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  Y… ¿quién tiene la batuta?

  Se nos plantea una re-visión de la política de comunicación en función del entorno de este nuevo siglo y de las transformaciones nacidas por la digitalización del sector.

Miércoles 11 de noviembre de 2009| por Claudio Avendao, director magster en Comunicacin Universidad Diego Portales

Hace algunos días se realizó un encuentro entre diversas organizaciones de la sociedad civil relacionadas con el mundo audiovisual para conversar y hacer propuestas sobre el proyecto de televisión digital terrestre (TDT) que se analiza en el Congreso. De ese intercambio emanó un Decálogo Ciudadano sobre Televisión Digital (www.ciudadaniatv.cl) que plantea demandas y temas que necesitan ser atendidos en el debate público. Resulta alentador constatar el interés de este sector de la ciudadanía por ser parte activa de una discusión que, como muchas otras, no convoca ni conmueve al público. La tecnificación de la política tiene este efecto perverso.

De los puntos planteados, destaca la necesidad de traspasar al Consejo Nacional de Televisión (CNTV) la asignación de concesiones de televisión, aunque esto puede aparecer como un juego burocrático con poco significado para las personas. Sin embargo, no parece muy razonable que se adjudique a un organismo técnico, como la Subsecretaría de Telecomunicaciones, la asignación de señales. No hay que circunscribir el asunto a una mera transmisión de "señales", porque sabemos que es mucho más que una decisión "técnica". La televisión es mucho más que eso.

Así lo ha entendido el propio CNTV, que ha demostrado, en especial en las últimas dos décadas que, conociendo los avatares de la industria, es un agente dinamizador del sector vía fondos de fomento. Y no se ha quedado solamente en estas acciones, las investigaciones que realiza constituyen -cuantitativa y cualitativamente- el foco de estudios audiovisuales más importante del país. Así también ha incursionado con éxito en la difusión y producción televisiva de carácter educativo (Novasur TV Educativa) y, recientemente, con una iniciativa en educación de medios. Probablemente la ciudadanía sólo percibe la función fiscalizadora de contenidos, un punto siempre polémico.

El CNTV debe (y puede) asumir los desafíos de este nuevo estado de la televisión en Chile, especialmente con la digitalización. Tiene la experiencia y la institucionalidad para hacerlo.

La digitalización de la TV implica también la posibilidad de darle otros usos a la televisión debido a su carácter interactivo, por ello es indispensable potenciar la relación de los sujetos con los servicios públicos en el ámbito de la salud, educación, vida comunitaria/municipal, entre otros. Este aspecto debe desarrollarse e incluirse en la ley, lo que permitiría a muchas familias relacionarse de mejor manera con el Estado y acceder a beneficios, en definitiva, interactuar de forma más eficiente. Este reto conlleva además una mayor activación de la vida ciudadana en su diálogo con las instituciones públicas; no obstante, esto también debe promoverse mediante un programa educomunicativo que forme a las personas, de modo de incrementar la acción ciudadana. Es valorable el esfuerzo realizado de parte de los organismos públicos por digitalizar su relación con las personas para incrementar la calidad del trabajo que ejercen. Aunque igual tenemos un déficit en la participación ciudadana que las TI, en conjunto con un programa formativo, pueden ayudar a mitigar.

También se plantea un rol más protagónico a Televisión Nacional como institución de servicio público. Debemos erradicar cierta manera de entender la televisión restringida a un aparato que transmite programas, ya deberíamos tener claro en estos 50 años de televisión en Chile que este medio es un espacio simbólico en que se desarrollan prácticas comunicativas referidas a las propuestas audiovisuales. La TV y los medios masivos, por cierto, son los grandes narradores de este siglo, nos cuentan en qué estamos como sociedad, y desde estos relatos generamos conversaciones privadas que nos sirven para entender nuestras vidas contextualizadas en el mundo. La televisión no es una caja, ni una máquina registradora de ingresos y egresos. En este sentido hay que ampliar el paisaje de la televisión pública, tal como lo han hecho organismos del Estado como el referido Consejo Nacional de Televisión.

Todo lo anterior nos plantea una re-visión de la política de comunicación en función del entorno de este nuevo siglo y de las transformaciones nacidas por la digitalización del sector. Los conceptos usados a principios de los años noventa han sido erosionados por los cambios culturales, sociales y técnicos: hay que volver a pensar el tema.

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