Cuando se habla de redes sociales la primera idea que vendría a la mente es que son espacios de distracción y disfrute, conexión con otras personas y entornos donde se puede publicar momentos cotidianos. Pero, con el pasar de los años, este sector se ha visto fuertemente golpeado por discursos de odio, hostigamiento e incluso acoso hacia personas comunes, artistas, influencers o creadores de contenido y políticos.
Esto es conocido como hate y no es solo un fenómeno de usuarios enojados. Detrás puede existir una infraestructura técnica y económica diseñada para manipular emociones, destruir reputaciones y fracturar la interacción social.
Desde ESET, compañía líder en detección de amenazas, advierten que la proliferación de cuentas falsas y granjas de bots está alterando no solo el ambiente político, sino también la salud mental y la percepción de la realidad de las personas en su vida cotidiana.
Conociendo las granjas de bots
Muchas películas han escenificado a la perfección lo que es una granja de bots. Y es que sí, estas redes coordinadas de cientos o miles de cuentas automatizadas (o manejadas por personas con identidades falsas) actúan al unísono.
“En la Dark Web muchos de estos perfiles se venden. Pueden ser cuentas en plataformas digitales clonadas o robadas que cuentan con “antigüedad”, lo que las hace parecer reales ante los algoritmos de las plataformas. El objetivo principal es generar mensajes de odio, crear información falsa o incluso estafar”, dice Martina López, investigadora de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica.
La experta comenta que este tipo de “granjas” también cumplen con la función de replicar el mensaje de odio que un solo usuario haya dejado en alguna cuenta. De esta manera, pareciera que la información es una opinión mayoritaria.
“Estas redes se alquilan para generar campañas de desprestigio contra marcas, instituciones o individuos específicos”, recalca López.
El impacto en el ambiente político
En Chile, la campaña electoral por las presidenciales fue un ejemplo claro de cómo trabajan esta industria. Actores políticos denunciaron públicamente presuntas campañas de desinformación en su contra, a través de comentarios en redes sociales realizados por supuestos bots y difusión de noticias falsas con alto contenido difamatorio.
En uno de los casos, se señaló a uno de los partidos contrincantes por presuntamente estar ligados a este tipo de acciones.
“Si bien hoy no se han detectado campañas claramente dirigidas que superen la actividad general, sí se observa un aumento global en la desinformación. Además, la tendencia se ve agravada por la aparición de herramientas de IA que permiten la elaboración no solo de comentarios, sino de contenidos visuales falsos como los deepfakes”, acota.
El hate en la vida cotidiana
El odio digital no se queda en la pantalla; tiene consecuencias reales en la vida de las personas, ya que puede afectar la salud mental de la víctima, lo que guerra cuadros de ansiedad, depresión y aislamiento.
También, puede crear un efecto de distorsión de la realidad. “Al ver una avalancha de comentarios negativos sobre un tema, nuestro cerebro tiende a creer que esa es la verdad, alterando nuestra percepción de la seguridad o de la moral social”, comenta López.
Además, la especialista señala que el odio en redes sociales también se ha convertido en un peligro para la libertad de expresión, pues hoy se puede encontrar lo que se denomina “censura invisible” y es que muchos usuarios optan por el silencio ante temas de interés público para evitar ser el blanco de ataques.
Aunque parezca difícil, las cuentas falsas dedicadas a generar comentarios e información política falsa en redes sociales suelen tener un patrón en sus características que permite que puedan ser detectadas:
- Patrones de lenguaje: Las cuentas de odio suelen usar frases idénticas o muy similares, publicadas al mismo tiempo.
- Comportamiento repetitivo: las cuentas falsas publican de forma constante y casi robótica, utilizando mensajes muy parecidos o genéricos en horarios ya preestablecidos.
- Falta de interacción genuina: muestran poca o nada de interacción con temas personales, familiares o sociales en sus perfiles. Muchas de ellas incluso no tienen ninguna publicación en sus perfiles y tampoco suelen tener muchos seguidores.
- Fotos falsas: suelen mostrar como foto de perfil imágenes genéricas o creadas con inteligencia artificial generativa e incluso no tener ninguna foto.
“La lucha contra el odio digital requiere de tecnología, pero también de educación. Como personas debemos aprender a ignorar las provocaciones de cuentas sospechosas, reportar el contenido violento y verificar la información antes de compartir, estos son los primeros pasos para desactivar estas maquinarias de manipulación que hoy saturan nuestro entorno digital, pero que además están afectando notablemente la salud mental de todos”, finaliza López.