Entrevista póstuma: Cecilia Beuchat falleció este domingo 1 de noviembre
Cuando uno llega al departamento de Cecilia Beuchat Reichardt, en Las Condes, la escritora ya te está esperando en la puerta y te da un abrazo cariñoso. Le encanta recibir a sus alumnos, la mayoría adultos, incluso los fines de semana. A ellos los guía y orienta con sus escritos, ya sean cuentos, novelas, poemarios, y es feliz cuando estos logran publicarlos.
Su casa, de paredes muy blancas, es “de cuentos” y parece una proyección de esta destacada académica. Las repisas están atestadas de libros, miniaturas, recuerdos y objetos que parecen extraídos de una historia de fantasía. En este lugar, Cecilia –jubilada desde hace varios años-pasa sus días escribiendo, haciendo talleres y compartiendo con sus estudiantes, algunos de los cuales la visitan desde hace quince años.
Ha publicado más de setenta títulos, no solo para niños, sino también para adultos, en especial, mediadores de lectura. Algunos han sido con algún coautor.
Cecilia Beuchat estuvo casada por más de cuarenta y cinco años. Tiene dos hijos: Pablo, que es publicista y director de arte, y Claudia, que es psicóloga. Tiene cuatro nietos.
La escritora dio esta entrevista hace dos semanas. Falleció este domingo 1 de noviembre.

“Desde muy pequeña quise ser profesora”
Has contado que desde que ingresaste al Jardín Infantil del Colegio Alemán supiste que querías ser como la “tía”. Y eso se vio reforzado, cuando tu papá te regaló un pizarrón y una caja de tiza blanca. Cuéntanos más de esta vivencia.
-Efectivamente. Desde muy pequeña quise ser profesora. Todos los veranos instalaba mi escuela en una pérgola que había al fondo del jardín de mi casa. Fabricaba cuadernos, hacía listas imaginarias, organizaba mi escritorio de maestra con lápices y horario de clases. A esa escuela asistían mis muñecas, y mi hermana seis años menor. Ella terminó siendo profesora igual que yo.
Eres profesora de Castellano, titulada en la Pontificia Universidad Católica, con un magíster en Literaturas Hispánicas y estudios en el extranjero. Has dedicado tu vida a la docencia. ¿Cuál es la magia de enseñar?
-Me titulé en 1969 y nunca he dejado de enseñar. Mi labor consiste fundamentalmente en que otras personas, niños, adultos, futuros pedagogos, profesionales en ejercicio, aprendan más, y sigan desarrollándose como personas. En forma específica mi gran objetivo ha sido fomentar el gusto por la lectura. Ayudar a que el otro amplíe su mundo, conozca lo que es la literatura, tiene algo mágico.
Te convertiste en escritora de libros para niños por casualidad también. Tu intención no era ser escritora, pero tus textos llegaron a una editorial que los publicó. Háblanos de esta experiencia.
-Si alguien me hubiese preguntado en primer año básico si quería ser escritora cuando grande, le habría dicho que no. Me costó aprender a leer y escribir, pero gracias a un papá muy paciente, que me enseñaba todas las noches con el silabario, lo logré. A los ocho años recibí de regalo la colección de libros Rapanui, y ya no dejé de leer nunca más. Lo de la escritura llegó más tarde. Mis primeros cuentos surgieron de la experiencia con mis propios hijos. Fue en un supermercado que nació mi primer libro Cuentos con algo de mermelada. Una editora los vio, y así comenzó mi carrera como escritora, que desarrollo hasta el día de hoy. No creo en las casualidades. Son los caminos de la vida donde siempre se van presentando oportunidades.
¿Cuántos libros has publicado?
-He publicado ya más de setenta títulos, no solo para niños, sino también para adultos, en especial, mediadores de lectura. Algunos han sido con algún coautor.

Cómo nació “Un perro confundido”
¿A cuál de tus obras le tienes más cariño?
-Esta es una pregunta que siempre me hacen los niños cuando visito colegios. Les explico que es igual que una mamá que quiere a todos sus hijos. Pero si me presionan respondo que Cuentos con algo de mermelada, por ser el primero, y luego Un perro confundido.
He leído varios libros tuyos, pero siempre vuelvo a Un perro confundido. ¿En qué te inspiraste para escribirlo?
-Ese cuento nació en una bencinera. Estaba yo echando bencina a mi auto, y mi hijo Pablo me pidió comprar un completo. Mientras él iba a buscarlo, pasó una señora con un perro salchicha. Cuando Pablo se subió al auto, le dije en broma “no te estarás comiendo el perro de esa señora”. Esa noche nació ese libro que ha sido todo un éxito.
Tu último libro es Preguntas, puras preguntas, de Editorial Zig-Zag. En él tú planteas que “hacer preguntas es prueba de que se piensa”.
-Soy una persona que siempre está preguntando. Me gusta saber de todo. Me encanta que los niños pregunten Quiero que los niños piensen, que no pasen de largo por la vida. Así nació ese libro. Y allí podrán encontrar cuentos, poemas, textos informativos con preguntas.
Además de escribir a diario y hacer talleres guías a personas que escriben cuentos, novelas o se inician en el mundo de la literatura.
-Realizo talleres hace más de treinta años. Mi intención es guiarlos para que escriban sus propios textos. En los de adultos, ya han publicado varios libros. En los de niños, he podido comprobar una y otra vez, lo creativos que son, y cómo pueden escribir textos muy hermosos.
Cecilia, ¿cuál es la huella que te gustaría dejar en las personas, en tus lectores?
-Me gustaría dejar mi grano de arena en el desarrollo de la lectura en los niños. Haber contribuido con la didáctica de la lengua, y dejar algunos libros.
Esta entrevista a la destacada académica y escritora, Cecilia Beuchat, marca el inicio de la sección “Mujeres que Brillan”, mujeres chilenas destacadas en diferentes ámbitos: académico, literario, científico y político. Estas entrevistas serán realizadas por Patricia Schüller, Directora Editorial del diario La Nación.
