Barcelona en Comú, el grupo mayoritario en el consistorio de la capital catalana, tomó esa decisión en votación dividida que se desarrolló desde el pasado jueves hasta el sábado.
Después de que el 54,18% de los participantes en la consulta decidiera terminar relaciones con el partido socialista, el grupo de Colau enfrentará una gobernabilidad más complicada, ya que solo cuenta con 11 concejales de los 41 que componen el consistorio, muy fragmentado entre distintos partidos.
La segunda colectividad más numerosa es el del PDeCAT (independentistas de centro), con 9 concejales, seguido de ERC (republicanos independentistas) con 5, los mismos que los liberales de Ciudadanos, por delante de los socialistas, que tienen cuatro concejales.
Barcelona en Comú y los socialistas firmaron un acuerdo de gobierno en 2016, después de que Colau fuera elegida alcaldesa en 2015 con el apoyo de diversos grupos de izquierda.
Desde que el partido socialista apoyó el pasado 27 de octubre las medidas propuestas por el Gobierno español del cese del Ejecutivo regional de Cataluña, la disolución de su Parlamento y la convocatoria de elecciones, se especuló con esta posibilidad.
Colau, una figura muy destacada en la política catalana, procedente de los movimientos ciudadanos afectados por la crisis económica, no se ha manifestado como independentista pero ha defendido el derecho de los catalanes a decidir sobre esta cuestión.
En las últimas semanas ha alternado las críticas al cesado presidente del Gobierno catalán Carles Puigdemont, al que ayer acusó de haber “engañado a su propia gente” y haber “llevado al país al desastre”, con su clara oposición a las medidas adoptadas por el Gobierno y la Justicia de España contra los independentistas.
Después de conocer la decisión de hoy, el líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, criticó a Colau por romper el pacto municipal. “Entre Barcelona y la independencia ha escogido la independencia”, lamentó.