
Viernes 9 de octubre de 2009| por Ral Sohr
Uno de los pilares de la hegemonía mundial de EEUU es su fortaleza financiera. Esta posición de predominio tiene su expresión más concreta en el dólar, que hasta ahora ha sido la moneda universal aceptada en todos los rincones. Un enorme volumen de las transacciones internacionales se cotiza y realiza en dólares. Por eso, si la moneda pierde valor también se desvalorizan las mercaderías transadas.
Dicho de otra forma, los países que quedan con grandes volúmenes de dólares en sus manos pierden a medida que éstos se devalúan. China y algunos productores árabes de petróleo están inundados con dólares. Es comprensible, por lo tanto, que estén nerviosos sobre el futuro de la divisa norteamericana, que en los últimos seis meses ha perdido 11,5% de su valor si se la pondera en términos del comercio internacional. La caída del dólar tiene su correlato opuesto en el alza del oro a niveles récord.
Los analistas financieros señalan, desde hace años, que el dólar cesará en su rol de divisa de reserva mundial. Nadie duda que ocurra, pero la clave es cuándo. Ken Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard, señala: "La crisis financiera probablemente ha adelantado el día en que el dólar ya no será dominante, pero probablemente de 75 años a 40 años".
El estadounidense Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, es menos optimista que su compatriota Rogoff, y señaló esta semana en Estambul: "Uno de los legados de esta crisis podría ser un reconocimiento de un cambio en las correlaciones de fuerza del poder económico". Zoellick advirtió que: "EEUU podría estar en un error si da por garantizado el lugar del dólar como la divisa predominante en las reservas". Como cabe esperar, el mensaje de las autoridades norteamericanas busca apaciguar los mercados financieros. Lo último que necesitan, en medio de los problemas actuales, es una corrida contra su moneda.
Los movimientos para destronar al dólar ya se observaron en la reunión del G-20 en Londres, en abril pasado. Varios países, entre ellos China, Rusia, Japón, Francia y algunos productores árabes de crudo, son partidarios de crear una canasta compuesta por varias monedas. Los europeos apuestan por el euro, los rusos por el rublo, los chinos por el yuan, Japón por el yen y los árabes por el oro o una divisa unificada. Otra propuesta en la misma línea es crear un sistema equivalente a los derechos especiales de giro del FMI. En la actualidad, la canasta del Fondo es calculada a partir de la cotización del dólar, el euro, el yen y la libra esterlina.
El paso más audaz en el cambio de divisa fue dado por Irán, el mes pasado, cuando anunció que abandonaba al dólar como su moneda de reserva para adoptar el euro. El último país que anunció una medida semejante fue Irak, que pocos meses más tarde fue invadido por EEUU y sus aliados más estrechos. Hay quienes creen que esta decisión contribuyó a precipitar el ataque. En realidad, la salida del dólar fue una de las medidas desesperadas de Sadam Hussein cuando probablemente la suerte ya estaba echada.
EEUU no sólo pasa por una situación económica compleja, sino que su capacidad de despliegue militar está comprometida. Esta realidad augura un aceleramiento de las tendencias centrífugas a nivel internacional. Un aspecto que algunos prefieren llamar multipolaridad. Para los países menores en la liga mundial, como Chile, esta nueva configuración es conveniente. El debilitamiento del dólar constituye un factor más en la estructuración de la nueva arquitectura internacional.