
Miércoles 21 de octubre de 2009| por Claudio Avendao Ruz, director magster en Comunicacin Universidad Diego Portales
Como probablemente les ocurre a muchos profesionales, académicos y trabajadores, cuando vemos una película o leemos un libro tendemos a fijarnos en aquellas situaciones que se relacionan con el propio quehacer. Conocido es, por ejemplo, el encono de los médicos por los errores que se muestran en las series televisivas que aluden a hospitales. Todo vale en la ficción, dirían los productores y guionistas.
Por mi parte he disfrutado -en este sentido- la novela de Hernán Rivera Letelier "La contadora de películas" (Alfaguara, Santiago de Chile, 2009). Se trata de la relación que tiene la niña María Margarita (autobautizada Hada Delcine) con las películas que ve y, especialmente, con la apropiación que hace de ellas. Además, se relata la llegada de la televisión en una oficina salitrera, como corresponde al escenario de las narraciones de Rivera Letelier.
Desde un punto de vista comunicacional, la novela -aunque sea ficción-, ofrece una visión que refuerza los actuales modelos sobre la relación de los individuos con los medios de comunicación. En primer lugar, se entiende claramente que la significación que tienen los medios masivos para las personas sólo se comprende en su contexto sociocultural, económico y, en este caso, el territorio en que transcurre el relato. La novela está escrita en tercera persona, lo que facilita visualizar que el sentido de las películas se relaciona tanto con las características del sujeto como el entorno en que vive.
En segundo lugar, se hace evidente el proceso de resignificación de las propuestas de sentido, en este caso de las películas. La protagonista se transforma (gracias a sus dotes particulares) en una contadora de películas de gran popularidad. Y lo interesante es que no sólo las cuenta tal cual las vio, sino que agrega elementos de criterio propio para hacer más atractiva la narración oral y gestual. Incluso, relata películas a pedido de personas mayores de filmes que nunca ha visto y que conoce por el título, tema y/o actores. Hada Delcine construye sus narraciones a partir de sus recursos, y según el interés y el mundo simbólico de quienes la escuchan.
Por otra parte, los imaginarios de que se nutren las películas -según el autor- devienen de universos simbólicos comunes entre quienes las producen y quienes las reciben. Hada Delcine lo dice así: "Yo digo que la vida perfectamente puede estar hecha de la misma materia de las películas ( ). Contar una película es como contar un sueño. Contar una vida es como contar un sueño o una película". Existe un relativo consenso de que la cultura constituye el espacio en que las significaciones van transformándose en objeto de sentido para los sujetos. Las convergencias y/o divergencias entre los grupos y sujetos generan dinámicas culturales, movimientos simbólicos que hacen que los sujetos vayan adquiriendo unas ideas de sí mismos y del mundo ("bajan" elementos desde la cultura); sin embargo, al mismo tiempo las personas son productores de símbolos y en una acción colectiva realizan propuestas culturales que pueden modificar este espacio ("subir" elementos culturales).
A lo anterior hay que necesariamente incorporar otros dos elementos macrosociales para entender los procesos comunicacionales y que pueden no estar explicitados en la novela: economía y poder. En el caso de la economía es evidente que las políticas comunicacionales definen las maneras en que se financian las industrias mediáticas, en la mayoría de los casos por sobre otros intereses, aunque obviamente esto es bastante más complejo, porque los medios no son autárquicos y necesitan de la "fidelidad" de los públicos para captar publicidad. Por otra parte, el interés de políticos, empresarios, religiosos y otros colectivos sociales revelan la omnipresente cercanía de la elite con los medios de comunicación, por su evidente capacidad para establecer agenda (agenda-setting) y, por tanto, influir en las conversaciones de la gente. Es una demostración del binomio poder-comunicación.
Obviamente existen otras novelas y películas que nos pueden ayudar a entender el mundo de la comunicación mediada por dispositivos tecnológicos, desde "La guerra del fin del mundo", de Vargas Llosa, sobre comunicación intercultural hasta "El mañana nunca muere", de la saga de James Bond, sobre la influencia de los grupos mediales en la generación de conflictos bélicos. En el caso de los documentales, "La ciudad de los fotógrafos" sobre la importancia de la imagen y el periodismo comprometido con la verdad.
Éstos, y otros casos, son siempre útiles para ayudarnos a reflexionar de los medios de comunicación y las tecnologías digitales, como parte de la industria cultural asentada de lleno en nuestra vida cotidiana, y que muchas veces ignoramos sin tomar plena conciencia de la centralidad que han adquirido.