinas y reyes”. “Cuando iban a comprar a los almacenes, les regalaban las cosas. También los buscaban para conversar o para invitarlos a sus casas a comer o tomar el té. A la gente le llamaba la atención, pero ahora como que eso ha disminuido”, acota Youry.

Comentarios »

Los comentarios publicados están sólo en plataforma de Facebook y La Nación S.A. no se hace responsable de su contenido ni aplicará edición a ellos. No obstante, se reservará el derecho de administrar las listas de comentarios cuando éstos presenten ofensas personales.
Los usuarios que se sientan afectados por algún comentario también pueden usar la misma plataforma de Facebook para denunciarlos en caso que los consideren ofensivos o denigrantes.
Los artículos publicados bajo la etiqueta de Opinión son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no necesariamente representan la línea editorial Nación.cl

La Nación

Av. Nueva Providencia 1860
Oficina 183, Providencia, Santiago, Chile
Teléfono: 56 2 - 2632 5014

Director Responsable: Samuel Romo Jara
Representante Legal: Luis Novoa Miranda

© Comunicaciones LANET S.A. 2014
Se prohíbe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.