“Los Bunkers” y “Manzana”: La reivindicación de dos discos injustamente infravalorados

La reedición de los álbumes más desconocidos de dos de las bandas más importantes a nivel nacional, como son Los Bunkers y Los Prisioneros, marca el renacer de obras que fueron incomprendidas en su momento y que el tiempo se ha encargado de devolver su valor.

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Recientemente se dio a conocer la reedición en vinilo del primer disco de Los Bunkers (del mismo nombre) y el último de Los Prisioneros, “Manzana”. Con esto dando nueva vida a dos álbumes que en su momento, por distintas razones, no lograron impactar de lleno en la audiencia.

¿En qué contexto fueron lanzados? ¿Por qué fueron subvalorados en su momento? La Nación hace un repaso de ambos trabajos, enfatizando en su alto valor como propuesta artística y legado.

“Los Bunkers”: La primera huella que se fue borrando por el éxito futuro

En abril de 2001 salió a la venta la primera placa de Los Bunkers, banda que se instalaría de lleno en la escena musical local durante más de una década, incluso logrando una exitosa internacionalización que llegó a su fin en 2014 (año en que sus integrantes anunciaron un receso que se ha alargado hasta nuestros días).

Eran años complejos para las agrupaciones chilenas. La crisis de la industria discográfica nacional ya se percibía -sin ir más lejos una década después llegaría a su fin su mayor símbolo: la Feria del Disco-, pero en el caso de Los Bunkers esta problemática incluía un ingrediente negativo extra: ser un grupo con un estilo para muchos parecido al de Los Tres, y vivir con ese estigma durante sus primeros años.

Y la verdad es que fue injusto que los hermanos López, Durán y Basualto hayan tenido que cargar en sus inicios con este calificativo verdaderamente innecesario, porque lo cierto es que su propuesta iba por un lado absolutamente distinto.

Así, en medio de injustas comparaciones y rótulos, Los Bunkers se fueron reinventando una y otra vez a lo largo de su vida artística, tratando de hallar un estilo único y fórmulas nuevas (que incluso pasaron por versionar a un trovador de culto como Silvio Rodríguez en “Música Libre” de 2010). No obstante, esta incesante y fructífera búsqueda hizo que su álbum homónimo terminara quedando lamentablemente casi en el olvido frente al éxito que comenzó con “Canción de lejos”.

Lo cierto es que este es un gran disco al cual se le debe poner especial atención. Los buenos temas sobran y ya transmiten el sentido estético que la agrupación iría elaborando y potenciando con el paso de los años.

“El detenido” y “Papá no llores más” aparecen como críticas sociales descarnadas y llenas de congoja aludiendo a una autoridad opresiva (ya sea militares o policías); mientras que el resto varía entre las composiciones pegajosas y bailables -como “Fantasías animadas de ayer y hoy” y “Yo sembré mis penas de amor en tu jardín”– y temas que hablan de soledad, pasados turbulentos y desamores. Una mezcla perfecta de dolores personales que explora diversos ámbitos de la vida.

Este es un punto clave en la propuesta, y quizás sea el gran mérito del estreno discográfico de López y compañía: lograr una real identificación con sus oyentes sin acudir a actores específicos ni casos particulares. La rabia y pesar de sus letras es clara, pero tan poco específica que puede ser bien recibida por cualquier oyente. No hay ataques ni alusiones directas, pero sí todo lo que estas conllevan, lo que hace de “Los Bunkers” un trabajo realmente universal y para todas las edades y estados de ánimo.

Sin duda, la gran joya aquí es “Entre mis brazos, pieza que merece un mejor sitio dentro de la memoria colectiva que varios éxitos posteriores menos complejos en su manufactura. Más allá de su sentida letra, la parte instrumental de este single (que apareció como un aperitivo de lo que vino después con “La Culpa” de 2003, rescatando elementos de la Nueva Canción Chilena) bien puede ser catalogada como uno de los puntos más altos del grupo en toda su carrera.

