
Lunes 15 de marzo de 2010| por AGUSTINA SEIGUER
En tiempos de crisis como los que se viven hoy en Chile, la tecnología surge como una alternativa viable para acortar las distancias y mejorar las comunicaciones en un país con un territorio tan extenso. Por medio de soluciones de audio y video de alta definición, se contribuye a disminuir drásticamente los ruidos comunicacionales o las pobres señales que entregan los medios disponibles para conectarse cuando ocurren catástrofes de la naturaleza de un terremoto.
La telepresencia, que se define como estar en un lugar de forma virtual permaneciendo en otro de forma física, se convierte en una opción confiable para las instituciones de rescate. En el pasado, ya se han tomado nota de estas opciones, especialmente cuando ocurrió el atentado del 9/11 y el temor que produjo el brote de virus SARS.
Como ejemplo también podemos nombrar lo ocurrido el año 2009 en México, donde las autoridades de salud usaron la comunicación visual para manejar la grave situación que vivió aquel país producto del virus AH1N1. En abril y mayo de ese año, el Centro Nacional de Excelencia Tecnológica en Salud de México (Cenetec) utilizó la tecnología de las videoconferencias para comunicarse con mil 500 personalidades del área con el propósito de solucionar los problemas que la pandemia produjo.
Los hombres y mujeres de negocios están viendo cada vez más a la telepresencia como alternativa que ayuda a aumentar la productividad, reducir costos derivados de los viajes y mejorar su calidad de vida. De hecho, estudios recientes demuestran que el uso de este tipo de tecnologías disminuye el tiempo de llegada al mercado de un producto o servicio en 24%, mientras que se reduce hasta 30% el gasto de viajes en las compañías usuarias.
Sin embargo, esta tecnología tiene aplicaciones que abarcan más allá del rango empresarial. A través de ella, las instituciones rescatistas también pueden mejorar su conectividad, transformándose de esta forma en una herramienta de utilidad real para las personas que más lo necesitan.
(*) Agustina Seiguer, directora de marketing para América del Sur de Polycom