24 Mayo 2022 03:25
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Tomás Moulián y la crisis social: “La autoridad aún no toma en consideración el carácter espontáneo de los sucesos”

“Salvo excepciones, la sociedad chilena, ha bailado siempre al son del poder anclado en líderes de la izquierda y la derecha y con la música de una clase política que opera por los caminos institucionales”, cree el sociólogo, cientista político y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, Tomás Moulián Emparanza. Esas excepciones, para el longevo autor que acaba de cumplir 80 años, suelen ser los breves momentos en que el ciudadano común, generalmente joven, se toma la calle con una energía que no se ve durante el letargo eleccionario. Recuerda ejemplos de estallidos sociales de la segunda mitad del Siglo XX protagonizados por estudiantes, como los de abril de 1957 (la “Revolución de la Chaucha”, durante el gobierno de Ibáñez); las protestas de mayo de 1983 contra la extensa dictadura de Pinochet y, la más reciente, las manifestaciones estudiantiles de 2011 en rechazo al sistema de educación imperante, rememora. Moulián, el crítico pensador que detectó antes que muchos que la alegría no iba a llegar y que el éxito del Chile postdictatorial no era más que un mito, mira la zona cero desde su departamento ubicado a pocos pasos de La Moneda, escenario de una efervescencia social casi inédita, como un epílogo de su célebre obra “Chile Anatomía de un mito”. En torno al estallido social que el país vive desde el 18 de octubre, el académico reflexiona sobre las causas que encienden esta hoguera de violencia y cambio. “Estábamos viviendo en una sociedad marcada por una economía neoliberal y una cultura mercantilizada que siempre fue el peor indicio para construir sociedad, porque el dinero y el consumo se transformaron en pasión, sustituyendo a las grandes pasiones de antaño: las ideas y las miradas de futuro desde el presente”, remarca en conversación con La Nación. Agrega que las cacerolas sonando nuevamente son manifestación del gran hastío hacia un sistema de enorme desigualdad. “Y ahí, por supuesto, que la conducta del Gobierno que sacó a los militares a la calle, que definió la situación como una guerra y los excesos de las fuerzas policiales han contribuido a exacerbar la situación. Creo que la autoridad aún no toma en consideración el carácter espontáneo de los sucesos ni que detrás del origen de estos acontecimientos no están los actores tradicionales: ni los partidos políticos ni los parlamentarios ni la CUT que se incorporó tarde, cuando los cacerolazos ya atronaban. Por otro lado, las acciones de violencia que se han producido, y que enturbian el movimiento, son la acción de grupos minoritarios y quizás también de provocadores. Sin embargo, pensar que detrás de estos sucesos pueden haber agrupaciones organizadas significa soñar despierto”, señala Moulián.

DERECHOS Y DEBERES EN UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

El autor de “El consumo me consume” cree que debatir sobre una nueva Carta Fundamental exige advertir que, en primer lugar, “no existe ninguna metodología que tenga un carácter infalible o que sea la única en condiciones de usarse. Una será mejor que otra en función de los criterios que se usen o que se pongan en juego. De las instancias posibles pueden considerarse: un texto elaborado por una comisión presidencial; una alternativa elaborada a través del debate parlamentario; un texto surgido de la discusión de una comisión restringida de representantes o un texto producto del funcionamiento de cabildos”, dice, aunque aclara que esta instancia, por lo amplia, puede resultar poco representativa respecto a la alternativa de una Asamblea Constituyente o la realización de un referéndum. Recomienda que dicha participación, en caso de optar por esa vía, incluya, a nivel de barrio, desde al vecino que habla de fútbol en la esquina, hasta estudiantes, empresarios, militares, jueces, intelectuales, políticos y profesionales, sean técnicos o universitarios, por ejemplo. Sobre el contenido de esta eventual constitución, Moulián cree que esta discusión requerirá aclarar antes qué tipo de democracia se desea instalar. “Si se busca un tipo de democracia que supere a la actualmente existente, hay que elaborar una Constitución que implante una democracia participativa. En otras palabras, una en la cual los ciudadanos ejerzan la soberanía en muchas más ocasiones que en las puras elecciones. Los partidos políticos que participen de ella deben tener dirigentes electos por las bases y que tomen decisiones por el colectivo, en especial aquellas que se refieran a políticas públicas. Muy importante también es que tengan planteamientos claros sobre al presente, sobre el pasado y el futuro de la sociedad chilena”, detalla. Pero, ¿es la implementación de una Asamblea Constituyente la solución que llevará a la calma al sector más agitado del país? El sociólogo cree que sí, solamente si se quiere avanzar en esa dirección. “Es necesario recordar que las Asambleas Constituyentes despiertan críticas en algunos sectores. (El sociólogo) Manuel Antonio Garretón ha señalado que algunas de esas críticas, entre las que se cuentan el hecho de que en Chile jamás se ha elaborado una Constitución a través de una Asamblea Constituyente; que estas asambleas tienen sentido en situaciones de graves crisis institucionales dentro del carácter negativo de la experiencia latinoamericana reciente y también dentro de un carácter extra institucional que tendría una solución de este tipo”, dice sobre casos cercanos, pero también acerca de los que marcaron el gobierno de Emmanuel Macron en Francia, quien impulsó este tipo de diálogo tras la crisis de los chalecos amarillos hace exactamente un año. Cualquiera sea el caso, para Moulián someter un texto constitucional a los cabildos y a un plebiscito, le parece el sistema más representativo. Cita las condiciones propuestas durante el último gobierno de Bachelet. “Ese era un sistema representativo que podría serlo hoy también. El valor de esta instancia es que permite la participación en la elaboración del texto de ciudadanos que no ocupan cargos en el Parlamento. Que pueden organizarse desde abajo, desde el barrio y el municipio”, plantea.
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