Traje de sastre
Viven del aplauso del público, las luces y los brillos. Un día pueden ser Madonna, Edith Piaf o Cher y poco a poco el público gay friendly y hetero se enamora de sus performances o del personaje.
Carolina Bayly abre la puerta de su edificio del barrio universitario y su parecido a Madonna es extraordinario. Los mismos ojos, la misma boca y la nariz le dan ese qué se yo de la Reina del Pop. Pero su nombre verdadero tras su alter ego es Elías Figueroa, como el futbolista. Él, en el mundo de los transformistas, tiene el primer lugar en el pódium de los dobles de la cantante.
Comenzó doblando a Blondie y su cara finalmente se hizo conocida por su interpretación de Madonna, lo que le ha valido hasta entrevistas para el diario inglés The Sun. Los rumores dicen que, incluso, el mismísimo Pedro Almodóvar quedó tan sorprendido de su semejanza con la diva que mostró su interés de ficharlo para alguna de sus películas.
A los siete años, tratando de equilibrarse sobre los calzados de su mamá, a Elías le nació una fijación por lo femenino, pero sólo se lo pudo explicar en la adolescencia, cuando vestida de novia para unos amigos de Puente Alto, interpretó “Like a virgin”. De ahí, su performance pasó a la mítica discoteque Queen, de Plaza Italia. Eran los noventa, tiempos de tabú para el mundo gay nacional. Con su primer sueldo, Carolina confeccionó trajes más acabados y comenzó a estudiar en detalle los videos de Madonna, hasta convertirse en la número uno. Luego, se ganó su espacio en las discos Bokaras y la Bunker y hoy su show de Mado
nna le reporta ganancias de un millón de pesos.
“Estoy segura que Madonna sabe de mi existencia, al menos sé que alguien le comentó sobre mí en una entrevista”, dice en voz alta mientras confiesa que el real costo de su trabajo es el estigma de que a los transformistas los confundan con los travestis. Con su madre el tema no se toca. “Es distinto con mis tías que, cuando me ven en la tele, se quedan pegadas mirando orgullosas”, dice al contar que fue por la vida que eligió vivir que se fue de su casa a los 16 años.
La maestra
Paulette, quien cumplirá cuarenta años, lleva 14 imitando gestos, maquillajes y peinados de Tina Turner, Withney Houston, Edith Piaf, Liza Minelli y Michael Jackson. Pero su minuto más feliz es cuando suena, en francés, el tema “Non je ne regrette rien”. Allí , ella sí que es “El gorrión de París”.
Paulette ha apoyado a otros transformistas como Alexia y Ariadna Sodi, quien encarna a Thalía. “Cuando alguno de ellos vuela con alas propias da pena”, reconoce. Hoy, Paul Bichón, como se llama verdaderamente Paulette, trabaja en el bar Friends junto a Los hermanos Quintana.
Alexia, o más bien Alexis, fue pupila de Paulette. Tiene estructura para haber sido bailarín clásico, pero no, prefirió interpretar sobre el escenario “The shoop shoop song” como el doble de Cher. A Alexis lo descubrieron en una disco gay de Antofagasta, desde donde llegó a la discotheque Queen. “Recuerdo que me puse una peluca platinada hasta las caderas y todos me quedaron mirando”. La maquilladora que la descubrió, le retocó los ojos para darle más profundidad y la dejó igualita a Cher”. Para interpretarla se sirve de su nariz quebrada, sus piernas infinitas -esculpidas con el patinaje- y sus dos pelucas adoradas.
Para Alexis fue duro asumir su arte viviendo con un padre minero, machista y patriarcal que le demostró, con dureza, su rechazo a tener un hijo gay. “Con mi papá no me hablo, me discriminó por mi condición sexual y nunca más supe de él... quería que fuera periodista”, dice. Con su mamá la cosa no fue muy distinta, porque cuando descubrió su gusto por el transformismo, ella lo echó de la casa. Alexis no miró para atrás. “Luego supo que me había ganado un ‘Grace’, unos de los premios más importantes dentro del transformismo a nivel latinoamericano, y que me llamaron de Sony para ir a una entrevista como doble de Cheer... de algún modo, se sintió orgullosa”, afirma Alexis.
Como muchos de sus colegas, los gustos del niño Alexis fueron un viaje sin vuelta entre juegos con zapatos de la abuela y pantys a las que les cosía cintas de casete hasta trasnformarlas en bellas pelucas. “Parecía muñeca”, dice recordando a los viejos amigos que estallaban en carcajadas al verlo en ese personaje que lo hacía feliz. Alexia recuerda que, en ese tiempo, ya le gustaban los niños. Pero nada era tan importante como cuando sonaba la pista de “Believe” y ella, en calidad de Cher, se volvió la estrella de la noche. “Cuando me subo a un escenario pienso que son los últimos cinco minutos de mi vida. Si pudiera morir en medio de un espectáculo, lo haría. Lo más triste de esto es cuando se acaba el show... y lo más difícil de enfrentar es que te vean vestido de mujer y digan ‘mira el maricón pintado’. Nosotros somos artistas”.
Mujer, chilena y líder de las escuelas de Saint Paul...
MARCELA ESTIBILL
MINNEAPOLIS, ESTADOS UNIDOS