
Miércoles 3 de marzo de 2010| por Cristina Espinoza/ Cecilia Yez/ La Nacin
Dueños de casa armados para defenderse ante los saqueos, grupos entrando a robar tiendas argumentando la necesidad de alimentos, filas de automovilistas esperando llenar sus estanques de bencina, otros repletando carros de mercadería en el supermercado o desesperados por juntar agua, son sólo algunas de las situaciones que por estos días ha provocado la paranoia, el pánico y la sicosis colectiva posterremoto.
Condiciones normales tras un evento traumático, dicen los especialistas, que causan caos en la ciudad y que podrían evitarse manteniendo la calma y pensando fríamente.
La sicóloga Marcela Tarifeño, académica de la Universidad Mayor, explica que esto sucede "porque las personas quedamos vulnerables, con nuestras defensas más bajas, por decirlo de alguna manera, mucho más sensibles y temerosos, por lo que es más fácil creer las cosas que la gente comenta", dice.
Los rumores se creen más rápido y se expanden de la misma forma, generando un miedo generalizado de que ocurra algo que, muchas veces, es poco probable que suceda.
"Por eso se dice que es sicosis, porque es algo que no tiene mucho asidero, pero uno lo cree factible igual, como por ejemplo, que viene un nuevo terremoto, cuando hasta hoy sabemos que los terremotos no se pueden predecir", señala la académica.
Esto lleva a reaccionar tratando de aprovisionarse con anticipación, incluso en ciudades donde el fenómeno no ha causado demasiados cambios, y a protegerse en forma exagerada, recurriendo incluso a las armas, para defenderse de posibles saqueos.
Esta sensación de temor e inseguridad es normal frente a situaciones de emergencia y catástrofe, señala Lucía Godoy, sicóloga y docente de la Universidad Nacional Andrés Bello (UNAB).
"Cuando sabemos de saqueos en distintos lugares, la gente piensa que pueden venir otras personas, que no tienen nada, a quitarle sus cosas. Esa sensación se puede mediatizar con la intervención de fuerzas de orden, alguna autoridad que entregue la sensación de seguridad y protección que en tiempos normales no es necesaria", explica.
Las situaciones de organización espontánea e inmediata de personas que buscan defender lo suyo, ya sea por hechos concretos o rumores sin lógica ni orden claro, provoca -según la sicóloga de la UNAB- una situación de sicosis paranoica que puede transformarse en un foco importante de violencia.
"Por un lado está el lumpen y delincuentes que se aprovechan de la situación y por el otro, la gente que está con miedo a que los vengan a atacar, que se organizan y se sienten con poder. Eso, en cualquier momento puede desatar un caos, pueden sobrerreaccionar y responder frente a estímulos que tal vez no sean reales, con las armas que tienen", señala Godoy.
SAQUEOS Y VIOLENCIA
Alex Droppelmann, sicólogo-sicoanalista y académico de la Universidad Central, hace una distinción entre la sicosis colectiva que lleva las personas a actuar en masa, en muchos casos transgrediendo la ley, y quienes entran en un estado de paranoia, que los lleva a creer todo lo que escuchan, producto del miedo.
"La sicosis colectiva es un fenómeno de masas, Freud lo describió muy claramente; cuando las masas actúan como tal, se pierde la singularidad del sujeto, entonces muchas veces, cometen transgresiones y pasan las barreras de la reflexión mucho más fácilmente, porque la culpa queda compartida entre la masa", señala.
Esto explica por qué personas, que nunca han cometido un robo, son capaces de entrar a un supermercado y escapar con lo que encuentren.
"No le genera la culpa que le generaría si la encarara individualmente, porque queda de alguna manera compartida en la masa".
Se habla de sicosis colectiva en términos populares, no en términos siquiátricos, aclara el sicólogo.
"La gente se descentra y enajena y deja de ser un poco el mismo. Al estar descentrado, lleno de susto y angustia, sumergido en una masa descontrolada, que roba, que saquea, obviamente se enajena, enloquece y genera estas conductas disruptivas", explica.
