Con el frío, los cilios (vellosidades que recubren la vía aérea nasal y que actúan como barrera ante los agentes dañinos) pierden movilidad, lo que impide que controlen el paso de contaminantes, gérmenes y virus. Además, disminuyen su capacidad de calentar el aire para que llegue a los pulmones de manera adecuada.
Los ambientes muy calefaccionados hacen que se resequen las vías respiratorias y disminuya la mucosidad de la nariz, bronquios y pulmones, que actúan como barrera ante el ingreso de microorganismos. Cuando los virus ingresan a un organismo con menos defensa y con una temperatura mayor, se activan y pueden producir desde una gripe hasta un cuadro respiratorio de mayor relevancia.
Los trastornos inflamatorios de las vías aéreas, sumados a factores ambientales y genéticos, por ejemplo, pueden producir una condición de respuesta de las vías aéreas que conduce a episodios como: estornudos, secreción nasal o bronquial, tos y fiebre (temperatura axilar mayor a 38°C y 37,5°C en los recién nacidos).
Para hacer frente a las infecciones respiratorias debe seguir algunos consejos:
- Es recomendable tomar algunas medidas precautorias como evitar los cambios bruscos de temperatura que alteren las barreras del cuerpo ante gérmenes u otros, o el contacto de los niños con personas que se encuentren resfriadas, con gripe u otros cuadros.
- No exponerlos a ambientes contaminados con humo de cigarro.
- Ventilar el hogar diariamente y mantenerlo a una temperatura media.
- Aumentar el lavado de manos para evitar contagios en los niños y personas con las que esté en contacto.
- Mantener un adecuado nivel de humedad, ya que el ambiente seco agrava las enfermedades respiratorias al alterar las mucosas del sistema respiratorio.
- Cubrir boca y nariz al salir a la calle o a espacios libres, con el fin de mantener una temperatura interna estable que no modifique los sistemas de defensa del cuerpo.