
Domingo 7 de febrero de 2010| por Tato Tagliani/ La Nacin Domingo
Instalado en Chiloé para dictar un pequeño taller de autoconocimiento sexual en el corazón de la localidad de Linao, comienzo a sacar mis primeras conclusiones sobre una humilde investigación en terreno que he intentado realizar.
Acá el tiempo ha estado como el forro. Llueve bastante y hay un viento de aquellos que se mete por todos lados. Además de hordas de gringos con chalas de espíritu aventurero, y en comparación con otros años, está claro que no anda tanta gente en la calle.
Empero, señoras maestras en freír pescado y/o regentas de hostales con baño compartido han resultado ser claves para visualizar lo que nos compete: el nivel de fogosidad carnal que se vive por estos lares.
El diagnóstico de las viejas sapas, es demoledor: juran que en cada forastero cohabita en su espíritu una especie de Trauco-con-ganas-de-tirárselas-a-todas.
Su primera conclusión: los mochileros, piquete de bárbaros que le dejan harta platita en el bolsillo, son una verdadera jauría de adictos al sexo.
"Cabros de porquería, vienen a puro chupar y a tener relaciones", desclasifican como buenas veteranas secas. "Saque la cuenta por qué nacen tantos niños en noviembre", añaden con sapiencia.
Ese punto, en un principio, me costó creerlo. Uno camina por las calles de cualquier pueblo de Chiloé, y es complicado percibir el deseo sexual del turista. Algunas niñas andan cochinas, andrajosas y sus galanes muy pero muy borrachines.
A simple vista la gente carretea, pero no se besa con pasión. Hay poco ponceo, poca lengua. Se toma mucha chela, se come harto marisco, un montón de curanto, pero se folla poco.
En todo caso, en los bares, que están siempre llenos, el escenario es totalmente opuesto. Lección uno: Hay varias españolas y colombianas coqueteándole a todo lo que se mueva y con deseos expresos de tener sexo.
Algunos chilotes aprovechan la coyuntura. Lección dos: La cosa sí que cambia cuando alguien se acerca a la farmacia de un pueblo X y solicita un bien tan preciado como escaso: el viejo y querido profiláctico.
¿Qué pasa? Simplemente y motivados por el verdadero y escondido apetito sexual, los mochileros, turistas y forasteros se los han llevado todos. Las viejas, al parecer, tenían razón.
Gracias al escaso uso de mi fiel tirita de condones del Doctor Simi, no he tenido mayores problemas, pero para algunos se ha convertido en un inconveniente.
La conclusión es casi general: como si ya no fuera triste tener que soportar el chirrido de todas las camas de la ciudad y la falta de privacidad con el vecino de la pieza de al lado, el no poder protegerse de las ETS ni prevenir traer al mundo una guagüita chilota, raya en la anormalidad y genera un verdadero problema de salud pública.
Por otro lado, y viéndole el lado bueno, este déficit ha abierto una ventana para estimular la creatividad.
Asumiendo el problema, las cuotas de masturbación con el compañero(a) se han ampliado y el uso del coitus interruptus comienza a ser nuevamente tomado en cuenta.
Esto, ya está dicho, conlleva un enorme placer para el varón si es que la retención ha sido sistemática y una enorme oportunidad para la mujer de integrar el fluido a la dinámica sexual.
"Pese a todo lo que haya que limpiar más tarde", según indican las señoras que han visto al detalle momentos íntimos de varias parejas de turistas.
Otra cosa. Y como parte de lo que le hablé a la gente de Linao para que imite ciertas prácticas del ardiente forastero. Quienes andan en carpa, también presentan una gran oportunidad para experimentar nuevas sensaciones.
Un dato maravilloso es ingresar junto a su pareja completamente desnudos al mismo saco de dormir y aprovechar de tocarse con el cuerpo, frotarse las piernas, e introducir los dedos en la boca del compañero.
Sumado aquello a una buena erección y gran lubricación, tendrá éxtasis seguro. Y los más ardientes recomiendan hacerlo en una carpa cerrada, bajo el sol de la tarde, y así transformar el cobertor en una especie de sauna lleno de sudores y olores.
¿Más? En la misma tienda se pueden intensificar las sensaciones físicas de la mujer. Enfocándose en la estimulación de su clítoris y hablándole en el oído para que ojalá ella emita palabras perversas mientras se le penetra posteriormente.
Por último, el hecho de compartir baño en el respectivo hostal en pos del ahorro es otra bella instancia para hacerlo de pie, en un espacio reducido y sin gastar ni mucha agua ni gas.
Quienes se inspiran y se las dan de Traucos chilotes (personaje mítico chilote, relacionado con un hombre enano y feúcho, chico de 84 centímetros y capacitado para desflorar a las mujeres que vaguen por el bosque patagónico) pueden realizar dos cosas: evitar embarazar a una mujer soltera como si fuera un deporte y concentrarse, aunque sea una vez, en postergar el placer personal y dárselo todo a su pareja.
Si posee disfunciones, vaya al doctor. Si su chica quiere estar arriba, inténtelo, relaje los músculos de los glúteos y deje que ella salte. Y por último, no pierda la oportunidad de regalarle gran sexo oral utilizando su lengua y al mismo tiempo, tres de sus dedos. Esto es lo que la está rompiendo entre los mochileros.
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