Inicio » Opinin

¿Son los celulares los nuevos cigarrillos?

San Francisco se acaba de convertir en la primera ciudad de EEUU que aprobó una legislación que hace que los vendedores de celulares muestren los niveles de radiación.

Jueves 1 de julio de 2010| por MAUREEN DOWD

EL gran chiste cósmico sería descubrir definitivamente que los avances que creíamos bendiciones (desde las hormonas que bombean las mujeres en sus cuerpos todas sus vidas hasta los teléfonos de diseño que la gente espera haciendo cola toda la noche) son bombas de tiempo. Así como los padres le cuentan ahora a sus niños que, aunque no lo crean, hubo una época cuando nadie sabía que los cigarrillos y tostarse hacían mal, esos niños podrían crecer para contarles a sus hijos que, aunque no lo crean, hubo una época en que nadie sabía lo peligroso que era ponerse el teléfono junto a la cabeza y conversar durante horas.

No conocemos realmente el impacto físico y sicológico de ser esclavos de la tecnología. Simplemente no sabemos que la tecnología es un narcótico. Estamos viviendo en las nubes, en un campo de fuerza, tan temerosos de ser desconectados y enchufados a un mundo de silencio e inmovilidad, que incluso si los científicos nos dijeran que los computadores harán que se nos caigan los brazos, probablemente seguiríamos tecleando.

San Francisco se acaba de convertir en la primera ciudad de Estados Unidos que aprobó una legislación que hace que los vendedores de teléfonos celulares muestren los niveles de radiación. El Directorio de Supervisores de la ciudad la aprobó por 10 votos a 1. El voto contrario, el demócrata Sean Elsbernd, dijo más tarde: “Es una ladera resbalosa. Puedo entrar a Google en este instante y encontrar un estudio que dice que hay un problema con el producto de Starbucks que usted está bebiendo”.

Los diferentes modelos de celulares emiten en todas partes desde 0,2 watts por kilo de tejido corporal, hasta 1,6 watts, el límite legal. La cantidad de energía de radiofrecuencia que entra al cuerpo y al cerebro se mide por una unidad llamada Tasa de Absorción Específica (SAR, por sus siglas en inglés). “Uno ve a estos chicos literalmente pegados a sus celulares”, me dijo Gavin Newsom, el alcalde de San Francisco. “Y, para ser sincero, mi esposa estaba embarazada y habla sin parar en su celular. Así que desenterré algunos estudios y comencé a investigar. Fue cuando descubrí que a las compañías de celulares ya se les exige entregar esa información al gobierno federal y que existe, pero en algún lugar del web de alguien, en la página 88”. ¿Por qué no revelarla, pensó, alertando a los consumidores en las tiendas, poniendo el nivel SAR junto al precio del teléfono? Sus alarmados asesores, acostumbrados a ver al elegante Newsom zambulléndose en audaces posturas sin calcular las secuelas (como con el matrimonio gay), le dijeron que se centrara en los empleos y la economía. “Dijeron: ‘aquí vas otra vez. Se van a burlar de ti. Será otro número menor’”, recordó Newsom. Pero perseveró.

Un estudio sueco que hizo seguimiento durante 10 años a personas jóvenes que empezaron a usar celulares como adolescentes, calculó un aumento de 400% en los tumores cerebrales. Pero como indicó hace poco Nathaniel Rich en Harper’s, los estudios sobre el potencial cancerígeno de los celulares se contradicen todos entre sí, incluyendo los que involucran a niños. Cuando Newsom propuso la ley, los lobbistas de las telecomunicaciones se abalanzaron, como los hoteleros, quienes temieron perder el negocio de las convenciones. Dijo Newsom que lobbistas de Washington dejaron en claro que recurrirían a la “opción nuclear” y se dejarían caer “como una tonelada de ladrillos”. Esto es dinero en grande, dijo, como “el dinero del tabaco, del petróleo. Pero estos tipos de Washington no me conocen… Debieran avergonzarse por amenazar a la ciudad”.

Meses antes de que la ley se aprobara, Newsom me leyó una carta que le envió Marriott: “CTIA: La Asociación Inalámbrica que tiene programado realizar aquí una importante convención en octubre de 2010, ya nos ha contactado para cancelar el evento si la legislación prosigue. También nos han dicho que están en contacto con Apple, Cisco, Oracle y otros que están fuertemente involucrados en la industria, como usted sabe, para no realizar futuros eventos en su ciudad, por la misma razón”.

Cuando la ley se aprobó el 22 de junio, la CTIA emitió una petulante declaración diciendo que después de 2010 reubicaría su exhibición anual de otoño de tres días, con 68 mil expositores y asistentes y “80 millones de dólares” en negocios, fuera de San Francisco. “Dado que nuestra ley es relativamente benigna”, dijo Newsom, “la pregunta que clama es ¿por qué trabajan tan duro y gastan tanto dinero para matarla? Su reacción me ha generado más temores, no menos. Es como BP. ¿No debieran estar haciendo todo lo necesario para proteger a sus accionistas globales?”.

De manera que tenemos la muestra Número 1.085 para ilustrar el descaro de la gran empresa. Debieran estar enviándole al alcalde Newsom una botella de vino californiano por preocuparse de que los cerebros de los niños no se frían y no tenerlo inquieto por si se vengarán a costa de su campaña para gobernador adjunto. Está resignado, tal como lo está con su propia adicción. “Amo mi iPhone”, dijo alegremente.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.