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Visiones contradictorias de un futuro controlado por computadores

Visiones contradictorias de un futuro controlado por computadores

Los billones de dólares en ventas mundiales de tecnología informática exceden de lejos a las de otros sectores industriales clave como el químico-farmacéutico y el automotor. Al mismo tiempo, se están perdiendo más y más puestos de trabajo en las industrias tradicionales.

Jueves 8 de marzo de 2012| por Markus Dettmer, Hilmar Schmundt y Janko Tietz

Artículo sindicado desde nuestro medio asociado RDO_icono

Federico Faggin ha vivido en Estados Unidos por más de 40 años, pero sigue viviendo la dolce vita en un clásico estilo italiano en su magnífica casa en el borde de Silicon Valley. Todo en él es auténtico. La única cosa artificial en su mundo es lo que él llama su “nena”, que reposa envuelta en algodones en una caja de cigarrillos.

Hace unas cuatro décadas, Faggin era uno de los primeros empleados de Intel cuando él y su equipo desarrollaron el primer microprocesador de producción masiva del mundo, el componente que se convertiría en el corazón de la era moderna.

Hoy, los sistemas computacionales son ubicuos. Lo controlan todo, desde los teléfonos móviles hasta los aviones Airbus y las plantas de energía nuclear. La pequeña creación de Faggin hizo posibles nuevas industrias y ha desempeñado un rol clave en los avances de las últimas décadas. Pero hasta el hombre que desencadenó esta revolución masiva está lentamente comenzando a cuestionar sus consecuencias.

“Estamos viviendo la alborada de una nueva era”, dice Faggin. “Empresas como Google y Facebook no son sino una serie de microprocesadores, mientras el hombre se está convirtiendo en una figura marginal”.

velocidad del progreso

En su libro Las Luces en el Túnel: Automatización, Tecnología en Aceleración y la Economía del Futuro, el científico computacional estadounidense Martin Ford describe un cuadro sombrío. Sostiene que el poder de las computadoras está creciendo tan velozmente que serán capaces de operar sin ninguna participación humana en algún momento del futuro.

Ford cree que un desempleo del 75% es una posibilidad para antes que termine el siglo. “El progreso económico significa a la larga la capacidad de producir cosas a un menor costo financiero final y con menos mano de obra que en el pasado”, dice el sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Dice que, como resultado, el aumento de la efectividad va de la mano con un mayor desempleo, y los desempleados se convierten simplemente en “desperdicios humanos”.

Del mismo modo, en su libro Carrera contra la Máquina, Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, académicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), sostienen que por primera vez en su historia el progreso tecnológico está creando más empleos para las computadoras que para las personas.

industrias y vidas

En efecto, el sector de la tecnología de la información se está haciendo cada vez más importante. En los 34 países de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD), el club de las naciones industrializadas, unas 16 millones de personas trabajan en este campo, una cifra que no incluye a importantes países fabricantes como India y China.

Los billones de dólares en ventas mundiales de tecnología informática exceden de lejos a las de otros sectores industriales clave como el químico-farmacéutico y el automotor. Al mismo tiempo, se están perdiendo más y más puestos de trabajo en las industrias tradicionales.

Según Brynjolfsson y McAfee, la más reciente crisis económica en Estados Unidos y el colapso de muchos mercados en 2008 obligaron a las empresas estadounidenses a hacer despidos masivos. Pese a que la producción había regresado a los niveles previos a la crisis a fines de 2011, lo hizo con 7 millones de trabajadores menos.

La nueva tecnología está sacudiendo a todas las viejas industrias, cambiando sus productos, revolucionando los procesos de trabajo y transformando a las empresas. La digitalización no sólo está cambiando el trabajo: también está alterando profundamente la forma en que las personas piensan, actúan y viven en sus vidas diarias.

Eliminando ineficiencias

Un auto fantasma circula por las calles de San Francisco. Un Toyota Prius común y corriente color verde menta avanza por las abruptas curvas cuesta abajo al final de la calle Lombard. Pero no lleva conductor. En cambio, hay numerosas cámaras instaladas en el Toyota que escanean el entorno en todas las direcciones.

Procesadores calculan cuán lejos del vehículo están los obstáculos, las luces de los semáforos y los peatones y, en base a esta información, envían órdenes a palancas que empujan el acelerador, presionan el freno y accionan el volante. Es un auto que esencialmente se ha enseñado a sí mismo a manejar.

El vehículo es parte de una revolución encabezada por un equipo de 15 investigadores en la sede central de Google en la ciudad de Mountain View, en Silicon Valley. El equipo es dirigido por el alemán Sebastian Thrun, profesor desde hace 8 años de inteligencia artificial en la universidad de Stanford. Thrun está trabajando en una visión del automóvil del futuro, en la que ya no será necesario ser propietarios de los autos.

