25 Septiembre 2022 16:38
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IPoM: Banco Central proyecta que IPC termine en 12% a fines del 2022

La entidad emisora prevé que el Índice de Precios al Consumidor recién se empezará a contraer en 2023, para volver a valores cercanos al 3% para comienzos del 2024.

El Banco Central entregó su Informe de Política Monetaria (IPoM) correspondiente al tercer trimestre de este año, en donde volvió a aumentar su proyección respecto a la inflación que afecta al país y que mantiene el alza en el costo de la vida.

La entidad emisora prevé que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) recién se empezará a contraer en 2023, para volver a valores cercanos al 3% para comienzos del 2024. Proyectó que 2022 finalizará con una inflación del 12%, aumentando la predicción frente al 9,9% estimado en el IPoM de junio.

Además, la proyección del PIB pasó de 1,5% a 2,25% a ser de 1,75 a 2,25% para este año, mientras que para 2023 se redujo y pasó de 0% a -1% a ser de -1,5 a -0,5%. En tanto, para 2024 se mantuvo entre 2,25% y 3,25%.

Respecto a la inflación, el organismo indicó que “en los últimos meses continuaron destacando los aumentos de los precios de los alimentos —volátiles y no volátiles—, que explicaron casi un tercio de la inflación anual a julio. La inflación subyacente —IPC sin volátiles— subió hasta 10% anual, donde resaltó la mayor contribución de los servicios y los alimentos no volátiles”.

“El alza de la inflación total nuevamente superó lo previsto.
Tal como en junio, la sorpresa se concentró en los precios volátiles y los alimentos no volátiles”, añadió, sumando que “la inflación acumulada entre marzo y abril —3,3 puntos porcentuales— fue significativamente superior a lo previsto en el IPoM de marzo”.

El Banco indicó que “la descomposición de la sorpresa muestra que más del 90% de la diferencia provino de aumentos mayores a los previstos de alimentos, energía y otros componentes volátiles. Así, entre diciembre y abril, el precio de los alimentos —volátiles y no volátiles— incluidos en el IPC acumuló un alza de 10%, que se sumó al incremento de 7,7% en los precios de la energía y se compara con el aumento de 3,8% en la inflación subyacente descontados los alimentos no volátiles”.

Frente a 2023, el ente rector remarcó que la inflación proyectada en promedio es de cerca de 1 punto porcentual (pp) más alta que en junio, “reflejando un TCR que se ubica entre 3 y 4% por sobre el nivel promedio del segundo trimestre”.

“Además, se supone que este permanecerá en niveles más depreciados a lo largo de todo el horizonte de proyección, finalizando dicho período por sobre su promedio de los últimos quince o veinte años”, añadió.

También informó que “la proyección considera mayores efectos de segunda vuelta e indexación, reflejo de la mayor persistencia inflacionaria. Los niveles actuales y la evolución anticipada del tipo de cambio son factores importantes detrás de la corrección de las proyecciones de inflación en el horizonte de política, que más que compensa la reducción de precios internacionales de combustibles, alimentos y otras materias primas”.

De esta manera, indicó que “en la proyección, la inflación anual del IPC culminará 2023 en torno a 3,5%, llegando a 3% hacia el tercer trimestre de 2024”.

Sobre la tasa de interés, la institución presidida por Rosanna Costa advirtió que “los próximos movimientos de la tasa dependerán de la evolución del escenario macroeconómico y sus implicancias para la convergencia de la inflación a la meta. El Consejo permanecerá especialmente atento a los riesgos al alza para la inflación, tanto por el elevado nivel que ésta ha alcanzado como por el hecho de que las expectativas de inflación a dos años plazo siguen por sobre 3%”.

Luego señaló que el problema inflacionario internacional ha provocado reacciones más agresivas de las políticas monetarias, con la Fed de Estados Unidos llegando al 12%: “En un evento como este se observaría un fuerte deterioro de las condiciones financieras y del crecimiento mundial, con descensos marcados de los precios de las materias primas y una apreciación mayor del dólar”.

“En un escenario donde la inflación interna y las expectativas permanecen elevadas, la depreciación adicional del peso haría necesaria una respuesta de la política monetaria más restrictiva que la del escenario central. Lo mismo ocurriría si, independiente de las presiones de costos del escenario externo, la dinámica inflacionaria local fuera más persistente producto de las elevadas expectativas inflacionarias de mediano plazo de hogares y empresas”, complementó.

En contraste, la presiones inflacionarias bajarían más rápido si “la contracción de la actividad y la demanda es más intensa, producto de un ajuste más rápido del consumo privado y/o una mayor debilidad de la inversión, lo que también afectaría negativamente el desempeño del mercado laboral. Tampoco puede descartarse que en el escenario externo”.

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