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  Vientos nucleares en América Latina

  No es la primera vez, en los últimos tiempos, que autoridades brasileñas manifiestan que sería conveniente contar con armas nucleares. El general de ejército José Benedito de Barros Moreira proclamó, en noviembre de 2007, que Brasil podría requerir de bombas atómicas para defender su patrimonio.

Domingo 4 de octubre de 2009| por Ral Sohr / Columnista LND

Uno de los brillos de América Latina es no haber introducido la más letal de las armas de destrucción masiva: las bombas atómicas. Pero esta feliz condición es amenazada, al menos de palabra por el momento. La semana pasada José Alencar, Presidente en ejercicio de Brasil, pues el Primer Mandatario Luiz Inácio Lula da Silva se encontraba en Estados Unidos, declaró que un "arma nuclear utilizada como un instrumento de disuasión es de gran importancia para un país con quince mil kilómetros de fronteras". Alencar, que fue ministro de Defensa 2004-2006, abundó: "No estoy diciendo que Brasil va a hacer eso (fabricar armas atómicas)… estoy haciendo un análisis como brasileño. Si estuviéramos en esas condiciones ¿se imagina lo que sería Brasil? La respetabilidad del país crecería mucho. Existe esa frase que dice que la fuerza es el derecho y la justicia es el poder del más fuerte".

Las palabras de Alencar fueron dichas el jueves de la semana pasada. El mismo día que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pasaba una resolución unánime contra la proliferación nuclear. Todos los países presentes apoyaron la moción de Estados Unidos, en una reunión dirigida por el Presidente Barack Obama, que además llamaba a trabajar por el desarme y reducir el riesgo del "terrorismo nuclear".

No es la primera vez, en los últimos tiempos, que autoridades brasileñas manifiestan que sería conveniente contar con armas nucleares. El general de ejército José Benedito de Barros Moreira proclamó, en noviembre de 2007, que Brasil podría requerir de bombas atómicas para defender su patrimonio. El general brasileño en su condición de secretario de Política, Estrategia y Relaciones Internacionales del Ministerio de Defensa, dijo que contar con semejantes armas se justificaría dado que Brasil es el blanco de codicia internacional, pues en su opinión: "El mundo carece de agua, energía, alimentos y minerales. Brasil es rico en todo eso". Moreira declaró en un programa televisivo que "nosotros debemos tener en Brasil la posibilidad futura, si el Estado así lo entendiera, de desarrollar un artefacto nuclear. Ya que no podemos quedar ajenos a la realidad del mundo".

El general no elucubró sobre los peligros que acechan a su país, pero avanzó que "estamos captando en el área sudamericana puntos de tensión que se pueden desarrollar y que deben ser observados y acompañados". No dejó mucho espacio a la imaginación dado que el Presidente venezolano Hugo Chávez venía de reafirmar la voluntad de desarrollar una capacidad nuclear, según lo estipulado por el Mandatario, para fines pacíficos. Venezuela ha estado en negociaciones con Argentina, Rusia y, más recientemente, con Irán en materia de cooperación nuclear.

El Presidente Álvaro Uribe no perdió la oportunidad para denunciar la situación: "A nosotros sí nos preocupa mucho, y no puedo dejar de decirlo, que se lleven para nuestro vecindario la guerra nuclear… Eso no lo podemos permitir de ninguna manera "¿Uribe está preocupado por las palabras de Alencar y los planes brasileños de construir un submarino nuclear? No, sus dardos apuntaban a Venezuela y sus acuerdos con Rusia e Irán. Chávez recogió el guante y, sin aludir en forma directa al Mandatario colombiano, advirtió que las acusaciones contra su país eran parte de una campaña para justificar agresiones futuras.

América Latina es una región pionera y ejemplar, pues en 1967 fue firmado el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, más conocido como el Tratado de Tlatelolco. Al año siguiente fue establecido el Tratado de No Proliferación (TNP) que entró en vigor en 1970, que establece que los países que poseen armas nucleares facilitarán tecnología para producir energía núcleo-eléctrica. A cambio los que aún no tiene estas armas se comprometen a no desarrollarlas. Los países con arsenales atómicos, por su parte, frenarán la carrera armamentista en este campo e iniciarán un desarme gradual. El tiempo ha revelado grandes falencias en la aplicación del TNP. Mientras los países no nucleares están sometidos a un sistema de inspecciones, llevadas a cabo por la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de Naciones Unidas, los países con tecnología nuclear no han estado tan dispuestos a compartirla. Tampoco se apuraron en el desarme. Esto contribuyó a que estados que estaban cerca de obtener sus bombas, como India y Pakistán, acelerarán sus esfuerzos y hoy dispongan de ellas.

Brasil tiene aspiraciones a ocupar un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas junto a Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia. Algunos de sus estrategas piensan que un artefacto nuclear les dará el ancho para codearse con las potencias. Un Brasil con armas atómicas constituiría una traición a la vocación de paz de Latinoamérica. Peor aún, representaría un peligro para sus vecinos, se convertiría en un blanco de otras potencias, sería un desincentivo a la integración ante una nación con ínfulas imperiales, y serviría de excusa para que otros transiten por el mismo callejón destructivo. Lo más probable es que Brasilia no tenga intenciones de abandonar el TNP o el Tratado de Tlatelolco. De entrada si aspirase construir armas atómicas tendrá que reformar su constitución que lo prohíbe en forma explícita. Los trasnochados sueños de grandeza sólo despiertan desconfianza. Brasil debe perseverar en su liderazgo democrático y constructivo.

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