
Domingo 27 de diciembre de 2009| por Sergio Muoz Riveros
Está claro que la batalla presidencial en curso es la más difícil que les ha tocado enfrentar a las fuerzas de centroizquierda desde la recuperación de la democracia. La prensa de derecha (casi toda) ha intentado sugestionar a la población con la idea de que su candidato está tan cerca de la meta que ya es imposible alcanzarlo. El abogado piñerista Jorge Schaulsohn ha dicho que "la suerte está echada".
Pero no es así. Es válido decir que nos enfrentamos a una nueva elección, esta vez con sólo dos opciones, en la que lo determinante será el reagrupamiento de las fuerzas progresistas que se presentaron fragmentadas en la primera vuelta.
Nuestro país no ha cambiado tanto en términos políticos y electorales como quieren hacernos creer algunos analistas de El Mercurio, que argumentan que ya se produjo una especie de "mutación cultural" en la sociedad chilena, lo que supuestamente se traduciría en que el apoyo a Piñera sería poco menos que un asunto de sentido común. Para efectuar tal ejercicio, esos analistas simplemente ignoran el presente, borran a Michelle Bachelet e incluso restan importancia al buen nombre ganado por Chile en el mundo.
Este no es un país en el cual el gobierno se hunde en el desprestigio, con una Presidenta sin respaldo, la economía por los suelos, pesimismo dominante y clamor ciudadano por un cambio de rumbos. Es exactamente al revés. Estamos en un país que progresa a ojos vistas, sobre todo en el terreno social, y que puede progresar mucho más si no se extravía en el camino.
Queda mucho por hacer, pero corresponde hacerlo pensando en las personas antes que en la dinámica del mercado. La cuestión esencial es apostar por el progreso compartido, la igualdad de oportunidades, la posibilidad de que los frutos del crecimiento lleguen a todos. La palabra clave es solidaridad, y el camaleonismo programático de Piñera no da para tanto.
La vía del progreso real está abierta. La ansiedad por el futuro no debe llevar a perderlo de vista. Es muy sólida la base construida. Hay que mejorar muchas cosas, entre ellas la calidad de la política, pero la primera condición es asegurar que el país no retroceda.
Lo que ocurrió el 13 de diciembre fue que la derecha sacó partido de la división de sus oponentes. Pero eso ya es pasado. Jorge Arrate apoya hoy a Frei, así como el bloque Juntos Podemos. También Alejandro Navarro, que respaldó a Enríquez-Ominami en primera vuelta, hoy declara que votará y trabajará por Frei. El apoyo del economista Luis Eduardo Escobar, que estuvo con Marco Enríquez-Ominami, es muy valioso.
Muchas nuevas adhesiones está recibiendo Frei en estos días. ¿Está operando el temor a un eventual triunfo de la derecha? Qué duda cabe. No es el único factor, pero también cuenta, porque finalmente se trata de evaluar con realismo todo lo que está en juego.
Para Enríquez-Ominami no es fácil asumir una actitud prescindente, puesto que quienes votaron por él ya están tomando posición. Y la mayoría de ellos se sienten cultural y políticamente más lejos de la derecha que de la Concertación.
Con el paso de los días, se acentuará el proceso de definición de esos votantes y se reducirá el espacio de la "tercera posición". El ex candidato y sus cercanos no ignoran que la neutralidad también es interpretable. Al fin y al cabo, todos debemos responder por las consecuencias de nuestros actos. En algún momento, seremos juzgados por lo que hicimos o dejamos de hacer.
¿De dónde sacar los votos para superar a la derecha? En La Florida, los resultados de la primera vuelta fueron estos: Piñera, 40,74%; Frei, 27,88%; Enríquez-Ominami, 23,02%; Arrate, 8,33%. Si consideramos que, en la elección de diputados, Carlos Montes (PS) obtuvo 50,45% y Myriam Verdugo (DC) 4,57%, lo lógico sería que Frei sacara allí varios puntos de ventaja. No es aventurado afirmar que en los numerosos lugares en que el candidato derechista obtuvo alrededor de 40%, las posibilidades de victoria de Frei son muy reales. Con mayor razón en muchos otros en los que obtuvo menos.
La incorporación de Carolina Tohá a la campaña fue un gran acierto. Es visible que las fuerzas de centroizquierda han recuperado la mística, lo que tiene un enorme efecto movilizador. Estas son las batallas en las que el compromiso emocional ayuda a inclinar la balanza.
* Sergio Muñoz, profesor y escritor. Candidato a Doctor en Literatura por la Universidad de Ámsterdam, Holanda.