Hay historias que no se pueden trasladar. Historias que pertenecen a un lugar y a las personas que las han construido por generaciones.
Hoy, una de ellas está en riesgo. El Club de Tenis Estadio Nacional enfrenta la posibilidad real de tener que dejar el espacio que ha sido su hogar por más de 80 años.
No se trata solo de un cambio de ubicación. Es la amenaza concreta de poner fin a un proyecto deportivo y social que ha acompañado la historia del país y del propio Estadio Nacional durante casi un siglo.

El rol del Club
Fundado en 1927 y presente en el recinto desde 1940, el Club no solo ha sido testigo del desarrollo del tenis en Chile, sino que ha desarrollado una labor constante y silenciosa en favor de este deporte.
A la vez, es considerado un espacio de formación, encuentro y pertenencia para miles de personas, con generaciones de familias que han construido identidad y vínculos que van mucho más allá del deporte.
Actualmente, todo eso está en juego. La no renovación del contrato por parte del Instituto Nacional del Deporte pone en riesgo la continuidad de un patrimonio único y de casi 100 años, de una institución sin fines de lucro que ha hecho del acceso al deporte su principal motor: con costos asequibles, becas deportivas y talleres gratuitos abiertos a la comunidad.
El impacto de todo esto va más allá de lo deportivo. Aquí no solo se perderían canchas. Se pondría en pausa un patrimonio invaluable y emblemático. Se debilitaría una comunidad y se apagaría un espacio que ha sido clave en la formación de generaciones. Entonces, a puertas de su centenario, el club enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia.
“Estamos abiertos a poder buscar soluciones”
“Somos parte de la identidad del Estadio Nacional y de la vida deportiva de Ñuñoa desde hace casi cien años. Defender la continuidad del club es proteger memoria, acceso al deporte y futuro. Como Corporación estamos abiertos a poder buscar soluciones conjuntas que permitan la sostenibilidad y permanencia del Club en la que ha sido nuestra casa desde hace casi un siglo”, señala Carlos Ulisse, presidente del Directorio del Club.
El llamado es claro. Reconocer el valor de un proyecto que ha demostrado por décadas, que un deporte considerado de élite es inclusión, comunidad y desarrollo social.
Lionel Núñez, de 89 años y socio activo del Club, asegura que sin el tenis ya estaría bajo tierra, ya que el tenis lo mantiene vivo, y aún tiene mucha energía para jugar. “No me creen mi edad, todos me dicen que aparento unos 15 años menos. Además, está toda la parte social. No me hago la idea que esto desaparezca, matarían al Club y a mí también”, asegura.
Porque en este caso no se trata solo de canchas. Se trata de patrimonio, de legado, de comunidad y de todo lo que aún queda por construir.