Javier Jaque, socio Líder de CCL Auditores Consultores.
Cuando ya se aprobó en el Congreso la Megarreforma, donde vemos que los beneficios tributarios favorecerán a los grandes contribuyentes, cabe preguntarse ¿qué pasa con las pymes?
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ha señalado que se propondría un beneficio que confiere la tasa del impuesto de Primera Categoría al 12,5% de las pymes, donde inclusive se ha dicho que la tasa podría llegar a 0% con los créditos especiales por remuneraciones.
Luego de la tramitación de la ley nos damos cuenta de que tal beneficio por las remuneraciones se vio disminuido. Su aplicación quedó restringida únicamente a las remuneraciones vinculadas a empresas que presten servicios en la economía digital, siempre que dichos servicios hayan sido previamente calificados como exportación por el Servicio Nacional de Aduanas, sean contratados por entidades no residentes, se presten total o parcialmente desde Chile y sean utilizados en el extranjero.
Además, este beneficio estará sujeto a límites específicos. Por ello, no resulta correcto afirmar —como señaló el ministro— que la tasa efectiva para las pymes podría llegar a 0%, manteniendo una tasa de 12,5%, donde la ventaja comparativa respecto de las grandes empresas se ha ido reduciendo. Como consecuencia, las pymes enfrentarán una situación menos favorable que la observada en años anteriores, ya que el diferencial tributario respecto de las grandes empresas ha perdido parte importante de su efecto práctico.
En esa línea, si bien el proyecto busca incentivar la inversión mediante una reducción gradual de la tasa del Impuesto de Primera Categoría para las grandes empresas, sus efectos sobre la estructura competitiva del mercado merecen una reflexión más profunda.
Actualmente existe un cierto equilibrio económico entre los distintos regímenes tributarios. Las pymes acogidas al régimen Pro Pyme tributan con una tasa de 12,5% y sin restitución, mientras que las grandes empresas enfrentan una tasa de 27% con una restitución del 35%. La reforma modifica este escenario al reducir la carga tributaria de las empresas de mayor tamaño y eliminar la restitución, disminuyendo significativamente la brecha existente entre ambos segmentos.
Desde una perspectiva económica, esta situación podría traducirse en una pérdida relativa de competitividad para las pymes. En numerosos mercados, especialmente en el comercio y el retail, las pequeñas empresas compiten diariamente con grandes importadores y cadenas de distribución. Una menor diferencia en la carga tributaria podría fortalecer aún más la posición de los actores de mayor tamaño frente a quienes cuentan con menores economías de escala, menor acceso al financiamiento y una capacidad de inversión más limitada.
Sin embargo, el principal desafío parece encontrarse en otro punto: el abrupto salto tributario que enfrentan las empresas cuando dejan de ser consideradas pymes. Actualmente, aquellas compañías cuyos ingresos promedio superan las 75.000 UF durante los últimos tres años pierden los beneficios del régimen Pro Pyme y pasan a tributar bajo las reglas generales. En la práctica, esto implica transitar desde una tasa cercana al 12,5% a una de 23%, es decir, enfrentar prácticamente una duplicación de la carga tributaria.
Esta situación genera una paradoja. Todo emprendedor busca hacer crecer su negocio, aumentar sus ventas y expandir sus operaciones. Sin embargo, al superar determinados umbrales, el sistema tributario puede transformarse en un desincentivo al crecimiento, al imponer un cambio demasiado brusco en la tributación.
Por ello, resulta razonable preguntarse si no sería conveniente avanzar hacia un régimen intermedio para aquellas empresas que ya no califican como pymes, pero que aún están lejos de ser grandes compañías. Un tramo transitorio para empresas con ingresos superiores a 75.000 UF y hasta rangos cercanos a 150.000 UF permitiría una adaptación gradual a las nuevas exigencias tributarias, evitando que el crecimiento empresarial sea castigado con aumentos abruptos de impuestos.
La discusión cobra aún más relevancia si se considera que las pymes continúan enfrentando importantes dificultades de acceso al financiamiento. Los sistemas simplificados de contabilidad, que en teoría debían facilitar su operación, no han sido plenamente incorporados por la banca en sus modelos de evaluación crediticia. Como consecuencia, muchos de los beneficios esperados en materia de acceso al crédito no se han materializado.
Las pymes siguen siendo uno de los principales motores de la economía chilena. Generan una proporción significativa del empleo, impulsan el desarrollo regional y cumplen un rol fundamental en la dinamización de los mercados locales. En un contexto de bajo crecimiento económico y niveles de desempleo que vuelven a preocupar, resulta indispensable que las políticas públicas incorporen señales concretas que favorezcan su desarrollo.

Javier Jaque, socio Líder de CCL Auditores Consultores.