La paranoia puede expresarse en la excesiva susceptibilidad al estímulo que ha causado el trauma, "en este caso, cualquier cosa que se le parezca a un movimiento sísmico hace que la gente reaccione exageradamente", dice Droppelmann.
También se presenta en las reacciones exageradas por conseguir alimentos o gasolina, o por defenderse.
Mostrarse agresivo frente al menor estímulo o quedarse pegado como si nada hubiese pasado, son también formas de expresar la fobia, todos traumas que no se acaban antes de dos semanas y que pueden durar meses.
"Es lo que sucede cuando eres mordido por un perro, por ejemplo, durante unos meses le tienes un miedo excesivo a los perros, pero después de esos meses esto empieza a pasar, empiezas a tener experiencias con perros que son más amables, en este caso empiezas a conocer lo que verdaderamente ocurrió, cuáles son los efectos esperables, los edificios que resistieron y los que no, cuáles son los lugares de resguardo y empiezas a adquirir nuevamente seguridad y eso calculo que antes de dos meses no va a pasar", sostiene el sicólogo.
Tarifeño señala que pasará una vez que se establezca la calma a nivel de la ciudadanía, "ahora estamos viendo los saqueos y hasta que no se restablezca el orden en ese sentido, la gente va a andar diciendo cosas, contando cosas, andarán todos como saltones, no va a ser menos de dos semanas".
SOLUCIÓN
Para poder resolverlo, es necesario que las personas restablezcan sus puntos de normalidad, dice Droppelmann.
"Se les ha movido el piso y han perdido un poco el amparo, la seguridad, hay que recuperar eso lo antes posible, barrer las cosas que se cayeron, restituir lo que hay que restituir, ojala tener los servicios básicos, volver a recuperar la familia, la sociabilidad, trabajar nuevamente", sostiene.
Otro camino es hablar sobre lo que le provoca miedo, "verbalizar lo que nos ocurre, poner en lenguaje el miedo y la angustia, lo que en cierta forma ayuda a conjurarlo", dice, pero si se transforma en una situación severa es necesario pedir ayuda a un especialista.
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CONSEJOS Ante un rumor, es preferible quedarse callado, analizarlo fríamente y pensar qué posibilidades ciertas hay de que suceda lo que le cuentan y por ultimo tomar las precauciones. No contarlo a viva voz ni frente a los niños, hay que tratar de actuar responsablemente, si va al supermercado a aprovisionarse, hágalo tranquilamente, no pensando en que se acabará la mercadería o se va a cortar el agua, comprar lo necesario y punto, dice Tarifeño |
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INFORMACIÓN DOSIFICADA PARA LOS NIÑOS Horas de información continuada a través de la televisión, la radio que se ha transformado en fuente permanente de información y diarios que dan muestras de la catástrofe en imágenes, no siempre son adecuadas para los niños. Por eso la sicóloga de la UNAB Lucía Godoy hace un llamado a la dosificación. "Los niños, según van creciendo deben ir tomando conciencia de la realidad y de las cosas que han pasado pero hay que dosificar la información que actualmente reciben. Que vean noticias un par de veces al día, en el horario tradicional de las noticias, pero no todo el día", recomienda. También es importante frenar los rumores que puedan escuchar de parte de otros adultos o niños y explicarles que la naturaleza es muy bella, pero que a veces ocurren situaciones como éstas. "No hay que infundirles miedo, pero se debe hablar claro para que ellos entiendan, que la naturaleza posee fuerzas más poderosas que las nuestras". Marcela Tarifeño, sicóloga infanto-juvenil, recomienda evitar los temas traumáticos con los niños o que escuchen rumores que puedan alarmarlos. "Si los adultos, que tienen mayor capacidad de discernimiento, no procesan y creen cualquier cosa, los menores con mayor razón se la va a creer toda, entonces se genera más angustia, más miedo y qué van a hacer los niños, no pueden hacer nada, quedan absolutamente impotentes", dice. |