Hemos de esperar que esta reedición en vinilo, a salir próximamente, logre la ansiada reivindicación de un álbum debut espectacular, y lleno de discursos y frases que no se vieron plasmados con el mismo tono (para bien o para mal) posteriormente en la agrupación. Ojalá ocurra así, porque sus canciones suenan mejor que nunca a casi veinte años de su lanzamiento, y eso es meritorio en una sociedad que va cambiando constantemente.

“Manzana”: El disco que se negó al olvido

Decir que el álbum “Manzana” de Los Prisioneros puede ser considerado como una especie de propuesta solista de Jorge González es entendible, pero ante todo redundante, considerando que de las 68 canciones que incluyen los seis trabajos de estudio de la banda, 63 fueron escritas y compuestas por el cantautor.

En este sentido “Manzana” apareció como una placa incluso más personal que su predecesora de 2003, y mucho más enraizada a la figura y conflictos personales de González. El disco estuvo centrado en sentidas canciones de amor, un cóver de Devo, alegorías sexuales, un tema dedicado a Claudio Narea (“Acomodado en el rock and roll”) y, ante todo, al buen momento que atravesaba el vocalista con su pareja de entonces, Loreto Otero. Eso además de dos potentes tracks políticos, como “Mr Right” y “El Muro”.

El álbum fue lanzado en agosto de 2004, a poco menos de un año de la salida de Narea del grupo y con la presencia en guitarras de Gonzalo Yáñez y Coty Badilla, logrando una considerable cantidad de ventas, pero sin tener el impacto de sus predecesores.

Salvo alguna que otra excepción, la placa fue catalogada en forma positiva por la prensa especializada. Si bien algunos medios cuestionaron el nuevo estilo adoptado por la banda (más rockero que el disco homónimo de 2003, y sin acudir demasiado a la crítica política), periodistas como Marisol García de El Mercurio valoraban las composiciones más personales, como “Eres mi hogar” y “Te amo”.

Parecía que a nivel de propuesta todo iba bien encaminado, pero la decisión de la agrupación de centrar la promoción del disco en Perú, México, Canadá y Estados Unidos, afectó notablemente en su impacto a nivel local. De hecho, en esa época González y compañía realizaron una muy corta gira nacional por regiones y sólo dos presentaciones en Santiago (una en el Teatro Providencia, y otra en el Estadio Santiago Bueras de Maipú junto a los argentinos G.I.T).

Lo cierto es que “Manzana” está llena de composiciones que en los siguientes 16 años quedaron en el inconsciente colectivo de los fanáticos del grupo y las nuevas generaciones, sobre todo por la apuesta de navegar por una gran cantidad de estilos sin ningún tapujo ni prejuicio. En este sentido, destacan grandes piezas como “Mr Right” (recién lanzada como sencillo promocional para la reedición), “El verdadero sexo”, “Te amo” (para muchos la mejor canción del álbum), “Eres mi hogar” y “Limpieza racial”.

Si bien es cierto tampoco estamos ante una obra maestra de Los Prisioneros -quizás para muchos hay una o dos canciones que no califican para entrar en el disco- también lo es que ninguna placa del grupo ha generado jamás un consenso absoluto en la gente (incluso la épica “Pateando Piedras” ha sido cuestionada por incluir “Una mujer que no llame la atención” dentro de un cúmulo de tracks socio-políticos que llenan estadios). En este sentido, el álbum asoma con un concepto mucho más coherente y mejor armado que “La Cultura de la Basura” de 1987 y “Los Prisioneros” de 2003.

Dos años después del lanzamiento de “Manzana”, Los Prisioneros anunciaron su separación definitiva, y tanto González como Tapia emprendieron proyectos propios. El vocalista vivió de todo luego de aquella separación: realizó un sinnúmero de colaboraciones con otros artistas, retomó su carrera solista, grabó discos electrónicos y en inglés, tocó en festivales a nivel nacional e internacional, y luego –de improviso- un grave problema de salud lo alejó para siempre de los escenarios.

Por lo mismo, a 16 años de su salida, “Manzana” aparece hoy en día como un registro histórico, vívido, y ante todo interesante en la discografía del cantautor y la banda con que marcó (y sigue marcando) la vida de mucha gente a nivel nacional e internacional.