
Miércoles 21 de abril de 2010| por Fernanda Donoso / La Nacin
El elogio ideal es el exagerado, el que da toda la vuelta y termina ahogando al elogiado en un mar de dudas: "Elogios criminales" se abre con la frase de un maestro de la maldición: Cioran. Dice que hay sólo una manera de alabar: atemorizar a quien se elogia. Sutilezas. Humor. Golpes de humor. Por su último libro, Julio Villanueva Chang -el brillante periodista peruano, creador de la revista Etiqueta Negra, y frecuente corresponsal del diario El País- recibe los más rendidos piropos de Juan Villoro y Savater. Es un mago del perfil. Se ha apropiado de ese género periodístico sin piedad. Es un dinamitero en la frontera de los géneros, como dice de "el señor K": Kapuscinski.
No se acerca mucho, físicamente, a sus personajes, y retrata a Kapuscinski ("Tenemos sólo unos minutos. Debo irme"); a Werner Herzog: ni más ni menos que el híper silencioso y alto y flaco y pálido Herzog, escabulléndose de la curiosidad de Villanueva en el archivo del diario El Comercio de Lima, y llevando, al parecer, la mochila de Bruce Chatwin (el hombre que no podía quedarse en su casa) en la espalda, y además una historia de aviones caídos y selva omnívora. Retrata a García Márquez, pero sólo mediante su dentista, y también a Apolinar Salcedo, el alcalde ciego de Cali (la salsera y violenta ciudad colombiana se conoce como "la sucursal del cielo"). "Quienes lo eligieron buscaban un Mesías. Y Apolinar Salcedo no hacía milagros".
Al final, como una guinda cósmica, una frutilla láser, está la historia de Ferran Adrià, el máximo chef del mundo, el top one. ¿Un cómico culinario, un genio del fuego, un loco de patio?
"Si los cocineros fueran caníbales, todos saldrían a cazar la cabeza de Ferran Adrià". Villanueva va a su restaurante, el divino (aunque uno no tuviera idea) Bulli. Un millón de personas al año pide reserva, y muy pocos la consiguen. Villanueva se somete a cinco horas de un desfile de platos imposibles. Lo cuenta ma-gis-tral-men-te (como escribiría él mismo). "A veces pienso que mi vida es una entrevista interminable". La carta del chef es "el catálogo de una delirante subasta de arte comestible". "Pomada de cacahuate con tostadas a la miel (en chisguete de pasta dental). Oreja de conejo frita (crujiente y sin despertar piedad). Dos metros de spaghetti al parmesano (viene sin la cinta métrica)". ¿Terrible? Hay gente que llora de emoción al entrar al Bulli. La mayoría de los que quieren ir, no entrarán jamás.
ELOGIOS CRIMINALES
Julio Villanueva Chang
Literatura Mondadori / Random House Mondadori
Santiago, Chile, 2010
249 páginas