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Sube la temperatura en el Golfo Pérsico

Sube la temperatura en el Golfo Pérsico

RAÚL SOHR.- Irán siguió con atención el comportamiento de las potencias occidentales frente a Libia. El coronel Muammar Gadafi renunció a un incipiente programa nuclear. De nada le valieron los gestos de buena voluntad. Quizás, por el contrario, si hubiese mantenido mayor capacidad bélica podría haber ejercido una mayor disuasión, deben pensar algunos en Teherán.

Viernes 6 de enero de 2012| por Raúl Sohr - foto: Tell Magazine

La retórica bélica sube de tono. Irán advierte a Estados Unidos que mantenga sus portaaviones fuera de las aguas del Golfo Pérsico. Washington responde que navegará por aguas internaciones según lo estime conveniente y mueve unidades  por el Golfo. Teherán dispara misiles navales capaces de alcanzar a buques a considerable distancia. Estados Unidos señala que las contramedidas electrónicas de sus navíos le permiten operar sin sobresaltos.

Los optimistas, léase aquellos que esperan que no habrá un enfrentamiento, señalan, por así decirlo, que perros que ladran no muerden. El gobierno iraní gana con las posturas amenazantes: sube el precio el petróleo a la par que galvaniza la población tras de sí. Estados Unidos, por su parte,  consigue aglutinar a sus aliados en la región  que temen al poderío iraní. Los saudíes vienen  de colocar una mega orden de compra de armamentos estadounidenses por 30 mil millones de dólares. Avalando la tesis que no habrá conflicto está el reciente anuncio del Presidente Barack Obama de realizar profundos recortes al presupuesto militar de su país. Al justificar la reducción de 450 mil millones de dólares en la partida de defensa, a lo largo de la próxima década,  el Mandatario señaló que:  “Estamos dando vuelta la página a una década de guerras”.  No son las palabras de un gobernante que está pensando en iniciar una nueva conflagración.

Los pesimistas, sin embargo, estiman que la presunta voluntad iraní de disponer de un arma atómica sigue presente. Teherán siguió con atención  el comportamiento de las potencias occidentales frente a Libia. El coronel Muammar Gadafi renunció a un incipiente programa nuclear. De nada le valieron los gestos de buena voluntad. Quizás, por el contrario, si hubiese mantenido mayor capacidad bélica podría haber ejercido una mayor disuasión,  deben pensar algunos en Teherán. Quienes sacan estas conclusiones son contrarios a dejar en manos de sus adversarios la más letal de las armas de destrucción masiva, la bomba atómica, mientras a ellos se les impide tenerla. 

Hay un tercer bando que en Europa y Estados Unidos confía que puede doblarle el brazo a Teherán con la aplicación de sanciones económicas. De hecho la Unión Europea ha resuelto dejar de comprar crudo iraní. Mucho dependerá de la actitud que adopte China que ya compra el grueso del petróleo de Irán. En el pasado Beijing ha adoptado una actitud pragmática.  En la medida que pueda reemplazar sus adquisiciones a precios equivalentes no interferirá con los planes occidentales.  En otras palabras, si Arabia Saudita le provee la misma cantidad de barriles China no buscará una fricción mayor con Estados Unidos. Para ambos países hay demasiado en juego como para ponerlo en juego por Irán. Lo mismo vale para Rusia. En el ajedrez de las potencias las movidas están dictadas por sus respectivos intereses estratégicos. Los peones, como Irán, son descartables. Así, en definitiva, a la hora de la verdad Irán sabe que solo podrá contar con sus propias fuerzas. Su genio  o falta de él, como les ocurrió de Saddam Husein y a Gadafi,  consistirá en evaluar en forma realista sus capacidades y las de sus adversarios.

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