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Jueves 18 de marzo de 2010| por Sergio Benavides
Un tipo de bigotes que solía aparecer en el Icarito. Algo de político, topógrafo, militar y escritor. Registros nebulosos que intentan colarse en el disco duro de los niños en época de colegio, aunque si la materia es mal enseñada -sin motivación- seguro pasarán al olvido en las pequeñas cabezas de los cachorros en vía de desarrollo.
Es quizás el punto a favor de las teleseries "Martín Rivas" y "Manuel Rodríguez", que reviven historias de amor, pero también costumbres criollas de una época, identidad y pensamiento liberal tan efervescente y condenado en el siglo XIX. Por algo algunos crecieron (y a falta de una foto real) con la idea de que la imagen de Martín Rivas era la del actor Alejandro Cohen.
Pretextos finalmente para recuperar un pedazo de historia de un hombre fundamental y contradictorio de la literatura chilena. Nacido el 4 de mayo de 1830 y con toda una obra que cruza las realidades políticas y sociales que le tocaron vivir, creando personajes que se fueron quedando en su cabeza y finalmente lo hicieron abandonar sus pasiones militares y políticas para retomarlas a través de la literatura. En sus libros suele haber alguno que dice lo que piensa. Alberto Blest Gana escribió principalmente en dos períodos su más de 20 libros. Uno que corre entre 1853 y 1864, tras su regreso de Francia, lugar al que había ido para mejorar sus capacidades militares. Ahí está, entre otras, el nacimiento de "Martín Rivas" (1862). La segunda parte de su obra transcurre entre los años 1897 y 1912, y nuevamente tiene relación con Francia, porque allá decide jubilar y morir. Antes habrá comprado armas para Chile en Europa, para la Guerra del Pacífico. Y también participará en la división limítrofe con Argentina.
Una carta decidora escrita a Benjamín Vicuña Mackenna revela los conflictos que tuvo por dedicarse o no a la literatura. "Un día, leyendo a Balzac, hice un auto de fe en mi chimenea, condenando a las llamas las impresiones rimadas de mi adolescencia; juré ser novelista o abandonar el campo literario... Desde entonces he seguido mi propósito sin desalentarme por la indiferencia, sin irritarme por la crítica, sin envanecerme tampoco por los aplausos con que el público ha saludado mis últimas novelas. El secreto de mi constancia está en que escribo no por culto a la gloria,... sino por necesidad del alma...".
Sus temáticas cruzarán el pensamiento liberal, pero también otras ideas que reflejan el comportamiento de una época, como las convicciones portalianas, aunque siempre sedadas con la vida cotidiana, las relaciones familiares, sociales y costumbristas del momento. Lo hizo en su primera novela de 31 páginas "Escena social" y hasta en "El loco Estero", su penúltima obra que transcurre en pleno gobierno de Montt y donde las ideas de Diego Portales estaban muy vivas en los círculos conservadores. Ahí aparecerá Julián Estero, un pipiolo, que luchará por sus ideales. Pero para que la obra le guste a la señora tiene que tener amor. Y así lo hizo, decisión que recuerda su herencia en las técnicas de los actuales directores de la televisión. Blest Gana terminó la que pensó sería su gran obra en 1897, "Durante la reconquista". La historia de un hombre enamorado de su prima que se codea con el guerrillero Manuel Rodríguez. Y pese a los 30 años que demoró en escribirla, finalmente no se consideró su trabajo más importante, al ser acusada de muy reflexiva. Pero su opción estaba tomada y cumplió su promesa a Vicuña Mackenna, porque hasta 1920 nunca dejó de escribir.