Thrun dice que el auto promedio pasa solamente 3% de su vida en movimiento y está quieto sin hacer nada el 97% del tiempo restante. Agrega que en la calle promedio sólo se usa el 4%  de su capacidad y, sin embargo, se están constantemente construyendo calles nuevas. “Se trata de eliminar las ineficiencias de la sociedad”, dice Thrun.

control a las computadoras

¿Por qué no desarrollar entonces un auto al que se le den órdenes por celular y que llegue por sí mismo, controlado por computadoras? ¿Por qué no controlar el flujo vehicular de una manera inteligente y automatizada que reduzca la congestión? El ejemplo del automóvil dice mucho acerca de los temas de la libertad y de la pérdida de control en la era digital. El error humano puede tener consecuencias dramáticas en  los caminos.

En el mundo occidental los accidentes de tránsito son una de las causas más comunes de muerte.  “La tecnología es superior a los seres humanos”, afirma Thrun. Sostiene que los autos debieran ser autónomos, pero que también debieran aprender y comprender las normas viales y reconocer cuando otro auto o un obstáculo aparece inesperadamente en la calle. En opinión de Thrun, los autos debieran ser inteligentes, es decir, artificialmente inteligentes.

No le preocupa que esto signifique permitir que las máquinas controlen a las personas y las priven de su autonomía. Bajo ciertas condiciones climáticas, en Estados Unidos no se les permite a los pilotos aterrizar sus aviones por sus propios medios. En este caso, Thrun dice que la máquina ya ha reemplazado al ser humano. “Significa eso, entonces, que ya no viajemos más en avión?”, pregunta.

cuatro ruedas

El auto de Google todavía no está listo para su producción en masa. Ha recorrido ya más de 160.000 kilómetros por caminos públicos de Estados Unidos y el uso de esos autos autónomos está actualmente permitido bajo ciertas circunstancias en el estado de Nevada. Por su parte, Volkswagen está desarrollando una van que se maneja sola y que recibe órdenes por celular.

Lo cierto es que los automóviles han sido computadoras rodantes desde hace ya cierto tiempo y los nuevos vienen equipados con docenas de procesadores. Si se lo permitiéramos podrían utilizar tecnologías de reconocimiento facial para determinar quién está conduciéndolo y un escáner de iris para detectar la fatiga del conductor.

También podrían ser programados para desacelerar automáticamente y cumplir con los límites de velocidad. El hecho de que nada de esto esté ocurriendo ahora tiene que ver con la pregunta relativamente banal de quién es legalmente responsable cuando algo sale mal: ¿el fabricante del auto, el fabricante del chip o el conductor? (…)

computadoras a cargo

Difícilmente haya otra área que la digitalización ha cambiado tan dramáticamente en los últimos años como los mercados financieros. Desde la instalación de las primeras Bolsas en la Edad Media, la velocidad ha sido la medida de todas las cosas. Hoy, los mercados financieros consisten en una red digital en la cual las máquinas se comunican con máquinas.

El pestañeo de un ojo humano demora unos 150 milisegundos. Las computadoras de las Bolsas alemanas pueden emir cerca de 300 órdenes en el mismo lapso de tiempo.

Ganadores y perdedores

Un estudio del gobierno británico sobre el futuro de las transacciones computarizadas concluye en que los mercados financieros están al borde de cambios radicales y predice que la cantidad de operadores declinará drásticamente en la próxima década.

“El simple hecho es que los humanos no estamos hechos de un hardware que es demasiado limitado en banda ancha, y demasiado lento, para competir con las olas de tecnología computacional que vienen”, dice el estudio.

La vida en el mundo digital no solamente cambia nuestras conductas; también cambia la forma en que aprendemos y pensamos. Los niños están creciendo en un mundo donde las distinciones entre la vida real y la simulada, así como entre máquinas, seres humanos y animales, están empezando a desaparecer.

¿Quién está jugando con quién?

Con ventas de unos 70 mil millones de dólares, la industria de los juegos computacionales ha pasado a ser un importante sector económico global. El diseñador de software Torsten Reil es considerado por la MIT Technology Review entre los 100 innovadores más importantes del mundo. Reil revolucionó el mundo de las películas.

Actualmente, los juegos y sus interfaces de usuario han entrado en casi todos los sectores de la economía. Por ejemplo, autos como el híbrido Honda Insight muestran flores y medallas en una pantalla como recompensas por una conducción energéticamente conciente. La empresa de investigaciones de mercado Gartner predice que, en pocos años, la importancia económica de la publicidad basada en juegos será similar a la que hoy tiene Facebook. Pero en el siglo XXI la verdadera pregunta es: ¿quién exactamente está jugando con quién? (…)

ajustes políticos

Esto también se aplica particularmente a la política. La digitalización ha estado cambiando desde hace más de 40 años la vida diaria, la riqueza, el trabajo, la forma de vivir, el amor y la recreación. Pero el mundo político no ha logrado ponerse al día cuando se trata de crear reglas básicas adecuadas, leyes, supervisión y administración de los cambios. (…) Es así como, mientras nosotros descargamos  música y hacemos nuestras operaciones bancarias online, y las computadoras controlan fábricas enteras, los gobiernos simplemente están desarrollando proyectos de ley.

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